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Si La Libertad está en la mira de sus negocios, existen dos variables que debe considerar: asegurarse un adecuado protocolo de seguridad para su empresa y empleados y familiarizarse con la costumbre del “chalequeo” que furtivamente desde hace años viene golpeando la economía de los ciudadanos de la región.

En las calles de las principales ciudades de La Libertad escuchará la palabra “chalequear”. Hace referencia a la extendida costumbre del pago de cupos y extorsiones por parte de bandas criminales organizadas a ciudadanos de la región. Los montos varían según la buena o mala situación del negocio o práctica profesional a la que se dedique la víctima. Empresario y profesionales de diversos rubros, artistas de TV y bandas musicales, inclusive. Esta práctica delictiva se vino asentando desde hace más de 5 años entre los empresarios de diversos niveles socio económicos.

Lejos de resolverse esta peligrosa situación, hoy en día se ha asimilado al doing-business de la región; y así, un claroscuro, con tinieblas realmente violentas: desde violaciones a familiares, quema de casas y vehículos públicos hasta enfrentamientos contra la policía con granadas y armas militares –cuya procedencia y efectiva propiedad de los delincuentes a quienes fueron encontradas sigue en investigación–, entre otros tantos sucesos ya registrados en Chimbote, Chiclayo y, sobre todo, en Trujillo.

De acuerdo al Fiscal Juan Manuel Carrasco Millones, de la Tercera Fiscalía Provincial Penal Corporativa de Chiclayo, “el problema en materia económica que genera el delito de extorsión hoy en día, sólo puede ser comparado con las cifras del terrorismo de la década del 80 y parte del primer quinquenio del 90”. Las únicas cifras oficialmente comprobadas con las que cuenta la Junta de Fiscales Superiores del Ministerio Público del Distrito Judicial de La Libertad, a partir de las cuales se puede estimar el movimiento anual de transferencias de estas bandas delictivas como Los Malditos del Triunfo, superan los S/.2 millones en menos de dos años. Si se toma en cuenta que en el 2008 había más de 50 bandas como ésta y otras más poderosas aún, el lavado de activos del crimen organizado asciende a varios millones.

Ahora bien, estos son sólo movimientos bancarios –en otras palabras, el crimen organizado se encuentra bancarizado y a los extorsionados se les exige presentar un voucher de la transacción realizada–. De acuerdo al especialista en seguridad y lucha contra el crimen organizado, el comandante de Elidio Espinoza, quien ha comandado todas las unidades de la Policía de Trujillo, y jefe de la división de emergencia de Trujillo, un delincuente podría percibir entre S/.70,000 y S/.80,000 netos mensuales (habiendo ya pagado a miembros de la banda y autoridades públicas).

Algunos elementos del aparato público de la región estén implicadas en el embrollo delictivo que viven dichas ciudades. Es que si bien durante el 2009 y 2010 las cabeza y cercanos secuaces de las principales bandas (Los Pulpos, Los Plataneros, Los Ochentas, Los injertos y otras más de 50 bandas que para el 2008 operaban en Trujillo) hayan sido ultimados en enfrentamientos armados con la policía –e incluso entre ellos mismos por disputas territoriales– o puestos tras las rejas, las extorsiones, los cupos y asesinatos siguen siendo titulares todos los días.

De acuerdo a la fiscal Luz Marina León, de la Tercera Fiscalía provincial mixta corporativa de la Esperanza, en Trujillo hoy en día el 90% de las llamadas de extorsión se producen desde el penal El Milagro, desde donde “tercerizan” los servicios. Tanto a familiares como a menores de edad, como se comprobó con la captura el jueves pasado del temido sicario norteño, el más joven del Perú, El Soli, con casi la misma cantidad de muertes que años de edad: 17, alguna de ellas aún en investigación.

Así, la editora de Lenny Carbonel, editora de economía del diario La Industria de Trujillo, opina que “son necesarias las medidas concretas contra el crimen organizado, como por ejemplo, un bloqueador de llamadas en el penal El Milgaro, porque de allá viene hoy gran parte del sistema de pago de cupos y extorsiones que se vienen realizando”.

Lo cierto es que el crimen organizado en La Libertad, como un grito sordo, o sórdido “bajo continuo”, acompaña los negocios en las principales ciudades de la región.