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Apuntes de estrategia Por Diego Dyer

Refundido en la bandeja de entrada de un escritorio, existe un proyecto para crear nuevos puestos de trabajo responsables de certificar el cumplimento de las rutas de transporte de la ciudad, cuya misión consistirá en registrar el minuto y segundo exacto en que los buses circulan por puntos predeterminados y cotejarlos con la bitácora de horarios previamente acordados con la red de empresas de transporte público y privado. A cambio de tan noble labor, el empleado recibirá un salario conteniendo todos los beneficios que la ley exige, siendo informado qué porcentaje de esos beneficios se descontarán de su boleta de pago para ser entregados directo y sin escalas al fisco (en forma de impuestos) y al fondo de pensiones (en forma de anticipo para su jubilación). El plan, sólido a todas luces, contempla auto-financiarse a partir de una fracción de los ingresos de las compañías de transporte, de tal manera que los ministerios y municipios no vean afectados sus flujos de caja destinados a atender otros asuntos.

Pero mientras el documento duerme a la espera que alguien se apiade de él, hay quienes —allá afuera— ejercen la labor desde hace un par de décadas, ayudando a choferes de buses, combis, taxis-colectivo, moto-taxis y otros medios alternativos a estimar la distancia con el transporte que les lleva ventaja, administrando la marcha y evitando la escasez o aglomeración de pasajeros en los paraderos oficiales (y no tan oficiales) de la ruta. Todo a cambio de unas monedas libres de descuentos. Emprendedores de la calle cuya localización no responde a un criterio lógico sino al oportunismo que ofrecen las esquinas de Lima, y cuya remuneración no depende de un paquete salarial rígido con beneficios sociales, sino de la libre generosidad de los transportistas de turno. Una estrategia creada a partir de una necesidad real, ajena a planes y proyectos de ley, propia del trascurrir natural de las calles de Lima: dado el problema informal, dada la solución informal.

Calibradores

La solución nace y se expande a partir de la necesidad. Los choferes, cansados de perder ritmo en la ruta, sienten necesario trasladar tan valiosa información al colega que los sigue de cerca. La manera más rápida y simple (y que no distrae su trabajo) es pasar la responsabilidad a una red de colaboradores de confianza bautizados en las calles como ‘apuntadores’, ‘calibradores’, o ‘dateros’, quienes cumplen su labor con gusto, no sólo por la remuneración económica (que puede sumar hasta S/.35), sino porque además (detalle no menor) se sienten útiles en la cadena de valor.

Y mientras la estrategia se va abriendo camino… La vertiginosa necesidad de la calle va dejando espacio para capturar oportunidades. Por ejemplo, eficiencias en la disposición de los ‘apuntadores’ en las esquinas, espaciando su ubicación en tramos balanceados para maximizar la relevancia de la información que proveen; organizados, tal vez, por jerarquías, para que a medida que ganan experiencia pasen a ocupar las esquinas más transitadas, evitando la ley de “este es mi paradero”. Y porque en la búsqueda de formalizar la cuestión, habrá que decidir que eslabón de la cadena asumirá el sobrecosto de la formalidad. ¿El transportista con un aporte superior a su generosidad diaria, el empleado con un ingreso neto fijo, posiblemente menor al actual, o el estado subsidiando parte de los beneficios? O una justa combinación de las tres…

Lo cierto es que cuando la solución se empieza a administrar desde los usuarios, los líderes tienen la obligación de enriquecerla caminando las calles (los pasadizos de las oficinas, las líneas de producción, los campos de sembríos, entre varios otros) en busca de entender la oportunidad en el punto exacto donde se originó, donde no hay burocracia que valga, tan solo el sentido común de quienes ya tomaron el asunto por sus propios medios, y a quienes solo hay que dar un pequeño empujón para que terminen de redondear sus ideas.

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