AndrésZubiate
Boom Inmobiliario Por Andrés Zubiate

Estando a casi cuatro meses de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, las promesas electorales están de moda. Altos crecimientos del PBI, dramáticas reducciones en la inseguridad, erradicación de la corrupción. Hay promesas para todos los gustos.

La historia nos dice que las promesas más impactantes y atractivas son las menos realistas, pero ya estamos acostumbrados a ese juego en el que cualquier promesa irresponsable es válida. En la mayoría de los casos, estas promesas no se cumplen y los que las hicieron nunca más hablan del tema. ¿Alguien se acuerda del balón de gas a S/.12? Sí, algunos a quienes se lo prometieron. Y aunque sea, ¿hay alguna explicación de por qué no fue posible? Ni siquiera eso, ni siquiera un poco de dignidad o respeto para aquellos a quienes tales promesas convencieron.

Como nuestro marco legal hace muy difícil remover a un presidente o congresista, o fiscalizar el cumplimiento de sus ofrecimientos, los candidatos ofrecen y ofrecen las promesas más vendedoras, las promesas más irresponsables, y una vez que son electos, ¡tarea lograda! Este país necesita mejor calidad en su clase política, pero sin duda también mayor realidad de parte del electorado en el momento de evaluar las promesas de los candidatos.

Como ejemplo puedo mencionar a un candidato a alcalde en el norte del país cuyo principal argumento era que una vez elegido regalaría S/.500 a cada votante. Puedo entender que para mucha gente S/.500 represente casi un sueldo mensual, pero hay que mirar un poco más allá para darse cuenta de que una persona que pretende conducir su jurisdicción necesita tener más argumentos que la capacidad de regalar dinero, aunque fuera suyo.

También puedo dar otro ejemplo, uno peor y más reciente de una promesa irresponsable. En febrero de este año, el ministro de Vivienda hizo una declaración a la prensa en la que manifestó que “por el leasing o alquiler-venta se podrá acceder a una vivienda sin una cuota inicial, lo cual permitirá que más familias cumplan con el sueño de la casa propia. De entrar en vigencia la norma, serán 400,000 familias peruanas las beneficiadas” (Fuente: RPP, 25 de febrero 2015). Una cifra sin precedentes (y sin sustento), teniendo en cuenta que en el 2013, el mejor año del boom inmobiliario, a nivel nacional se vendieron aproximadamente 50,000 viviendas.

Luego, en junio de este año el gerente del Fondo Mivivienda, dijo que “en los siguientes 14 meses deberían entregarse entre 12,000 y 14,000 viviendas, y en los próximos dos años la ley de leasing debería alcanzar las 20,000 y 25,000 familias” (Fuente: Gestión, 30 de junio 2015). Bastante más mesurado.

Hace pocas semanas, el nuevo ministro de Vivienda asistió al Congreso para sustentar el presupuesto de su cartera para el 2016. En su exposición estimó que en el 2016 se venderían mil viviendas por el mecanismo de alquiler-venta y cien por leasing inmobiliario. Así como se lee: de 200,000, a 20,000, y finalmente a 1,100. En menos de nueve meses, menos de lo que dura un embarazo.

¿Qué pasó en estos nueve meses? La verdad es que nada nuevo. Las premisas son las mismas. La ley se promulgó y ya se reglamentó, pero el análisis sigue siendo claro: mecanismos como los mencionados –que ya existen en otros países– pueden ser válidos y exitosos, pero no son más que complementarios al producto principal de acceso a la vivienda, que es el crédito hipotecario.

Y para potenciar el crédito hipotecario hay que atacar la principal barrera que es la informalidad o irregularidad en los ingresos de los peruanos. Recordemos: el 70% de la economía de las personas en el Perú es informal/irregular. Éste sigue siendo el principal escollo.

Lo que sí pasó en estos nueve meses es que, con argumentos irresponsables como “adquiere tu vivienda sin pagar cuota inicial”, se creó una gran expectativa en familias que quieren un vivienda propia y que hoy no califican a un crédito. Y digo argumentos irresponsables porque hasta el día de hoy, y mientras el sistema financiero no desarrolle y promocione sus productos en línea con el leasing inmobiliario y el alquiler-venta, no es posible saber si alguno de tales productos permitirá adquirir una vivienda sin pagar cuota inicial. Demagogia pura. Y lo más probable, según dicen los entendidos, es que todos los programas requieran de algún tipo de cuota inicial. Quizás por eso las proyecciones son tan bajas para el 2016.

Y durante estos nueve meses, muchos desarrolladores inmobiliarios hemos visto cómo familias se acercan a mostrar interés por adquirir una vivienda “pero sin cuota inicial, como dicen en las noticias”. Como hasta hoy no existen los productos, entonces estas familias deciden esperar hasta que los nuevos mecanismos funcionen. Puede que sea una larga espera.

¿Qué hubiera sido lo responsable? Primero, consultar con el sistema financiero y los desarrolladores inmobiliarios. Segundo, esperar que la ley se promulgue, se reglamente y que los bancos desarrollen sus productos. Recién en ese momento, con reglas claras y con información precisa, comunicar y difundir.

Pero no se hizo así; se crearon grandes expectativas, se desaceleraron más las ventas y la gente sigue esperando. Y nadie da ninguna explicación.

Es responsabilidad de nosotros los electores no dejarnos impresionar por ofrecimientos y promesas milagrosas, y pensar si son realistas o no, para no generarnos expectativas. Y es responsabilidad de las autoridades públicas actuar responsablemente, pues algún día tendrán que rendir cuentas de su gestión.

Porque, como me dijeron alguna vez, a grandes expectativas, grandes decepciones.