Cuando era un soltero joven en busca de relaciones sinceras con personas del sexo opuesto (hace muy poquito por si acaso), tenía un compañero de aventuras con el que me asociaba para incursionar en las noches barranquinas. Recuerdo que él siempre me decía que yo me tomaba demasiado tiempo en acercarme a alguna chica que me había deslumbrado. De hecho no me acercaba así no mas, prácticamente me esforzaba en no mirarla mucho, dirigiéndome a sus amigas o haciendo cualquier otra cosa que no hiciera notar mi interés en ella, pero intentando ganarme el suyo. Sentía que si lograba que ella diera la primera señal, la conquista era más segura. Por su puesto que además me resultaba un juego más precavido ya que a mis insegurísimos 22 años no quería exponerme a ser “choteado”.
Mi amigo tenía la estrategia opuesta. El se lanzaba indiscriminadamente a todo lo que se moviera. Su teoría era, de cada diez una caerá. Y efectivamente, luego de exponer el orgullo que no tenía a todos estos rechazos, alguna desprevenida caía, aunque no podría dar fé si para él, el resultado era de 20 puntos.
Creo que la única vez que traté de seguir su consejo y me acerqué directamente a una mesa en el bar La Noche, me di cuenta demasiado tarde (ya había iniciado mi penoso discurso) que era Olenka Zimmerman en su época mas gloriosa. Como era de esperarse ella apretó “Eject” y yo salí expulsado como un viejo TDK.
En la publicidad las cosas se dan de un modo similar. Hay promociones que generan ventas a discreción sin tener como objetivo cultivar una relación con el consumidor y hay mensajes que buscan iniciar una relación más idílica y más fiel con las personas. Es importante que las marcas se den cuenta de ello y sepan cuando toca hacer que cosa. No todo puede tener un tono declaradamente vendedor, ya que a penas se te notan los colmillos la gente se da cuenta de que todo lo que te interesa es su dinero y no necesariamente ofrecerles una relación honesta para ambos.
Consiente de ello, hace mucho que la publicidad comenzó a “mudarse” de Madison (la avenida neoyorkina donde se instalaron las grandes agencias de publicidad) a Hollywood. Pasó de El Amigo Electrolux a infiltrarse en el entretenimiento. A provocar desde una posición menos agresiva, de un lugar que genere más aspiraciones de un modo natural.
Inclusive hoy que la Internet y los medios digitales son un gran territorio por ocupar, hay que tener presente esto. Muchas veces el solo hecho de utilizarlos nos hace sentir que estamos a la vanguardia, pero a veces los usamos como si estuviéramos en los 70, vendiendo de manera invasiva y descarada. No olvidemos que la internet es también otro medio por el cual la gente busca entretenerse, y al igual que en la TV hay que encontrar la forma de integrarse al contenido y seducir desde allí a nuestro consumidor. Sólo así lograremos conquistar en lugar de sólo vender.
El siguiente comercial, si se le puede llamar así, es una especie de cortometraje que hizo Pantene en el mercado asiático. A pesar de que al final hay una “demo” de pelo de 40 segundos, premia la atención del consumidor con una historia cautivante y entretenida, pero sobre todo dejando pasar un concepto relacionado con el pelo y trascendental para la vida: “Shine”.
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Comencé mi carrera en Lima en 1992. Fui Director Creativo General de Pragma D'Arcy entre 1998 y 2002. Trabajé tres años en Milán, en BGS D'Arcy y luego en Red Cell desde donde creé campañas para Swatch, SKY, Alfa Romeo e IKEA. Regresé a manejar la nueva Pragma DDB junto a Alberto Goachet y la dejé como agencia del año según los premios ANDA 2008.
Actualmente acaba de lanzar junto a Goachet su nueva agencia: Fahrenheit