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Boom Gastronómico 2.0 Por Michel Seiner

En el conocido cuento de HC Andersen, dos sastres embusteros logran persuadir a un vanidoso emperador de que pueden hacer maravillosas telas que se tornan invisibles para quienes son muy tontos o no están a la altura de sus cargos. Todos en el reino, por miedo a ser criticados como estúpidos o despedidos, no se atreven a decir que no podían ver esas ropas. Fue la inocencia de un niño, gritando a todo pulmón que el emperador estaba desnudo lo que finalmente delató a los embusteros y humilló a un reino paralizado por el qué dirán.

Sacha Baron Cohen, de otro lado, no es nada inocente. Sin embargo, en algo se parece a ese niño. En su programa nuevo, What is America? Presentó un segmento en el cual se burla del crítico Bill Jillia, editor del portal DinnerReviews.com, con su clásico humor ácido y socialmente crítico. De la forma que solo puede hacerlo Baron Cohen, cuya onda ya a veces ni es graciosa sino solo incómoda hasta para su público, se llama la atención sobre el punto al que ha llegado la alta cocina y todo lo que la rodea. Recordándonos el ruido que hay alrededor de esta, con sus listas, explicaciones, ingredientes de origen milimétricamente trazado, menús temáticos, series, documentales, etc., y de cómo a veces ese ruido ahoga voces tan básicas como “esto simplemente no está rico” que a su vez es son un paso muy previo a otras voces como las de “esto no vale 200 dólares”.

Es obvio que los grandes cocineros y la alta cocina tienen un lugar y una función. Si hacemos un símil con la moda, es fácil de entender cómo lo que se ve en las pasarelas no siempre se ve en las calles pero sí que lo informa. Es fundamental que haya propuestas de avanzada y un público para ellas. Pero eso no es esto que tenemos hoy. La crítica de Baron Cohen es válida por lo poderosamente honesta que es. La pena es que la honestidad viene desde un mundo alejado de la industria gastronómica. Dentro, la honestidad parece un valor muy escaso.

Sacha Baron Cohen, exageradamente claro, es nuestro niño inocente en el cuento de las ropas del emperador. La cosa ahora es esperar y ver qué hace el reino desde ahora en adelante.

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