MichelSeiner
Boom Gastronómico 2.0 Por Michel Seiner

La semana que pasó hemos visto reivindicaciones del pisco peruano, videos de Marca Perú, declaraciones a nivel ministerial, llamados al boicot de las marcas partícipes del Concurso de Bruselas y hasta diversos usos atípicos para el pisco chileno con el hashtag #conelpiscochileno. Todo el Perú ofendido porque su bebida nacional, que por una semana desempató con la Inca Kola, fue afectada por la organización en Chile del concurso famoso. Una semana antes Ed Sheeran fue noticia en el Perú al declarar que el pisco sour peruano le parecía mejor que el chileno. Esta noticia fue compartida en redes como gran novedad como si necesitáramos que un cantante de indie folk americano valide la mayor calidad de nuestro pisco frente al chileno. ¿En serio?

La cocina y el orgullo nacional están intrínsecamente vinculados. Nada ha logrado cohesionar a los peruanos como nuestra comida. Poco nos hace sentir así de orgullosos. Sin embargo, estos beneficios que sólo comienzan con nuestra identidad y terminan en el desarrollo de una industria de la hospitalidad pujante deben dar ya sus próximos pasos. Hoy, el exageradísimo orgullo por lo nuestro, que tiene su peor expresión en el anti-chilenismo, nos coloca como una industria adolescente, pendiente de lo que hace el otro, buscando validarse por ojos de terceros antes que por los propios.

El Perú tiene que ya saberse gastronómicamente superior a la mayoría de cocinas del mundo y comportarse consecuentemente. Cada insinuación frente a uno de nuestros platos no puede acaparar todas las primeras planas ni agrupar a nuestras principales figuras gastronómicas. Ya es hora de que no nos importe tanto. Tenemos que pasar de habernos metido en las grandes ligas gastronómicas mundiales a concentrarnos en jugar en ellas a ganador, dejando atrás incidentes aislados generados por algún desubicado. Los mecanismos para defendernos política y formalmente valen la pena, el rasgamiento público de vestiduras no.

Chile valida nuestra industria gastronómica y la coloca como suprema todos los días. No hay ninguna duda. Es el principal destino gastronómico de conceptos de alimentos y bebidas peruanos en el extranjero. Centenares de restaurantes de inmigrantes peruanos lucen en sus fachadas la Marca Perú. Nuestros principales restaurantes repletan las avenidas más exclusivas de Santiago. El comensal peruano es tratado con cuidado por su conocida exigencia. Se importan litros de litros de nuestro pisco, lo llamen como lo llamen, por el que además se paga largamente más que por la bebida local. No se necesita mucha prueba más.

A la industria gastronómica peruana no le hace bien vivir del anti-chilenismo. No ganamos nada enfrascados en este tipo de relación. Sobre todo porque mientras la mantengamos nunca creeremos que competimos ahora con los pesos pesados de la gastronomía mundial. En lugar de ello, seguimos perdiendo valioso tiempo y energía que podríamos utilizar para enfrentar nuestros verdaderos retos. Cada vez que nos concentramos en el concurso imaginario con Chile perdemos tiempo en profesionalizar nuestra gestión, mejorar nuestro servicio, dar el siguiente paso en la conceptualización, generar data que sirva para desarrollar la industria y tantos retos más. Mientras tanto, quienes viven del anti-chilenismo en el Perú se frotan las manos mientras celebran con gin-tonic.

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