MichelSeiner
Boom Gastronómico 2.0 Por Michel Seiner

Estas semanas estuve terminando de ajustar las aperturas de diferentes conceptos. Mercado 28, por ejemplo, o Mérito, o dando los últimos retoques a Statera. Con ocasión de estas ultimas me encontré con un par de ideas a las que regresaba en diferentes oportunidades. Ambas tienen que ver con el rol de las municipalidades para el desarrollo de la industria gastronómica en la ciudad. En una campaña municipal tan brutalmente aburrida, quizás desde acá hay algo que podemos aportar al momento de elegir.

En varias oportunidades nos preguntan cuál fue la mayor demora en sacar un proyecto adelante. Mi respuesta, en todos los casos, fue la misma: la licencia de construcción. Lo más grave es que, en general, los requisitos de seguridad, infraestructura, equipamiento y hasta los subjetivismos relativos a estética no fueron nunca un problema demasiado complejo. Los espacios para conversar y razonar siempre estuvieron con cuanta autoridad nos tocó. Ese nunca fue el problema. 

Sin embargo, donde sí tuvimos contratiempos fue en la revisión de cada solución, cada arista, cada cambio que implicaba una nueva sesión de Comisión de Arquitectura. Esta comisión que sesiona una vez por semana (por ejemplo, todos los martes), que puede no llegar a ver tu proyecto en una semana según su carga de trabajo, que contesta un viernes y que sesiona el siguiente martes, tiene la última palabra. Eso quiere decir que salvo que tus arquitectos sean robots, además de haber hecho voto de pobreza, no tengan vida de fin de semana y, encima, no tengan que usar tiempo para hacer su trabajo, esto es, pensar en las salidas que quieren plantear respecto de cada observación; cada “vuelta” de comisión dura de dos a tres semanas. Por ello, no es ninguna sorpresa que la aprobación de una licencia de obra sencilla pueda durar más de cuatro meses y la de un proyecto complejo de inversión más cuantiosa pueda durar hasta un año. 

Acá una propuesta electoral súper sencilla: que la Comisión de Arquitectura sesione todos los días o interdiario y que emita actas electrónicas notificadas en el día de sesión. Los tiempos de respuesta se acortarían a un tercio, sin cambiar ninguna norma ni ningún criterio objetivo. Sin duda las municipalidades tienen límites de recursos para asignarlos tan seguido, más aun cuando la comisión está conformada por independientes. Estoy seguro que entre los beneficios para el distrito, para el administrado y para la carga en la municipalidad misma, se puede distribuir el costo adicional entre los afectados sin ningún reclamo y, hasta quizás, en medio de felicitaciones.

Otra pregunta recurrente es cómo hacer para desarrollar nuevos proyectos y que pensemos en ubicaciones. Esto lo he escrito antes, pero vale la pena hacerlo otra vez. La restricción que vemos no es la renta, no es la ubicación en términos comerciales, no es siquiera un tema estético o de estrategia. Es tan sencillo como si cuenta con dotación de estacionamientos. Lo grave es que, vaya sorpresa, si tenemos éxito con nuestro restaurante nuevo, igual los parqueos no serán los suficientes. Y esto lo he escrito antes también, el cliente está dispuesto a hacerse responsable por su parqueo para ir a comer a un concepto que valga la pena. Eso sucede hoy, sea pagando parqueadores caros, yendo en formas alternativas como bicicleta, taxi, a pie, o hasta no yendo si estacionar no vale la pena. Es increíble que la mayor restricción comercial para la industria bandera del Perú sea la mala costumbre del propietario de un vehículo de querer que la ciudad le resuelva los costos que él genera a la sociedad por comprar un carro. 

Así que ahí van dos propuestas electoreras para estos debates. Todas parten desde una ciudadanía responsable. Facilitemos el cumplimiento de estándares municipales con un mejor servicio al inversor para que pueda cumplir sin buscar salidas “diferentes” y tengamos ciudadanos responsables que saben que tener un carro es su propio problema y no el del resto. 

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