Texto de prueba
MARZO 20, 2014
Realizado por: Matias Cardona

Alguna vez leí que el viaje al pasado es técnicamente imposible por un principio llamado ‘paradoja causal’. Imaginen una situación en la que un hombre retrocede en el tiempo para encontrarse con su abuelo –antes de que su padre y él hayan nacido–, saca un arma, le apunta a la cabeza y dispara. Aunque ninguna ley de la física impediría que la bala llegue a destino, sí lo haría la ley de la causalidad. ¿Cómo podría un hombre matar a su abuelo en ese contexto? ¿Si el abuelo muere, cómo podría el nieto siquiera haber nacido para viajar al pasado y disparar el arma? Pongámonos ahora en la hipotética realidad de un escritor que regresa en el tiempo para encontrarse con su ‘yo joven’, quien apenas está empezando a escribir su primera novela. Si el viajero del tiempo le entregase el libro terminado para que deje de escribir y lo publique, quedaría suspendida la paradoja de quién en realidad escribió el libro.

Enfrentamos este tipo de situaciones cada vez que abrimos una hoja de cálculo y sufrimos el descuido de referenciar como input de una fórmula una celda que está asociada al resultado de la misma fórmula, emergiendo de las entrañas del computador ese inoportuno mensaje de ‘referencia circular’. O cuando nos quedamos pegados con la imagen del perro caricaturesco que corre en círculos intentando morderse la cola. Lo cierto es que estamos expuestos a caer en paradojas causales, referencias circulares o círculos viciosos en la vida cotidiana, en el punto exacto donde las causas de nuestros problemas parecen haber sido creadas por el problema mismo: dada la causa, dado el problema… dado el problema, dada la causa.

El FC Barcelona empezó un viaje sin retorno en el 2006 con Rijkaard, Ronaldinho y compañía, al que luego se sumaron Lionel Messi, el ‘Pep’ Guardiola, Luis Enrique y la colección de títulos ya conocidos. Lo que pocos recuerdan es que allá por el 2003 era un club golpeado, con pérdidas anuales fuera de control, una deuda casi tan grande como su patrimonio y un equipo sin figuras mediáticas, lejos, muy lejos de ser competitivo. Una empresa sumida en la referencia circular del fútbol: no obtenía buenos resultados porque no tenía un buen plantel de futbolistas; no tenía un plantel competitivo porque no tenía dinero; y no producía dinero porque no obtenía buenos resultados. Aquella situación, que en una tabla de Excel se hubiese corregido cambiando la fórmula, en la vida real sólo podía ser resuelta retando algún eslabón de la cadena. El club, por ejemplo, podría haber ajustado su ritmo de gastos reduciendo su hegemonía hacia la austeridad. Una opción lógica para muchos, claramente no para el histórico cuadro catalán, decidiendo entonces reconciliarse con la historia, engañando al círculo vicioso a través de un camino más osado: comprometer (aún más) el resultado financiero y la deuda en el cortísimo plazo, apostando por resultados deportivos en el mediano plazo y mayores  ingresos de taquilla, derechos de televisión y venta de camisetas en el largo plazo. Una estrategia de ‘el todo por el todo’ ejecutada con éxito para romper con el letargo del fútbol y elevar al club al círculo virtuoso del éxito deportivo, financiero e institucional.

Volviendo al plano de la ficción, aún no sé si creer que la bala seguirá camino hacia el abuelo o se desvanecerá en el aire. O si el libro ausente de autor terminará confirmando (o negando) su existencia. Lo cierto es que mientras la máquina del tiempo siga siendo una ilusión y el pasado permanezca inalterable, tocará enfocarse en el presente. Dada la paradoja que nos toque enfrentar, habrá que replantear opciones (las que encajan en la razón… y las que no), rompiendo con la inercia de lo obvio, dispuestos a hacer lo contrario a lo que indica la lógica, convencidos de dar un giro brusco al desenlace de la historia. Como diría el gran Howard Schultz: “arriesgar más de lo que los otros piensan que es seguro”. De lo contrario, corremos el peligro de quedar atrapados en el círculo vicioso… o aburrirnos en el intento.

