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Apuntes de estrategia Por Diego Dyer

Soy de los que creen que al cierre de un año no hay que enfocarse en las cosas buenas o malas que nos sucedieron (a esas siempre vamos a estar expuestos), sino en listar y rescatar aquellos eventos que nos convirtieron en mejores personas. Dependerá de cada quien elegir si el terreno es laboral, artístico, deportivo, espiritual, o cualquier otro, lo importante es progresar de cara a la meta trazada. Asimismo, en el balance de cierre de un negocio, recomiendo que los líderes inviertan algunos minutos de reflexión en identificar y destacar aquellas iniciativas que durante el año hicieron de su empresa un mejor lugar en el mundo. Sea cual sea el ámbito —comercial, financiero, operativo, de reputación, o todos a la vez—, les aseguro que el ejercicio les resultará saludable.

Hace unos años visité un país de la región con altos índices de descontento social, convertidos inevitablemente en altos índices de criminalidad. Durante el periplo me reuní con los ejecutivos de un grupo económico local para negociar la representación de una de sus marcas. La agradable conversación de negocios escaló hasta el tema de inseguridad. Compartí mi curiosidad por entender cómo su empresa, ubicada en un barrio marginal de la capital, podía operar sin mayores inconvenientes. Uno de los socios se puso de pie y con un brillo intenso en los ojos me explicó que durante mucho tiempo se enfrentaron a las pandillas del pueblo en una pugna de poder y extorsión solo saciada con ataques y defensas. Los delincuentes expresaban su frustración y descontento con odio y violencia hacia el sistema (ante sus ojos, los grupos económicos privados eran el sistema). Entre los días de mayor tensión, uno de los dueños tuvo una idea mientras observaba una competencia deportiva, reuniendo a sus socios y ejecutivos y convenciéndolos de que había mucho que ganar y poco que perder. Entonces, convocaron a los cabecillas de las diversas pandillas de la zona – los mismos que tantas veces atentaron contra su seguridad y la de sus trabajadores – para ofrecerles trabajo. Trabajo para ellos y toda la tripulación de malhechores a su cargo, en una tarea que suponía juntar en un mismo lugar físico a bandas organizadas que no conocían otra cosa que batallar entre sí por el control de las calles. Trabajo bien remunerado bajo una sola condición: por las mañanas trabajarían los campos de cultivo; por las tardes, jugarían al rugby.

rugby

Un deporte de contacto físico, pero también de códigos. A través de la contienda física canalizarían su energía negativa, expulsando sus frustraciones y agotando toda posibilidad de violencia externa. A través de los códigos del deporte aprenderían a vivir en comunidad, entendiendo sus deberes y derechos, pero sobretodo, respetando los del resto. Una estrategia exitosa que guardo en mis apuntes como una de esos hitos que con un poco de creatividad le dan la vuelta a un problema sin aparente solución. Pero además, una solución que permitió a sus líderes operar con seguridad y eficiencia, insertando en sociedad a personas que tenían mucho que aportar, y ofreciendo un modelo de éxito para el gobierno, el sector privado y el planeta en general. Sin duda, un proyecto que hizo de la empresa un lugar mejor.

Así como este, hay diversos ejemplos más. Una cadena de restaurantes que decidió sólo contratar mujeres cabezas de familia para revalorar su rol en la sociedad. Una empresa que produce altos niveles de mermas en su proceso productivo que encontró la forma de reciclar sus desperdicios dentro del proceso de reforestación del distrito donde opera. Una marca que diseñó una promoción exitosa dando sostenibilidad a una comunidad de artesanas locales. Y un club de fútbol que creó un incentivo a sus jugadores a través de un programa de donación de becas de estudio para niños pobres por cada gol marcado. Estrategias que mejoraron la posición general de sus compañías. Proyectos que al cierre del año hicieron de cada empresa un mejor lugar en el mundo. Actos de grandeza que sin duda hicieron brillar los ojos de sus creadores.

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