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Boom Gastronómico 2.0 Por Michel Seiner

La palabra emprendedor está muy en boga en el Perú de hoy. Todos quieren ser emprendedores o hacer productos para atender a los nuevos independientes. Los independientes tenemos tatuajes, andamos en bicicleta y, aunque estamos full, siempre tenemos un momento para el yoga o el tenis o algo. Más de moda que “emprendedor” está la palabra startup. Pero si de verdad queremos estar en la absoluta vanguardia en el Perú, podemos juntar todos los mundos cool y hablar de startup gastronómica.

Naturebox, compañía de suscripción de snacks saludables, ha levantado ya más de US$60 millones de inversionistas desde su lanzamiento en San Francisco. Hello Fresh y Blue Apron, denominadas meal kit companies, están valorizadas cada una en cerca de US$2,000 millones. En el Perú, el país de los cebiches, tenemos también startups de gastronomía. Desde los sistemas de software desarrollados específicamente para restaurantes hasta los enfocados en delivery.

He podido seguir muy de cerca el nacimiento y crecimiento de una de estas startups gastronómicas, quizás la más importante en el sector: Foodbox. Esta es una compañía que busca promover la cocina en casa. Así, siguiendo la tendencia de las meal kit companies como Hello Fresh y Blue Apron, te envía recetas de calidad de restaurante junto con ingredientes de primera para que puedas cocinar en casa como una estrella de Chef’s Table. El equipo fundador, liderado por la otra mitad de Seinauer & Cia, Michael Moldauer, trabajó a punta de comprometer recursos, horas, cabeza y demás para poder sacar la idea adelante. Hoy, los veo igual de comprometidos que siempre, un poco más grandes, habiendo ganado dos concursos específicos para startups, con más socios y más compromisos.

Sin duda, es muy gratificante verlos crecer y avanzar. Sin embargo, no puedo dejar de mirar atrás y ver todo lo que han sacrificado para llevar a sus compañías donde están hoy. Más de año y medio comprometiendo recursos propios, trabajando sin ninguna remuneración, poniendo en suspenso, quizás para siempre, su desarrollo profesional. Luego pienso en el “ecosistema” startup. Pienso en la burocracia pública y privada que participa del mundo de las startups “desarrollando” el sector. Pienso en cuánta falta le habrían hecho los recursos destinados a mantener esta burocracia a mis amigos emprendedores en sus momentos más complejos.

Luego pienso en la esperanzadora e inocente pasión que tienen por su proyecto y se me pasa.

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