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Apuntes de estrategia Por Diego Dyer

El fin de semana me sumé a una movida voluntaria de limpieza y conservación del Morro Solar. Un esfuerzo promovido por una generación de deportistas que no sólo ven al Morro como un patrimonio histórico, testigo de la batalla de Chorrillos, sino además como un conjunto de cerros que se alinean con generosidad para ofrecer un circuito deportivo privilegiado a los caminantes, corredores y ciclistas de la ciudad. Un santuario que corona una mañana deportiva con la exigencia de una ruta que se eleva a más de 250 metros de altura y la recompensa de una vista insuperable de la bahía de Lima.

Hace unos meses, todo parecía perdido. Los robos incesantes, la basura acumulándose en pistas de acceso y vías recreativas y la indiferencia de algunos deportistas empezaron a alejar a la gente del Morro. En ese momento, atendiendo un grito popular, aparece Todos X El Morro, “una comunidad sin fines de lucro que reúne diversos esfuerzos para conservar y poner en valor el Morro Solar como sitio histórico de batalla…”, y yo me atrevo a agregar “… como sitio por excelencia para atraer y reunir una colectividad entusiasta de deportistas limeños”.

Este último domingo me desperté temprano para ir al Morro; pero no para subirme a la bicicleta, cosa que suelo hacer con gusto en ese horario, sino para ponerme unos guantes, agarrar una bolsa plástica y recoger basura en las vías e inmediaciones. Tres horas de caminata bajo el sol en una geografía complicada, buceando en zonas densas de desperdicios ajenos, recolectando cosas tan predecibles como papeles de envoltura, botellas de plástico y vidrios rotos, hasta tan inesperadas como zapatos viejos, jeringas y cámaras de llanta que ciclistas displicentes decidieron aventar junto a la vía.

Terminé la jornada con la espalda partida en dos, pero con el ánimo a tope luego de devolverle al Morro un poco de lo que me obsequia todos los fines de semana. Convencido de que unirse a causas sociales es un acto de invaluable generosidad, pero participar en esfuerzos que contribuyen a restaurar las zonas naturales a las que uno mismo les saca provecho es casi una obligación. Es por eso que vemos tantas empresas de alimentos procesados liderando iniciativas para el desarrollo de las comunidades de agricultores que soportan su cadena de suministro. O compañías de bebidas envasadas que innovan en diversas formas de cuidar el agua. Un ejemplo inspirador es lo que hace la cerveza Stella Artois y su campaña para proveer agua potable en comunidades con acceso restringido, donde los pobladores tienen que caminar hasta siete kilómetros diarios para llenar un recipiente de agua.

Los bufetes de abogados tampoco son ajenos a esta causa. Ante la necesidad de imprimir cantidades incontables de papel, apoyan iniciativas de reforestación; e incluso, ante la necesidad de almacenar toneladas de información digital, conservan las canteras de extracción del silicio adecuado para producir las memorias flash. También podemos mencionar a las cocineras que ofrecen comida al paso manteniendo su esquina de trabajo impecable porque saben que viven de ella. O los dueños del restaurante BAO en Miraflores con su lema “you eat, you clean, you go” ¿Se imaginan que incorporemos esta visión en todos los gremios y sectores del país?

Mi experiencia con Todos X El Morro me recordó no dar nada por hecho. No creer que alguien tendría que hacer las cosas por nosotros. Tan simple como “lavar tu plato después de comer, porque sabes que tú, o alguien, lo va a usar después”.

#todosxelmorro

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