DiegoDyer
Apuntes de estrategia Por Diego Dyer

Siempre me llamó la atención el culto y respeto de las artes marciales chinas hacia el vínculo entre las emociones, la respiración y la energía. Teoría que confirmé cuando alguna vez un discípulo del Tai Chi me habló del miedo, y su capacidad de bloquear la respiración, la ansiedad, y su poder de acelerarla, y el estrés, y su manía de entrecortarla. Para los maestros de estas populares disciplinas chinas, la respiración, bien utilizada y guiada por el propósito correcto, puede, por el contrario, relajar el cuerpo, aquietar la mente y aumentar el flujo de energía; aclarando la consciencia y dejándonos mentalmente predispuestos para lo positivo de la vida.

Llevando esta teoría a otro plano, las empresas necesitan respirar. Y respirar bien. Me gusta pensar que esa pausa para recargar energías se llama estrategia. Una levantada de cabeza para visualizar el futuro dentro de tanto afán por boxear en el presente. Un espacio de reflexión donde algunos empujan el presente hasta donde los lleva la imaginación; mientras que otros, proyectan una imagen del futuro en su estado del arte más puro, y luego, lo desenrollan con cuidado hacia atrás.

Una empresa con miedo de actuar y enfrentar situaciones que suponen transformación, por ejemplo, puede bloquear inconscientemente sus circuitos de acción estratégica, amparándose en un obsesivo análisis del contexto, y complejizando las conversaciones sobre el futuro. A tal punto que cada vez resulte más difícil tomar decisiones. Por otro lado, las empresas con una excesiva ansiedad por el resultado, corren el riesgo de acelerar la implementación de acciones poco pensadas, convirtiéndose en promotores de iniciativas tácticas que sacan a sus líderes de apuros, y no en agentes de los cambios estructurales que el negocio exige. Y entre todo ese miedo y ansiedad, surge, desde las entrañas de las oficinas, la presión y el estrés por las metas. Entonces, los procesos de planeamiento estratégico se entrecortan, y ya nadie es capaz de distinguir los espacios que crean valor, de los que no.

Dicen que la respiración es tan vital, que el repetirla inconsciente y automáticamente hace que le prestemos poca atención. Tal vez ese sea el problema de la estrategia. La asumimos tan presente, porque a todos nos seduce la idea de hacernos llamar estrategas, que la damos por hecho. Cuando, en realidad, un recurso tan valioso como un proceso de planeación y discusión profunda nunca debería activarse en piloto automático, a merced del miedo, la ansiedad y el estrés.

Habría que aprovechar la sabiduría del Tai Chi y hacer de la estrategia un proceso consciente, bien llevado a través del propósito central del negocio. Una pausa para relajar y aquietar la mente de los líderes. Un ritmo continúo y profundo para elevar el flujo de comunicación en todos los niveles de la organización. Una parada técnica para clarificar la consciencia y quedar mentalmente predispuestos para encarar los retos con optimismo y apertura.

A veces, solo basta con tomarse un tiempo, perderse en un lugar tranquilo… y respirar.

LinkedIn