AndrésZubiate
Boom Inmobiliario Por Andrés Zubiate

Quería escribir sobre mi esperanza que, habiendo renunciado el ministro Martín Vizcarra, renuncie también Edmer Trujillo, ministro de Vivienda. Se sabe que éste último llegó al MVCS por ser hombre de confianza de Vizcarra. Y se aseguró de gritar a los cuatro vientos que su encargo era el saneamiento, no la vivienda. No ha sido sino hasta que se diseñó el plan de Reconstrucción Con Cambios, que ha sido inevitable hablar de la vivienda.

Esto coincidía, además, con unas declaraciones recientes de la viceministra de vivienda, Carmen Cecilia Lecaros, en las que explicó que estaban “evaluando restituir subsidios a viviendas con precios que sean mayores a S/.153,900”. Era cuestión de tiempo. Se dieron cuenta que por debajo de los S/.153,900, por diversas razones, no se desarrolla mucho negocio, y que al eliminar los subsidios por encima de dicho límite, las colocaciones del Fondo Mivivienda se cayeron.

Esto coincidía también con el nombramiento de un nuevo presidente en el Fondo Mivivienda, un profesional con mucha experiencia en el sector privado y banca. Este es el momento de completar los cambios con un nuevo ministro. Es lo lógico, a nadie en la industria le cabe duda.

Sin embargo, nada sucede. No se oyen voces. ¿Por qué? Si es tan obvio… Lamentablemente lo obvio o lo lógico no necesariamente se cumple en el Perú. A pesar de la información disponible, no se toman decisiones de fondo, grandes decisiones estructurales que en el largo plazo generen bienestar y progreso en nuestro país.  ¿Por qué? Para responder tengo que cambiar de tema.

Desde el regreso a la democracia en 1980, el Perú ha tenido siete períodos presidenciales y seis diferentes presidentes: Fernando Belaúnde, Alan García, Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuckzynski (PPK).

Con la excepción de Belaúnde y Kuckzynski (hay que darle a éste último el beneficio de la duda), la gran mayoría de personas coincidiría en que los demás presidentes de esta lista han dejado mucho que desear.

El primer gobierno de García fue un desastre, y si bien nunca se la ha podido comprobar nada de corrupción, ha sido objeto de múltiples investigaciones y acusaciones por enriquecimiento ilícito y corrupción. Primera reflexión: me pregunto cómo se vive en París durante varios años sin empleo conocido.

El largo gobierno de Fujimori se caracterizó por dos cosas. Primero, por los grandes avances en materia de reinserción a la economía mundial y las importantes bases que se sentaron para el marco económico que permitió el desarrollo de la economía en los gobiernos posteriores. Segundo, por los graves escándalos de corrupción y delitos contra los derechos humanos. Hoy Fujimori está preso, recordemos, por casos de derechos humanos. Pero nunca se le pudo probar delitos de corrupción. Segunda reflexión: me encantaría saber cómo se hace, con sueldo de presidente, después fugado y sin trabajo, y luego preso, hacer estudiar a sus hijos en las mejores universidades de Estados Unidos.

El gobierno de Toledo fue gran afortunado, pues se benefició de las bases dejadas por Fujimori para cosechar la súper-favorable economía mundial. Hoy Toledo está fugado del país con dos órdenes de captura internacionales por el escándalo de corrupción de tramos de la Carretera Interoceánica y la novela de Ecoteva. Tercera reflexión: ¿Quién lo está protegiendo?

El segundo gobierno de García también supo capitalizar la positiva economía mundial y el súper-ciclo de los minerales. Pero, empezando por el caso de Fortunato Canán, los ‘petroaudios’ y todo lo que se está por saber, los sospechas no escasean y las investigaciones abundarán, sobre todo en la aparentemente difícil tarea de descifrar el significado de “AG” en las notas de Marcelo Odebrecht. Cuarta reflexión: Sigo sin entender cómo, en el caso de los indultos a narcotraficantes, está preso el que preparó los indultos (Facundo Chinguel), y no el que los firmó (AG).

El gobierno conyugal de los Heredia-Humala, que llegó con las mayores promesas de luchar contra la corrupción y erradicarla, probablemente pase a la historia como uno de los más decepcionantes y (presumiblemente) corruptos. Después de la primera fracasada campaña en la que perdieron contra Alan García, ya vivían como ricos. Es decir, antes de ser gobierno, las agendas indicarían un importante enriquecimiento. Las declaraciones de los involucrados en el caso Odebrecht, si confirman todas las sospechas, los sepultan. Quinta reflexión: los políticos que más predican ser pobres y luchar por los pobres son los que terminan siendo más ricos y llevando vidas de millonarios.

Con Fujimori preso, Toledo semi-preso, Humala y sus agendas en curso de colisión y AG complicado, existe una legítima posibilidad que dentro de unos años todos los presidentes peruanos entre 1985 y 2016 estén presos. 31 años de historia reciente absolutamente manchados de delincuencia.

Y si no sucede, igual éste será un capítulo en nuestra historia que será recordado con gran tristeza y también resentimiento. Sí, resentimiento, pues los líderes que prometieron ayudar a una población mayoritariamente pobre, sólo se dedicaron a su enriquecimiento personal. Y a toda costa. Y esta podredumbre no se limita a las posiciones más altas del poder. Pues como la impunidad es la regla, cualquier funcionario de rango medio ve cómo funciona la cosa, ve que no hay consecuencias, y se anima a pedir una coima.

La peor herencia de toda la podredumbre que está terminando de develar el escándalo de Odebrecht no serán los presos, sino la idea que ser corrupto puede ser un buen negocio porque las posibilidades de ir preso son muy bajas. Será la idea que la impunidad es más confiable que la justicia.

Y creo que así se explica por qué desde el Estado no se toman las decisiones realmente importantes, aquellas decisiones que el país reclama a gritos. Las grandes decisiones que se toman esconden detrás de ellas intereses personales, subordinados, que distan mucho del beneficio general de los peruanos. Esto explica por qué no tenemos seis líneas del metro, por qué las combis dominan las pistas, por qué se gastan fortunas en obras interoceánicas que nadie utiliza, por qué se gastan fortunas en refinerías que no necesitamos y por qué, como consecuencia de todo esto, la mayoría de peruanos no cuenta con una vivienda digna. En la vivienda no hay grandes negociados.

La corrupción es nuestro gran problema.

¿Cómo se soluciona todo esto? Pues a grandes problemas, grandes soluciones. Personalmente creo que la corrupción debe ser tratada con la máxima severidad. No sé si la experiencia de Singapur (donde la corrupción se llega a castigar hasta con la muerte) pueda ser aplicable aquí, pero cualquiera sea la forma, debe ser ejemplificadora. Es importante que su castigo disuada a otros de hacerlo. Es importante que antes de pedir o aceptar una coima, las personas recuerden al más reciente preso por corrupción que vieron en la TV.

Es la corrupción, que ha calado muy profundo en la estructura y el funcionamiento del país, la razón por la cual detrás de cada gran iniciativa hay oscuros intereses que distan mucho del bienestar y progreso de los peruanos.

Hay que terminar con la corrupción, a todo nivel, drásticamente y de manera ejemplificadora, para que las decisiones se tomen por las razones correctas, buscando el desarrollo del Perú y los peruanos.