MaritaChappuis
A tajo abierto Por Marita Chappuis

La interrogante que surge de la detención de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) es qué tipo de funcionario público queremos: el conocedor, con experiencia internacional, y muchas relaciones en niveles decisorios; o el que llega al Estado, sin experiencia, para aprender… pero que tampoco aprende.

Me tocó asistir cuando Colorado School of Mines entregó al ingeniero Hernando Labarthe el premio al mejor exalumno del año por haber armado una estructura financiera junto a PPK, para sacar adelante el proyecto Tintaya, que hasta ahora asombra. El yacimiento estaba muy poco explorado, en un distrito desconocido, tenía reservas sólo para 10 años, estaba lejos del puerto, y las perspectivas del cobre eran pésimas. El Estado no aportaba un centavo (solo estudios), quería mantener la propiedad (estatal) al 100%, y pedía un préstamo de US$300 millones, con garantía de los propios equipos. Convencieron hasta al Banco de Crédito del Perú (BCP), que tuvo que perseguir después años al Estado para que le pagaran.

Pero también escuché en una reunión de altos ejecutivos de constructoras europeas (que no pertenecen al “Club”) que calificaban a los funcionarios encargados del proyecto del Metro de Lima como unos de los más ineptos del mundo. La opinión general era que “ni los funcionarios africanos…”.

Estos son los tipos de funcionarios, el primer caso del gobierno de Belaunde, y el segundo del gobierno aprista, que se pueden encontrar en posiciones de decisión en nuestro Estado. Tintaya abrió la cordillera oriental para la exploración minera, y sigue produciendo 40 años después con el nombre de Antapacay. Mientras que en el Metro de Lima, todavía no se concluye la Línea 2.

Los últimos años la prensa (no sólo la amarilla) ha publicado con más frecuencia artículos  de un redactor, que desconoce el tema y por la premura de entregar su artículo antes del cierre escribe cualquier cosa, dejando por los suelos el prestigio de muchos funcionarios honestos. Hace poco, en La República calificaba como “puerta giratoria” cuando el funcionario como viceministro tenía la presidencia de una empresa estatal, y se quejaban de que no les había contestado las llamadas.

El asedio de la prensa, el sueldo bajísimo, la organización disfuncional, el impedimento de trabajar por un año cuando renuncia, y los juicios que nunca faltan (acusados por comisiones congresales o fiscales que no entienden nada) hace más difícil convencer a profesionales honestos y capaces que trabajen en el Estado. (Tengo una amiga honestísima que tiene más de mil juicios porque trabajó en la ONP).

En este contexto, el mundo sigue evolucionando a velocidades más altas de lo que el Estado Peruano se moderniza por la baja calidad de sus recursos humanos. El empresariado se queja de la falta de infraestructura, de la tramitología o de la alta rotación de los funcionarios. Esto va a empeorar si no se cambia las “reglas de juego”  pues veremos más funcionarios “calamitosos” ocupando puestos clave.

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