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Apuntes de estrategia Por Diego Dyer

Tengo un amigo que compara a los empleados del mundo corporativo – entre los cuales me incluyo – con el gato Garfield. Un gato regordete, perezoso, que come lasaña, toma café, ve televisión y odia los lunes; cuya felicidad pasa por acomodarse en el sofá, tomar el “control remoto” de su vida, refugiarse en su talento y simpatía y recibir puntual y religiosamente su lasaña a fin de mes. En contraste, allá afuera – dice mi amigo – están los felinos salvajes, con el cuchillo entre los dientes, luchando en la selva por imponer supremacía frente a rivales igual, o más agresivas que ellos. Una jungla donde resulta imposible relajarse en el sofá a esperar la lasaña. «Allá afuera, hay que a ganarse la vida un día a la vez.»

Felino Salvaje

En los últimos años, han surgido tendencias que apuntan a reducir el “efecto Garfield”. Por un lado, gatos perezosos que ya no quieren ser ni gatos, ni perezosos (o tal vez nunca lo quisieron ser), huyendo de casa cargados de sueños e ilusiones, con voluntad de hacer la diferencia en una selva que parece tenerlo todo resuelto. «No te necesitamos aquí… no hay sitio para uno más…», gritan las diversas especies que reinan en esa jungla. Pero los gatos aspirantes a felinos prefieren no escuchar, confiando en conseguir una buena porción de lasaña siendo más fuertes, más astutos, y manejando mejor las señales que ofrece la selva. Aún sabiendo que están solos. Han renunciado a la protección de sus amos… al sofá, al televisor y a la lasaña. Han dejado de esperanzarse en un sofá prestado…  sabían que el día que dejasen de ser tan talentosos y simpáticos, perderían lo prestado.

Por otro lado, amos que entendieron que no pueden ser ajenos al pensar y sentir de sus gatos. Los valoran y se obligan a ser consecuentes con ello. Para evitar que caigan en pereza, los mantienen incomodos, expectantes, afilados, listos para librar batalla con felinos de adentro… y de afuera. Para impedir que odien los lunes, les plantean retos que promueven que todos los días luzcan desafiantes y gratificantes. Les levantan la protección para hacerlos sentir expuestos, vulnerables al ritmo y competitividad del mundo interior y exterior. Les dejan de prestar sus cosas y los invitan a compartir la propiedad y las decisiones importantes de la casa. Les reducen la porción de la lasaña a fin de mes, pero les muestran el camino para conseguir su propia lasaña en la medida que contribuyan con el bienestar general del hogar. En resumen, les traen la jungla a la casa.

Hoy en día, a los gatos les resulta más sencillo encontrar opciones que cubran sus expectativas. Pueden optar por aventurarse a la selva por su cuenta, hacer valer su voluntad y propósito, marcar su lasaña… y ampliar su lasaña. Pueden también sumarse a los sueños de sus amos, acelerar el crecimiento de la lasaña… y beneficiarse de ella. O pueden apostar por prolongar su simpatía, defender su sitio en el sofá… y esperar con ansias que llegue la lasaña a fin de mes.

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