MichelSeiner
Boom Gastronómico 2.0 Por Michel Seiner

Esta semana celebramos otro gran momento de la cocina peruana. Todo bien. Momentos para celebrar el buen trabajo, siempre. Sin embargo, los peruanos, y sobre todo, las peruanas, no estamos de ánimo demasiado celebratorio. La razón es sencilla, sin embargo, a veces nos es difícil aterrizarlo en nuestro entorno inmediato. Como si hacer el problema ajeno nos hiciera menos responsables de él. Lo cierto es que hay diez restaurantes peruanos en la lista de los Latam 50 Best Restaurants. 10. ¿Cuántos liderados por mujeres? Ninguno.

No nos mintamos. Muchos de estos espacios tienen un componente femenino pero ninguno es protagónico en términos públicos. O es de repostería, o es silencioso, o es una voz secundaria en la comunicación del concepto. La mayoría de las veces, simplemente no está. Es grave. Avancemos más en el debate. Si, supuestamente, en el mundo tradicional el reino de la mujer está circunscrito a las cuatro paredes de la cocina, ¿por qué el cocinero profesional reconocido es hombre? ¿Será que no es la cocina lo propio de la mujer en su rol tradicional sino la esfera privada? Más recientemente lo queremos ralentizar con un relativamente más sonado rol de apoyo. Es hora de que eso termine. No más el cerebro detrás de tal chef o el excelente complemento en repostería. Las queremos adelante. Las jóvenes cocineras que vienen detrás las necesitan adelante, como ejemplo, sin ser el complemento de nadie.

Sería lindo, dentro de todo, que sean solamente el reconocimiento, empoderamiento y ejemplo para futuras cocineras las consecuencias de resolver los problemas de género en nuestra industria. Pero como lo reseña The New Yorker hoy mismo, la estructura cuasi militar de una cocina, los niveles de estrés y proximidad física de unas con otros genera los incentivos perfectos para abusos. Debemos, por tanto, romper con estas estructuras para generar espacios donde las cocineras y otras trabajadoras de la industria puedan desarrollarse sin lidiar con el abuso en el día a día.

Finalmente, debemos pensar en las estructuras de la industria que tienen que ver con sus horarios y con lo que muchos ven como su naturaleza. Frases como “uno trabaja cuando todos se divierten” o “las horas son graves y no hay nada que hacer, si quieres mejores horas trabaja en otra cosa” marginan a las mujeres en mucho mayor medida que a los hombres. Así, genera un círculo vicioso de que las mujeres “no tienen la fuerza para lidiar con cocina”. Las soluciones aquí tienen que ir desde dos frentes. De un lado, nos toca a los hombres en casa hacer nuestra mitad para darle la chance a las mujeres de nuestras vidas a pelear puestos con sus pares hombres en igualdad de condiciones. Desde el otro lado, la empresa debe buscar la forma de generar flexibilidad para permitirles competir, con respeto por los embarazos, con el seguimiento serio, ordenado y comprometido de las denuncias.

La próxima vez que estemos entre los 50 best, celebremos orgullosos. Pero preguntémonos también si todos estamos celebrando por igual. No olvidemos que fue precisamente el mensaje de que todos y todas debemos celebrar la cocina peruana el que dio vida a ese boom gastronómico que llevó a la industria al lugar en el que está hoy. Si queremos seguir ahí, a la vanguardia, con México, Chile y Brasil, sigamos buscando que las fiestas y reconocimientos sean para todas y todos.

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