Soy de los que creen que al cierre de un año no hay que enfocarse en las cosas buenas o malas que nos sucedieron (a esas siempre vamos a estar expuestos), sino en listar y rescatar aquellos eventos que nos convirtieron en mejores personas. Dependerá de cada quien elegir si el terreno es laboral, artístico, deportivo, espiritual, o cualquier otro, lo importante es progresar de cara a la meta trazada. Asimismo, en el balance de cierre de un negocio, recomiendo que los líderes inviertan algunos minutos de reflexión en identificar y destacar aquellas iniciativas que durante el año hicieron de su empresa un mejor lugar en el mundo. Sea cual sea el ámbito —comercial, financiero, operativo, de reputación, o todos a la vez—, les aseguro que el ejercicio les resultará saludable.

Hace unos años visité un país de la región con altos índices de descontento social, convertidos inevitablemente en altos índices de criminalidad. Durante el periplo me reuní con los ejecutivos de un grupo económico local para negociar la representación de una de sus marcas. La agradable conversación de negocios escaló hasta el tema de inseguridad. Compartí mi curiosidad por entender cómo su empresa, ubicada en un barrio marginal de la capital, podía operar sin mayores inconvenientes. Uno de los socios se puso de pie y con un brillo intenso en los ojos me explicó que durante mucho tiempo se enfrentaron a las pandillas del pueblo en una pugna de poder y extorsión solo saciada con ataques y defensas. Los delincuentes expresaban su frustración y descontento con odio y violencia hacia el sistema (ante sus ojos, los grupos económicos privados eran el sistema). Entre los días de mayor tensión, uno de los dueños tuvo una idea mientras observaba una competencia deportiva, reuniendo a sus socios y ejecutivos y convenciéndolos de que había mucho que ganar y poco que perder. Entonces, convocaron a los cabecillas de las diversas pandillas de la zona – los mismos que tantas veces atentaron contra su seguridad y la de sus trabajadores – para ofrecerles trabajo. Trabajo para ellos y toda la tripulación de malhechores a su cargo, en una tarea que suponía juntar en un mismo lugar físico a bandas organizadas que no conocían otra cosa que batallar entre sí por el control de las calles. Trabajo bien remunerado bajo una sola condición: por las mañanas trabajarían los campos de cultivo; por las tardes, jugarían al rugby.

rugby

Un deporte de contacto físico, pero también de códigos. A través de la contienda física canalizarían su energía negativa, expulsando sus frustraciones y agotando toda posibilidad de violencia externa. A través de los códigos del deporte aprenderían a vivir en comunidad, entendiendo sus deberes y derechos, pero sobretodo, respetando los del resto. Una estrategia exitosa que guardo en mis apuntes como una de esos hitos que con un poco de creatividad le dan la vuelta a un problema sin aparente solución. Pero además, una solución que permitió a sus líderes operar con seguridad y eficiencia, insertando en sociedad a personas que tenían mucho que aportar, y ofreciendo un modelo de éxito para el gobierno, el sector privado y el planeta en general. Sin duda, un proyecto que hizo de la empresa un lugar mejor.

Así como este, hay diversos ejemplos más. Una cadena de restaurantes que decidió sólo contratar mujeres cabezas de familia para revalorar su rol en la sociedad. Una empresa que produce altos niveles de mermas en su proceso productivo que encontró la forma de reciclar sus desperdicios dentro del proceso de reforestación del distrito donde opera. Una marca que diseñó una promoción exitosa dando sostenibilidad a una comunidad de artesanas locales. Y un club de fútbol que creó un incentivo a sus jugadores a través de un programa de donación de becas de estudio para niños pobres por cada gol marcado. Estrategias que mejoraron la posición general de sus compañías. Proyectos que al cierre del año hicieron de cada empresa un mejor lugar en el mundo. Actos de grandeza que sin duda hicieron brillar los ojos de sus creadores.

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