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Agro y banca Por Franklin Mendoza

En el Perú estamos viviendo un boom agroexportador, un boom de color verde que hace recordar al boom dorado del sector minero, donde los precios de los metales se dispararon hasta las nubes y donde las compañías mineras eran más conocidas por sus altos salarios que por sus proyectos sociales. Se trata de la palta: es el nuevo cobre verde y nuestro PBI agroexportador lo ha venido aprovechando gracias al aumento de la demanda mundial y a los altos precios del mercado. Todo el mundo está sembrando palta hass. Todos quieren subirse a la nueva ola mundial.

Todo boom es un ciclo temporal, no permanente


Sin embargo, es importante reflexionar y recordar que todo boom tiene un buen inicio y un triste final, aunque resulta difícil que algunas compañías puedan interiorizarlo en sus proyecciones de crecimiento. Como ya sabemos, la época dorada del sector minero empezó aproximadamente en el 2005 y terminó en el 2015 con el cambio de modelo económico chino. Fue una época de auge económico, pero que finalmente terminó, poniendo en jaque financiero a muchas compañías mineras, apretando sus cinturones de eficiencia y llevando a otras a cerrar en números rojos durante varios años.

Si revisamos los últimos diez años de la agroindustria, el Perú ha experimentado varios booms: hemos pasado del efecto espárragos al efecto uva —el cual fue parcialmente mitigado con uvas sin semilla, pero cuyos precios en gran medida cayeron para no recuperarse hasta ahora—, y ahora disfrutamos del boom de la palta hass. Sin embargo, ya otros países como México, Colombia y Chile han intensificado su producción de palta, aprovechando sus ventajas comparativas. La carrera por la palta ya no es local sino internacional, y es probable que más pronto que tarde los precios se estabilicen y hasta bajen, y que incluso pueda peligrar el codiciado y luchado lugar que tiene el Perú como segundo proveedor mundial de paltas.

Como vemos, la agroindustria peruana ha ido creciendo en base a ciclos temporales.

Las lecciones que podemos rescatar de la historia es que el crecimiento de las empresas agroexportadoras no puede soportarse en un solo cultivo, y tampoco en productos de bajo valor agregado, ya que los riesgos que corren sus flujos de caja y sus balances son muy altos.

El mejor seguro es una buena estrategia de diversificación


La agroindustria es uno de los sectores económicos con mayor exposición a variables externas que no se puede controlar, y por ello un sector donde los financiadores  e inversionistas pueden tomar mayor distancia si es que no se visualiza buenos fundamentos en las proyecciones rentabilidad y flujo de caja.

El mejor seguro que una empresa agroindustrial puede aplicar para mitigar los efectos climáticos, los booms temporales, y los cambios de oferta y demanda, es una buena estrategia de diversificación.

Las empresas que han podido sostener su crecimiento son aquellas que han logrado un mayor equilibrio entre la diversificación geográfica, productiva y comercial. Diversificación geográfica, compartiendo producción en el norte y sur del país, lo que les ha permitido mitigar “Niños”, “Niñas” y complementar ventanas comerciales, incluso algunas compañías ya con inversiones en Colombia, Chile y Uruguay. Diversificación productiva, no solo produciendo el cultivo de moda sino ampliando su portafolio a varios cultivos, de corto y largo plazo, y cada vez con mayor valor agregado, ya no solo cultivos commodities. Y diversificación de mercados, abriendo nuevos destinos y canales de venta para sus exportaciones.

Diversificar le permite a una compañía tener un seguro que protege mejor sus fuentes de ingresos y por consiguiente es una palanca de crecimiento más sostenible en el mediano plazo.

En la medida que las empresas agroexportadoras puedan adoptar la diversificación dentro de sus pilares de crecimiento, podrán proteger mejor sus finanzas, respaldar mejor sus proyectos de inversión y obtener mejores condiciones de financiamiento.