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Boom Gastronómico 2.0 Por Michel Seiner

Hace nueve años tuve la suerte de poder mirar desde adentro cómo nació nuestra tradición de ferias gastronómicas en el Cuartel San Martín. No hay mejor momento que el mes en que Mistura vuelve para compartir esa experiencia y  los valores que la feria dejó a la industria en su conjunto y a mí personalmente.

Nadie nunca había visto una feria gastronómica en Lima. No así. Vivía en la cabeza de su creador y en la de nadie más. La Sociedad Peruana de Gastronomía, Apega, no era más que una oficina de esquina dentro de la sede de lo que hoy se conoce como Acurio Restaurantes pero que en su momento tenía o varios nombres o ningún nombre, según como cada quien elegía presentarse. Lo que esa feria rescató de la gastronomía peruana, lo que logró englobar y representar en tan solo tres días, fue la mejor expresión del boom gastronómico. Unió en un solo espacio, desinteresado, atrevido, variado, diverso, comunitario y con la más absoluta amistad y buena onda, a todas y todos.

No fue un evento falto de estrés. El equipo de producción contratado era muy pequeño, la chamba de gestión se hacía abiertamente desde la sede administrativa sin nombre de Gastón Acurio. Los financistas caían a cuenta gotas. Hasta ahora recuerdo “¿De dónde llama, señor? ¿Grupo Acuario?” Una semana antes del evento, el equipo de gestión tenía un ojo puesto en la feria y el otro en su primera apertura en Estados Unidos. Lehman acababa de quebrar. Dos apuestas inmensas a la par. Una en la que se jugaba millones y reputaciones también, y otra que, en el corto plazo, sólo distraía atención, energía y recursos escasos para desarrollar una compañía con proyección global.

La parte operativa fue aún más compleja. Recuerdo aun tener que hacer gestiones para que Javier Wong entre con sus lenguados porque en la puerta nadie sabía ni quién era. Recuerdo haber hecho pasar y guiar al entonces ministro de Economía porque nadie sabía cómo tratar los temas de protocolo. Recuerdo que en un descanso pregunté a una buena amiga sobre cómo iba su sector y que reí cuando me dijo que apagando incendios y que la risa se me fue cuando me explicó que de verdad había apagado cuatro incendios. Recuerdo el caos del estacionamiento en la Av. El Ejército y la quizás excesiva basura que generamos. Errores y todo, recuerdo a nuestra industria reunida con un solo objetivo, dejando las agendas personales de lado por tiempo.

Para los asistentes fueron sólo tres días. Para nosotros, la industria gastronómica peruana en su conjunto, fue la oportunidad de estar en la presencia del alma de nuestro movimiento. De verla juntos. Cocineros, proveedores, periodistas, auspiciadores, el Estado, todos. Nos miramos con optimismo, alegría y complicidad. Como resultado, esa feria clave contribuyó esencialmente a poner al Perú en el centro del mundo gastronómico. Después de ella, Mistura 2009 la llevó al nivel 2.0. Ya con una feria hecha, el financiamiento, la profesionalización, los Latam 50 Best y los votantes llegaron fácil.

Por eso, a pocas semanas de Mistura, es bueno preguntarnos, ¿cómo podemos aportar todos para mantener esa esencia? ¿Cómo la alimentamos y con ella mantenemos vigente el evento y a Lima como plaza gastronómica? ¿Cómo mantenemos esa magia?

Recuerdo que quien lideró la feria en el 2008, un día antes de la apertura, nos juntó a todos en el auditorio principal y comenzó a repartir tareas. Habremos sido unas 100 personas. Cuando terminó, me acerqué y le pregunté que por qué yo no tenía una tarea y que qué debía hacer. El recuerdo de su respuesta lo tengo grabado como escena de película filmada con sobreexposición.

Tú. Tú… ¡tú me sigues!

Lo seguí por cuatro días enteros. Lo hubiera seguido hasta los confines de la tierra.

Así soñábamos en la primera feria gastronómica de Lima.

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