PabloEspinel
Asia Light Por Pablo Espinel

Me he tomado la libertad de hacer un paréntesis en este nuevo año para examinar un tema que, aunque no tiene que ver directamente con la materia de este blog (Asia), influye a nivel global de manera excepcional. A continuación, mi análisis al cumplirse un año de la ‘era Trump’.

Una de las promesas que hizo el candidato Donald Trump al pueblo de Estados Unidos fue que ganarían tantas veces que se iban a “cansar de ganar”. Luego de un año de haber sido elegido, ¿se ha cansado EEUU de ganar con Trump?

Aunque tuvo un inicio ‘turbo’, donde firmó 32 órdenes ejecutivas en los primeros 100 días, Donald Trump ha enfrentado una serie de escándalos y su administración ha sido constantemente opacada por una supuesta relación con Rusia. A partir de ahí, todo ha ido cuesta abajo para The Donald.

¿La intolerante prohibición de viaje del presidente contra los musulmanes? Estancada en los tribunales. ¿Su misión de derogar y reemplazar la ley de salud de Obama? Aun sin resultados, en parte gracias a su propio partido. ¿Romper el acuerdo nuclear con Irán? El Congreso no lo hará. ¿Prohibición a las tropas transgénero servir en el ejército? Bloqueada por dos cortes federales.

Es así como Trump ha sido prácticamente sitiado por la forma lenta y torpe de gobernar de Estados Unidos. ¿La razón? Hace siglos, los ‘padres fundadores’ de EEUU idearon una intrincada red de pesos y contrapesos diseñada específicamente para proteger al país de los aspirantes a tiranos como Donald Trump.

No obstante, en un área —muy importante para el público—, Trump sí ha tenido éxito. Antes de concluir el 2017, el presidente obtuvo su primera victoria legislativa cuando se aprobó la ley de impuestos que reforma el código tributario de Estados Unidos por primera vez en más de 30 años. Esta ley reduce los impuestos a las personas y corporaciones, aunque hay indicios de que los más beneficiados serán los más ricos. Por otra parte, la economía de los Estados Unidos está floreciendo, revelando datos en su mayoría positivos: la tasa de crecimiento del PIB fue del 2.6%, la economía creció 2.3% y la productividad laboral aumentó en 3%, la mejor en tres años. Las inversiones de Wall Street han aumentado casi un tercio y el indicador S&P 500 cerró el 2017 con una ganancia de 19.4%, el mayor desde 2011. Al mismo tiempo, el desempleo cayó al 4.1%, el más bajo en 18 años.

Estos resultados, por supuesto, no se lograron en un mes o un año y algunos son el producto de las políticas económicas de Obama. Aun así, parecería que el aura de Trump como ‘hombre de negocios exitoso’ ha contribuido al florecimiento de la economía.

Lo que sí está claro es que EEUU no ha ganado en tolerancia, diversidad o empatía. Es más, con cada día que pasa se acumulan las derrotas para un hombre que respalda el fanatismo religioso y racial, incita a la violencia política y se burla de los discapacitados. Un personaje que trata abiertamente a las mujeres como trozos de carne y degrada a quienes luchan por la igualdad.

Y aunque la economía prospere, las victorias no son sólo económicas, si no también humanas. Son ganancias de las que ni Estados Unidos ni ningún país se pueden cansar jamás.