PabloEspinel
Asia Light Por Pablo Espinel

Así calificó la revista The Economist al mandatario chino Xi Jinping en un especial que repasaba su primer periodo (2012-17) como presidente de la segunda economía del planeta. Este calificativo tomó un nuevo significado hace pocas semanas, cuando al finalizar el XIX Congreso del Partido Comunista se evidenció que Xi había llegado para quedarse. Normalmente limitado a dos periodos de cinco años, la falta de un sucesor claro indica que querrá permanecer más allá del 2022.

El joven Xi -hoy considerado el líder chino más poderoso desde Mao Zedong– consolidó su poder mediante una estrategia meticulosa que le permitió escalar posiciones dentro del partido de modo paulatino, disciplinado y casi incógnito. Varias décadas después, los más de 2,000 delegados congregados en el Gran Salón del Pueblo, junto a la histórica Plaza de Tiananmén, fueron testigos del alcance del poder de Xi Jinping. Al final del evento, el ‘Pensamiento de Xi’ fue incorporado en la constitución como “guía de acción del partido”, elevando a Xi al nivel de Mao. Su pensamiento será ahora estudiado en universidades.

Esta consolidación de poder sin precedentes se legitimó con una implacable campaña contra la corrupción, que le ganó el amor de las masas y el temor de funcionarios y políticos. Por ejemplo, en solo 5 años, más de 100 militares de alto rango fueron investigados y castigados. Por otro lado, Xi mantuvo un férreo control sobre la economía -de la mano de las empresas públicas, que controlan 30-40% del PIB– y sobre las personas (mediante la consolidación de iniciativas como el ‘crédito social’ donde el gobierno utilizará big data del ciudadano para recompensarlo o sancionarlo).

El poder absoluto otorga a Xi un nivel de estabilidad e influencia que sería la envidia de muchos líderes globales. Y es que Xi Jinping ha sido muy hábil para dar muestras de su poder al mundo: desde la financiación de uno de los proyectos económicos más ambiciosos de la historia (la ‘nueva Ruta de la Seda’) hasta la creación de un ‘Banco Mundial’ alternativo -el BAII-, pasando por estar a un paso de desplazar a los EE.UU. como mayor donante de ayuda a países en desarrollo.

Su ‘Pensamiento’ por lo tanto, y según varios analistas, parece resumirse en el hecho de que si Mao Zedong estableció la República Popular China y Deng Xiaoping la hizo rica, ahora Xi la hará poderosa, pero exclusivamente de su mano. Una versión mandarín del ‘Make America Great Again’ de Trump.

No obstante, concentrar poder sin control sobre la futura primera economía mundial y 1400 millones de chinos es peligroso. Nadie debería tener tanto poder. La autocracia es en última instancia la receta para la inestabilidad en China y una invitación para que otros países se comporten arbitrariamente. Algo que ni el hombre más poderoso del mundo querrá que suceda.