Política
Comenta el Director
Por Gonzalo Zegarra Mulanovich
31 de Enero de 2012

Una crisis de confianza es una crisis de credibilidad. No confiar en algo o alguien equivale a no creerle. Cuando una economía no es confiable, entonces el sistema político que lo enmarca tarde o temprano deja también de ser creíble. Por eso vemos cómo hoy en Europa y los Estados Unidos, las sendas crisis económicas que ahí se viven van generando poco a poco también sendas crisis políticas, al punto que se pone en duda la viabilidad de la Unión Europea, y se especula que el presidente Obama podría no ser reelecto (lo que en Estados Unidos es anómalo).
Hay, pues, demasiados vasos comunicantes entre política y economía. Y la confianza (institucional) es un fundamento sustancial de cualquier economía política moderna, sustentada en el libre mercado y la democracia; de ahí que mi propuesta es evolucionar de la democracia representativa a la “democracia fiduciaria” (SE 1202, SE 1288, SE 1305). La crisis anterior de las hipotecas subprime en Estados Unidos se desató cuando el mercado dejó de confiar masivamente en la capacidad de pago de los deudores hipotecarios (los políticos habían permitido con sus leyes que las titulizaciones hipotecarias mintieran sobre su real riesgo). En Europa, los mercados no confían en que los emisores de deuda soberana como Grecia y Portugal puedan honrar sus obligaciones. Los indignados del mundo reclaman también por una crisis de confianza: el Estado benefactor les prometió un bienestar ahora insostenible (SE 1294). La crisis del euro y la devaluación del dólar –en un mundo donde el dinero es “fiduciario”– es una crisis obviamente de confianza, y por eso hay economistas que proponen volver al patrón oro (una idea que hace cinco años era totalmente anacrónica, por lo menos para el mainstream económico).
Y si los gobiernos europeos siguen violando sus compromisos –al incumplir acuerdos de límites de déficit o de prohibición de responder por deudas de otros Estados– no harán más que agravar la desconfianza.
Ahora bien, los desengaños no se superan insistiendo en que se cumplan promesas imposibles, como parecen creer los indignados, sino madurando y aceptando la realidad tal cual es; eso implica que los políticos dejen de prometer lo que no van a cumplir y los ciudadanos dejen de exigir o esperar esas promesas.
En el Perú la economía sí genera confianza –el último Índice de Confianza del Consumidor de APOYO (INDICCA) a futuro alcanza 60.6%–, pero la política no. La mezcla de la exposición de nuestra economía pequeña y abierta a la crisis mundial y los vasos comunicantes antes descritos entre política y economía en general podrían causar que la crisis de confianza mundial nos golpee económicamente más fuerte de lo que esperamos. Por ello es malo que los políticos insistan en iniciativas demagógicas, como el proyecto de nueva (y más rígida) Ley del Trabajo: ella no sólo genera informalidad, sino que al mismo tiempo deslegitima la democracia, porque implícitamente promete mentirosamente a (todos) los trabajadores una seguridad laboral de la que realmente sólo gozará una privilegiada minoría (20%). La demagogia miente, y así destruye la confianza tanto en la economía como en la política, o sea, socava el mercado y la democracia.
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q pena no entro mi opinion ,q extrano.
A mi humilde manera de ver la avaricia de un sistema economico como es el capitalismo es la madre del cordero como diria un amigo, esa falsa y enganosa sensacion de bienestar ,seguridad y progreso. pertenezco al 99% Y se q esta crisis tiene autoria la banca ,y para q esto cambie tiene q haber un CAMBIO.ni el brilante economista Hernando de Soto encuemtra donde esta la la punta de la madeja del hilo.
Buen día Gonzalo.
Bien expresado.
Ni más ni menos.
Es patético, como los políticos, dirigentes sindicales, empresarios y ahora hasta los estudiantes afiliados al Modavef,hacen malabares y papelones con tal de aparentar y prometer postulados y escenarios que nunca se verifican.
" No inspiran confianza".
Lo más triste es que no reparan en que la confianza es la piedra angular de toda relación entre los seres humanos.
Entonces todo lo que creen que están construyendo, al menor remezón exógeno o cuestionamiento interno, hace que lo hecho se desbarate.
¡Fatal!
La falta de confianza en el Peru ademas pasa por temas estructurales tan graves como:1. La incapacidad del estado para garantizar el estado de derecho a lo largo del pais (hay vastas zonas en las cuales el estado no existe). 2. La manifiesta incapacidad para garantizar la estabilidad juridica de los acuerdos firmados (ahora sujetos a los vaivenes del caciquismo regional).Si a esto le sumamos la mencionada demagogia, y la corrupcion, tambien endemicas, tenemos mucho por construir todavia.
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