La semana pasada tuve la oportunidad de participar como ponente y participante en los eventos más relevantes que se desarrollan a nivel mundial e iberoamericano acerca de privacidad y protección de datos en mundos digitales.
Además de la fantástica oportunidad para incrementar la red de contactos y colegas, estos encuentros sirven básicamente como repositorios de experiencias que luego determinan el rumbo a seguir en una industria caracterizada por el cambio recurrente.
Como ya lo hemos adelantado en anterior entrega aquí, uno de los temas de mayor interés (académico y empresarial) en nuestro sector es es sin lugar a dudas el Cloud Computing o la “Computación de la Nube” y su eventual efecto sobre la privacidad y los ingentes volúmenes de datos personales que se depositan y remiten. Basta con saber que cada mes 55 millones de usuarios utilizan Twitter, que Facebook tiene registrados 250 millones de perfiles que se intercambian millones de correos, fotos y encuestas sobre todo tipo de temas y que cada minuto se suben 20 vídeos a YouTube o se cuelga un álbum de fotos en Picasa.
Es evidente que la mayor ventaja del Cloud Computing, está vinculada con las facilidades que antaño se concentraban básicamente en los mainframe de nuestras PC y que hoy están disponibles siempre en espacio y tiempo gracias a la ubicuidad de la Nube. Esta es la razón por la cual día con día son más las empresas y personas que nos subimos a la nube, concentrándose nuestros datos personales y también los sistemas informáticos/ programas informáticos que usamos, preferentemente, en las populares redes sociales (debido a sus atractivas capacidades de agregación y viralidad).
Esta es la pregunta del millón. Hay estudios que indican por ejemplo que hay un 99,99% más de probabilidades de que nos roben la correspondencia bancaria del buzón o que nos dupliquen la tarjeta de crédito cuando pagamos por gasolina en algún puesto de distribución, de que alguien robe nuestros datos de Internet. Sin embargo ello no impide que reconozcamos que el tráfico de datos personales se ha convertido en un lucrativo negocio. En una de las mesas de debate en las que estuvimos presentes, nos enteramos de un informe de Symantec (empresas especializada en seguridad en la Red) que explica que los datos de una tarjeta de crédito se pueden comprar al por mayor en Internet por 1,5 euros y el del acceso a una cuenta bancaria online por unos 225 euros.
Lamentablemente no le puedo hablar del mercado local, pues el tráfico y comercialización indiscriminada de datos personales es parte de una economía sumergida, cuyos números son aún una incógnita.
Esto es malo, pues dado que mundialmente todas las democracias y economías en crecimiento, entienden que es necesario contar con algunas herramientas (legales e institucionales) mínimas que permitan el desarrollo de la innovación tecnológica y la actividad comercial, al tiempo de garantizar que todos tengamos noticia de lo que se hace con nuestros datos personales previa solicitud de autorización (derecho reconocido en el Perú a través del Código Procesal Constitucional vigente desde el año 2004).
Sobre esas herramientas ya hemos dado opinión y seguro ya habrá oportunidad de regresar a ese tópico.
Mientras tanto, cerramos esta entrega con una reflexión final que no deja de ser provocadora: En una de las mesas de los eventos de referencia, se informó que un grupo de profesores vinculados con las TIC de las universidades de California, Berkeley y San Diego se infiltró en 2008 en la red Storm, la que usan los piratas informáticos para poder enviar miles de correos electrónicos basura (spam) a las PC domésticas. La conclusión de la efectividad del spamming fue que “sólo un crédulo idiota de 12.500.00” respondió a los correos aportando datos personales.
¿Qué habría pasado en el Perú, si se hubiese realizado la misma experiencia?
Gran parte de la solución de los problemas está en ellos mismos, en tanto no los provoquemos: Habría que empezar a difundir por las populares redes sociales más información sobre cómo cuidar de nuestra privacidad y también de nuestros datos personales, por aquello de "mejor prevenir que lamentar".
Etiquetas: Data Protection, Protección de Datos, AGPED, cloud computing, facebook
Soy teísta, optimista, curiosa y constante. Por eso estudié derecho y economía entre Perú y España. Tengo un grado de Máster en Economía y post-grados en Barcelona y Québec, respectivamente. Desde el año 1999 realizo actividades de gestión, análisis e investigación de proyectos de ICT en Perú y la región andina, principalmente. Durante este tiempo he tenido a mi cargo Gerencias Legales, de Asuntos Corporativos y Regulatorios en empresas del Grupo Telefónica en el Perú y de Ericsson. Tengo tendencia al multitasking y creo en el potencial positivo de las ICT para mejorar.