DiegoMacera
A Chicago Voy Por Diego Macera

Una mirada al Nobel de Economía desde dentro de Chicago

Cuando llegué a la Universidad de Chicago hace dos años especulé que el ambiente intelectual en el campus giraría alrededor del legado de Milton Friedman. Después de todo, Friedman es posiblemente el economista que más ha influido en las políticas públicas a favor del libre mercado en el último siglo y uno de los emblemas de esta universidad. Estaba equivocado. Luego de llevar casi una veintena de cursos, encontré que es en realidad el trabajo de Gary Becker el que es citado una y otra vez en las clases más diversas.

Becker, Nobel de Economía de 1992 y fallecido hace apenas tres días, dictaba tres cursos en el Departamento de Economía de la universidad: Teoría de Precios I y II (que es como se le llama a la microeconomía en Chicago) y Capital Humano. Llevaba dictando este último curso por varias décadas, lo cual es comprensible si se recuerda que su libro de 1964 titulado Capital humano es el trabajo que revolucionó para siempre la manera como los economistas piensan en la educación.

Tuve la suerte de llevar Capital Humano con Becker el año pasado. Confieso que se sentía como llevar clases con John Lennon o Elvis Presley. Becker era una superestrella incluso dentro de una universidad que tiene a cinco otros Premios Nobel dictando en el mismo Departamento de Economía. A simple vista, los 83 años de Becker eran obvios. Se le veía frágil y se movía con dificultad. Uno podía preguntarse si estaba aún en condiciones de seguir dictando. Pero eso era hasta que empezaba la clase. Con tiza en mano, Becker se deslizaba cómodamente entre derivadas y curvas de rendimiento. Nunca faltaba entonces algún estudiante osado que retara a Becker con algún cuestionamiento matemático complejo; pero Becker mantenía intacta una lucidez capaz de darle vuelta y media a cualquier argumento en menos de 30 segundos. A pesar de su aspecto, a sus 83 años Becker veía las cosas con más claridad que sus 30 alumnos de posgrado juntos.

La magia de los modelos de Becker es que parecen obvios, pero sólo una vez que él te ha guiado hasta ahí. Estos modelos empiezan con supuestos simples, se vuelven ligeramente más complejos a medida que se desenvuelven, y terminan con predicciones sumamente poderosas sobre el comportamiento de las personas. Recuerdo que los exámenes del curso te forzaban a aterrizar un modelo –que los estudiantes habíamos aprendido con varias derivadas y cálculo– en una pregunta aparentemente simple del mundo real que bien podía aparecer en un almuerzo familiar, y cuya respuesta demandaba muchísima intuición económica, ninguna matemática formal, menos de 10 líneas escritas, y que alguien con ningún conocimiento en economía pudiese entender. Y eso es algo increíblemente difícil de lograr. Si alguien sin preparación en economía desea echar un vistazo al modo de Becker de entender el mundo, recomiendo la excelente publicación Uncommon Sense, coescrita con Richard Posner, y también el libro que orgullosamente le pedí que me autografíe el final de una clase.

En general es justo decir que el trabajo de Becker sobre el capital humano, la familia, el crimen y la discriminación cambiaron para siempre la forma como economistas y sociólogos entienden estos problemas. Lo que Becker hizo fue sencillamente preguntarse qué variables condicionan las decisiones de casarse, tener hijos, ir a la universidad o cometer un crimen, y cómo estas variables interactúan entre ellas. Nada más que eso. Su método, obvio a simple vista y sin matemática demasiado sofisticada, revolucionó la academia una y otra vez.

Ojo, decir que Becker revolucionó la academia en repetidas ocasiones no es una exageración. Como evidencia este trabajo, Becker era el economista vivo más admirado del mundo entre los profesores de Economía en nivel global. De acuerdo además con una investigación de Steven Levitt, coautor del best-seller Freakonomics, Becker es por lejos el economista más citado en las publicaciones académicas más importantes del mundo. Según Levitt, 13 publicaciones de Becker son citadas en la literatura especializada de más alto nivel; ningún otro economista tiene más de tres o cuatro publicaciones. Además, Becker publicó constantemente desde la década de 1950 hasta su muerte; ningún otro economista tuvo tanta vigencia. No por nada fue que Milton Friedman señaló que Becker fue su alumno más brillante.

La muerte de Gary Becker ha dejado un vacío enorme en la universidad. La sensación aquí es en cierto sentido similar al derrumbe de una catedral. Sin embargo, no podemos si no sentirnos sumamente agradecidos de haber contado con su lucidez e inmortales aportes al entendimiento de las personas y sus comportamientos en los campos más diversos. Hoy más que nunca entiendo hasta qué punto el ambiente intelectual en Chicago y en el resto de facultades de Economía en el mundo giran y seguirán alrededor de los aportes de Gary Becker.