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Boom Gastronómico 2.0 Por Michel Seiner

Cada vez que leo sobre una catástrofe de seguridad, como los recientes incendios, tiemblo de miedo. Sé que, una vez más, el ojo de la tormenta estará en las autoridades ediles y que los permisos y medidas de seguridad para proyectos perfectamente razonables se complicarán. A la par, mes a mes, desde la asunción del actual gobierno, leemos que viene intentando destrabar la inversión para los principales proyectos de infraestructura y recursos naturales como gran objetivo. Vemos también que busca apoyar el emprendimiento y las startups. Sin embargo, hasta ahora no encuentro, en mi día a día trabajando junto con emprendedores gastronómicos, el mismo esfuerzo para promover la inversión en nuestro rubro, sobre todo para con los gobiernos locales. Las comisiones de arquitectura para la aprobación de proyectos nuevos son el principal cuello de botella para la inversión y generación de empleo que, sin miedo a exagerar, atenta contra el futuro de nuestra industria.

No somos ciudadanos irresponsables. Sabemos de la importancia de la revisión de los proyectos arquitectónicos. De la importancia de los factores de seguridad, de aforo, de seguir código de construcción, de tener proyectos con sentido, de crecimiento con orden y hasta la necesidad de respetar el, a mi juicio exageradísimo, parámetro de estacionamientos requeridos. Nadie está en contra de que estos controles razonables se den. Ni si quiera estamos argumentando aquí por normas más flexibles, lo que bien ameritaría todo un nuevo análisis. En este espacio, en esta oportunidad, solo estamos pidiendo que estas autoridades, que ni siquiera responden a la municipalidad sino a criterios propios, cumplan con ceñirse estrictamente a las normas que ya existen y nos den predictibilidad y rapidez en lugar de arbitrariedades no escritas y demoras.

Tampoco se trata de deshumanizar al revisor. Lo entendemos. Las firmas de una aprobación de proyecto persiguen a sus especialistas para siempre. Tal es la cacería de brujas cuando hay un problema que el miedo a aprobar puede más que cualquier intención de sacar un proyecto adelante. Total: aprobar te mete en problemas, posponer no.

Pero sí que genera problemas para los demás. Cada semana en que un proyecto no es aprobado en comisión implica retrabajos y nuevas revisiones que demoran un proyecto al menos una quincena más. Una quincena más de rentas preoperativas, de sueldos de supervisores, de trabajo de arquitectura, de demora en apertura y, por ende, consecución de retorno y de generación de intereses para inversiones mínimas. En resumen, una demora en aprobación de un proyecto o la aparición de “nuevas observaciones” pueden determinar su fracaso antes si quiera del gasto del primer sol en su implementación.

Por más que hay quienes pretenden decir lo contrario, los restauranteros no venimos de corporaciones gigantescas. Ni el más pintado de nuestros representantes viene de ellas. Nuestros proyectos no son millonarios. Tenemos lo que tenemos. Nuestros márgenes son pequeños y se achican lo suficiente con cada aumento de sueldo mínimo, de alquiler y de inflación como para sumarle a ello la arbitrariedad, indiferencia o miedo de la autoridad administrativa. Cuántas ganas de escuchar también que el gobierno dedicará un poco de tiempo y de recursos en transmitir a los municipios su rol determinante en el desarrollo de nuestra industria. Cuántas ganas de escuchar que se intentará revertir las cacerías de brujas en los municipios cuando hay accidentes resolviendo los problemas del Poder Judicial para que sea este quien atribuya responsabilidades en lugar de que recaigan en automático en las autoridades ediles temerosas.

Mientras tanto seguiremos acá esperando, mes a mes, una mano en el rosario y la otra en el bolsillo… hasta que le hagamos hueco.

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