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Asia Light Por Pablo Espinel

Después de la turbulenta conferencia del G7 este fin de semana, el mundo mira con curiosidad y nerviosismo la histórica reunión entre el líder norcoreano Kim Jong-un y el presidente estadounidense Donald Trump.

La reunión, que se llevará a cabo en un lujoso hotel de Singapur el 12 de junio de 2018, fue cancelada brevemente luego de que Trump dijo que los norcoreanos mostraban “una ira tremenda y abierta hostilidad”, pero luego, contra todo pronóstico, se confirmó y ambos personajes arribaron a Singapur.

¿Podrán Trump y Kim negociar un acuerdo de paz único en la historia, o la reunión y la península de Corea arderán en llamas?

Debido a la imprevisibilidad de ambos líderes, el resultado final podría demorar días o meses. Sin embargo, lo que es cierto es que independientemente del resultado de esta cumbre, Corea del Norte y Kim Jong-un habrán ganado. ¿Por qué?

A pesar de haber amenazado con retirarse de la cumbre, el hecho de que el líder norcoreano Kim Jong-un haya volado a Singapur para reunirse con Trump le ha dado lo que más anhela: legitimidad. Corea del Norte siempre ha querido ser vista y tratada como cualquier otro país, y su desarrollo nuclear fue visto por muchos como un medio para lograr ese fin. Por tanto, ahora que la reunión se realizará en un país alejado de la Península Coreana, ese resultado parece más cercano que nunca.

Lo que logran los norcoreanos con esta cumbre es demostrar que son pares de los Estados Unidos. Es por esto que Kim ha tomado el riesgo de volar hasta Singapur, algo que no tiene precedentes en la historia de Corea del Norte. De este modo, la imagen al mundo será de igualdad con Trump como par nuclear desde una plataforma global y todo esto sin la presencia de Corea del Sur, algo también sin precedentes.

La última vez que un líder norcoreano voló internacionalmente fue en 1986, cuando el abuelo de Kim Jong-un fue a la Unión Soviética. El padre de Kim prefería viajar en tren, y se rumoreaba que Pyongyang no tenía un avión capaz de llevar a Kim a un destino internacional. Recientemente, Kim voló para visitar al presidente Xi Jinping en Dalian, China. Podría haber sido una práctica para volar a Singapur, algo que podría mostrarle al mundo que el jefe de Corea del Norte viaja y opera como cualquier otro líder mundial.

El hecho de que se haya elegido Singapur como sede también ha ayudado mucho. Singapur ofrece un alto nivel de seguridad y experiencia para facilitar reuniones globales. Hace sólo una semana, había albergado a los líderes globales de seguridad en la principal cumbre de defensa de Asia, el Shangri-La Dialogue. Su tradición de lugar neutral ha sido determinante y, claro, tener mucho dinero para invertir en una cumbre debido a su poderío económico ayuda mucho (el gobierno singapurense ha admitido haber invertido S$20 millones para el evento).

Pero, independientemente del lugar o el resultado, cualquier reunión entre Trump y Kim será vista como una gran ganancia de propaganda para Corea del Norte, según Robert Kelly, un experto en política de la Pusan ​​National University de Corea del Sur. “Si es un fracaso, sigue siendo una victoria para los norcoreanos, porque se obtiene la fotografía del líder norcoreano reuniéndose con el presidente estadounidense”, dijo Kelly la semana pasada mientras hablaba en un panel sobre Corea del Norte en el Festival de Escritores de Sidney, en Australia.

Corea del Norte ha querido esto durante décadas: el momento en que Kim conozca a Trump, el liderazgo del norcoreano y el gobierno de Corea del Norte se legitiman. “Corea del Norte es una dictadura de cuarta, y conocer al líder del mundo libre es automáticamente una marca de legitimidad”, dijo Kelly. “Si eres Corea del Norte, quieres conocer a los estadounidenses porque simboliza que eres un país real, no un señorío atrasado, feudal y orwelliano, que es lo que realmente es Corea del Norte”.

Lo que sí está claro es que esta cumbre no constituirá el último capítulo de la saga Trump-Kim.