ÓscarIbazeta
Apuntes Retail Por Óscar Ibazeta

Hace algunos meses comentaba en un artículo sobre lo mal que la estaban pasando las principales marcas norteamericanas con la llegada del modelo fast fashion a Estados Unidos. Casi todas estaban retrocediendo en ventas, excepto GAP, que en una de sus divisiones (Old Navy) había reclutado a un exejecutivo de H&M. Esa esa división funcionaba con el modelo fast fashion, con lo que se convirtió en la generadora de ingresos de la compañía. Recientemente el ejecutivo al mando de esa división ha sido reclutado por Ralph Lauren.

Los tiempos han cambiado y las nuevas generaciones quieren moda y la quieren ya. Pretender que los clientes se ajusten al modelo que tantos réditos les ha dado en el pasado es algo que han tenido que pagar muy caro muchas grandes marcas de moda estadounidenses, algunas de ellas ya declaradas en quiebra.

Esas luchas que se ven tan lejanas no son ajenas a nuestra realidad debido a la globalización. Ya en nuestras tierras tenemos las primeras cabezas de playa de la oleada fast fashion con la llegada de Zara, H&M, Forever 21, e incluso ya se menciona a Uniqlo en el futuro cercano.

Pretender que esta oferta es exógena a nuestro negocio sería cometer el mismo error en el que incurrieeron las marcas norteamericanas.

En una de mis últimas clases se acercó una alumna a contarme sobre el problema que tenía en su compañía. Estaba sumamente preocupada. Me contó que actualmente lanzan 12 colecciones al año en su cadena de tiendas y pensaban reducir ese número a la mitad. Seguramente por un tema de eficiencias y objetivos financieros será la mejor opción para la compañía, pero la pregunta es: ¿y dónde queda el cliente?

Este cliente más informado, con más opciones de compra, que está mirando que en la vitrina del frente encuentra un modelo nuevo cada quincena, ¿seguirá teniendo a su tienda como una opción de compra si sólo varía su oferta cada dos o tres meses?

En palabras de Darwin, sólo los que se adaptan sobreviven y prosperan, o –como diría Peter Drucker– a los elefantes les cuesta mucho adaptarse; las cucarachas sobreviven a todo.