Política
SEMANA comenta
Por Hans Rothgiesser
07 de Abril de 2011
A todos nosotros nos han enseñado lo importante que es ir a votar cuando hay elecciones. Aunque, claro, tomando en cuenta que si no votas luego tendrás que pagar una multa o se te imposibilitará hacer trámites en el sector público o cobrar cheques, se habrían ahorrado el esfuerzo de insistirnos acerca de la importancia de las fiestas democráticas. Pero en todo caso, ir a votar es uno de esos derechos que nos ganamos aunque no lo deseemos y que creemos ejercer libres.
En todo caso, ¿qué tan libres somos efectivamente? Más allá de la supuesta manipulación de los medios y de las encuestas –la cual es argumento para cegarnos de resultados de consultas durante la última semana de campaña–, hay efectos ligeramente más sutiles que pocos toman en cuenta a la hora de votar, pero que conocer tampoco marcará ninguna diferencia, porque todos seguiremos confiando en los que ya confiamos.
Consideremos, por ejemplo, el viejo principio de que cuanto más informado se esté es mejor y, por lo tanto, el voto es más responsables. No obstante, hay información y hay información. Por ejemplo, hay que tener mucho cuidado con la fuente de información que se está consumiendo. Eso en el Perú no necesitamos que nadie nos lo diga. Hay medios que claramente apoyan a ciertos candidatos y atacan a otros y hay otros medios que compensan eso atacando a los otros y defendiendo a unos. En ese proceso, nuevamente, ningún peruano necesita que se lo diga, se altera la forma como se presenta las noticias ligeramente. Quizás no los hechos, pero sí algo tan sutil como la elección de las palabras que se usan.
Por ejemplo, en Estados Unidos se ha hecho pruebas acerca de cómo cambiar la palabra “gay” por “homosexual” hace que el público se incline a apoyar una iniciativa legislativa o la rechace. Es más, hay evidencia de que cuando se hace referencia al plan de seguro médico administrado por el gobierno se obtiene apoyo completamente distinto a cuando se hace referencia a exactamente el mismo programa, pero diciendo que es un plan público de salud. Curiosamente, este último recibe menos apoyo.
Si ése fuese el caso, aprender a reconocer el medio que no nos está manipulando sería lo necesario. Ahí es que otros estudios como éste que hizo la Universidad de Maryland entran a colación. Concluye que las personas que forman parte del público habitual de un noticiero suelen captar los hechos peor que los que ven casualmente el noticiero. ¿Por qué es esto? Básicamente porque si eres público capturado de un noticiero, te lo verás entero. Y un noticiero aún tiene que reportar las mentiras y las verdades a medias de algunas autoridades o políticos. En cambio, alguien que lo está viendo casualmente cambiará de canal con mayor libertad cuando identifique un cuento.
En esta vorágine de información y desinformación a veces recurrimos a analistas y especialistas para que nos expliquen lo que pasa. Desde columnas hasta artículos opinionados, pasando por entrevistas al autor de tal libro sobre el tema en cuestión, los medios se apoyan constantemente en lo que en inglés llaman political pundits. El problema es que estos pundits tienden a ser los menos objetivos de todos. En el Perú eso se puede constatar fácilmente al notar que varios columnistas, blogueros y críticos del gobierno están postulando actualmente por algún partido como parte de un equipo de gobierno o en una lista al Congreso. Project Syndicate hizo un estudio siguiendo cuántas veces le atinaban los pundits en Estados Unidos con sus predicciones. Su muestra le atinaba a las proyecciones apenas un 12% de las veces. No obstante, les solemos creer más a ellos. Peor aún, se tiene identificado que conforme se van haciendo conocidos, tienden a ser menos exhaustivos en su método, atinándole menos aún. No obstante, al ser más conocidos, suelen recibir más atención. Ergo, una buena proporción de nosotros termina creyendo más en los que menos se esfuerzan. Claro que no llegamos al extremo de creerle a pitonisas o pronosticadoras sobrenaturales. ¿O sí? Aquí Marco Sifuentes nos recuerda las terriblemente malas predicciones de nuestras brujitas y cómo a pesar de eso algunos medios siempre las vuelven a llamar.
Por todo esto y mucho más es que varios opinan que no estamos preparados para la democracia. Como Winston Churchill dijo una vez, el mejor argumento en contra de la democracia podría ser una conversación de unos minutos con un votante promedio. Sin embargo, a pesar de todo, la democracia sigue siendo la menos peor de las alternativas. Habrá que demostrarlo este domingo.
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Creo que los resultados muestran demandas en dos niveles.
•Entre la clase media más joven y letrada, aquellos que utilizan redes sociales, las demandas son políticas buscando mayor participación electoral y democracia real.
•Y entre la enorme proporción de la población que vive en la pobreza, las demandas son económicas. Lejos de lo que se piensa, el boom económico que vivimos, -en parte por haber atraído la inversión extranjera y la buena coyuntura de precios internacionales- no llega a todos los niveles.
A veces, es precisamente la prosperidad lo que subraya las enormes diferencias sociales, y la mala distribución de ésta es lo que más irrita a quienes menos tienen.
Mi voto en segunda vuelta va para Keiko
No existe medio de comunicacion imparcial, todo de alguna manera u otra respondemos a intereses politicos incluso desde un transfondo filosofal. Corresponde a cada uno comparar , investigar y sacar sus propias conclusiones
No existe medio de comunicacion imparcial, todo de alguna manera u otra respondemos a intereses politicos incluso desde un transfondo filosofal. Corresponde a cada uno comparar , investigar y sacar sus propias conclusiones
Es muy dificil q un comentarista ya se prensa escrita,Tv. ó radial sea imparcial, los lectores,televidentes y radioescuchas siempre estaremos bajo la sutil influencia de los q nos informan.Un ejemplo claro de esto es el artículo anterior en el cual la persona dió una buena explicación de sus puntos de vista y luego nos pidió su voto.
Muy buen artículo Hans.
La "objetividad" de cualquier medio de comunicación siempre debe ser revisada y bajos nuestros criterios decidir conscientemente creer o no... pero para que todo podamos hacer ésto, se requiere educación, tema tabú en cualquier campaña porque requiere acciones de largo aliento que no reditúan políticamente en el corto plazo.
Saludos y éxitos
Javier
Interesante artículo, sin embargo, cuando el voto es obligatorio este en sí mismo deja de ser un derecho y se convierte en una obligación, razón muy probable de porque nuestra pauperrima democracia elige a los candidatos y presidentes que elige. Nos falta mucho todavía
Los dueños de todo en el mundo por ende de los tambien de los medios quieren mantener a todos los demas en el oscurantismo del siglo XXI. Sus politicos (empleados abyectos) se encargan de matener el status quo, y a sus amos y a ellos todos los demas les interesamos una mierda, lo unico importante para ells es hacer mas y mas dinero a costa de todo menos de sus beneficios...
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