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Apuntes de estrategia Por Diego Dyer

Enredado en la construcción de un plan de negocios, me tropecé con un precepto del proceso de escritura que sugiere que es necesario «separar a la persona del personaje». Entendiendo por persona al individuo en cuestión, y por personaje a la mirada que el lector tiene de él. Para probar el punto, me retaron a pedirles a tres hermanos que describan a su madre. El resultado, para mi sorpresa, fueron tres versiones distintas de esa misma madre. En ese momento, en una frase robada de una profesión ajena, comprendí que para un único plan de negocios, corría el riesgo de que surjan diversas miradas de él.

Al elegir un personaje, los escritores se preguntan qué quieren contar de él, y, aún más importante, con qué versión (o versiones) quieren que el lector se quede de él. La diferencia radica en que el escritor posee la facultad de sembrar indicios y pistas para que el lector saque sus propias conclusiones, una licencia que los implicados en la dirección estratégica de una empresa no se pueden dar.

Indagando en el oficio, me animé a robar algunos otros consejos de la literatura. Al escribir sobre un personaje real, por ejemplo, los escritores acopian toda la información que esté a su alcance, y la que no. En la confección del eje central, del corazón, y de los cimientos de un plan de negocios, no se puede ir tibio. Es necesario recabar información confiable que permita llevar al “lector” a través de una historia convincente, con poco espacio para la interpretación. Cuando un escritor conoce más de su personaje, más fácil le resulta escribir sobre él. Aun cuando muchas de las cosas que sepa –por ejemplo, sus antecedentes familiares, o su posición ante el aborto– jamás lleguen a materializarse en un escrito, lo ayudarán a fluir en la historia con claridad y credibilidad. Cuando un gestor de negocios conoce bien el contexto donde está parado, el lugar hacia dónde quiere ir y las brechas que se originan entre ambos, está más preparado para garantizar compromiso y alineamiento con un único mensaje central.

Pero luego, esos mismos autores tan racionales en su actuar se animan a fantasear en sus personajes y relatos y recomiendan que al escribir sobre un personaje ficticio, hay margen para inventar todo lo que pueda. Una premisa a la que le encontré utilidad cuando logré ubicarla en el lugar y tiempo adecuados. Porque incluso en el más real de los mundos, y en el más concluyente de los planes estratégicos, hay concesión para la imaginación. Ese territorio menos cauteloso donde se puede promover discusiones abiertas y plantear provocaciones. Donde, una vez sentadas las bases de la estrategia e interiorizadas las áreas que requieren acción, se abre una ventana para invitar a la organización a inventar nuevas formas de generar impacto. Los espacios de creatividad, bien usados, sumando ideas incómodas y desproporcionadas en todos los niveles y funciones, sin duda, ayudan a reforzar el compromiso y alineamiento hacia ese único mensaje central.

Mi reflexión final no está sólo referida a la escritura, sino a la apertura. La apertura para robar con orgullo y aprender de otros oficios. Desechar la absurda idea de que lo sabemos todo. Investigar. Hurgar profundo en la información. Sumar a otros en la consecución del plan. Y seguir escribiendo, editando y perfeccionando esa historia convincente que tanto queremos compartir.

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