AndrésZubiate
Boom Inmobiliario Por Andrés Zubiate

En el Perú estamos acostumbrados a algo poco común. Cuando cruzamos un puente nuevo, o alguna obra emblemática, hay una placa conmemorativa con el nombre del alcalde que la inauguró en letras gigantes. Un sello de producción. Y durante las campañas electorales, el principal argumento para ganar votos es la cantidad de obras que han ejecutado en sus gestiones anteriores. Alguno me dirá “pero los alcaldes ya no se pueden reelegir”. Sin embargo, ante la imposibilidad de reelección, ya algunos alcaldes están proponiendo a sus hijos o esposas como candidatos para sucederlos.

Por lo tanto, un alcalde en funciones trata de hacer la mayor cantidad de obras posibles, lo cual está bien. Pero en muchos casos, lamentablemente, favorecerá aquellas obras que él mismo, durante su gestión podrá inaugurar, salir en la foto e imprimir su nombre en una placa. Como consecuencia de ello, alguna vez hemos visto inauguraciones prematuras de obras que, sin estar terminadas, se inauguran “para la foto” antes que termine la gestión del alcalde de turno.

¿Por qué digo “lamentablemente”? Porque las obras deberían priorizarse no por su fecha de culminación (para salir en la foto), sino por su grado de importancia y urgencia. Se privilegia la losa deportiva que se construye en un mes, que la avenida que se construye en varios años.

Acercándonos a épocas electorales, las calles súbitamente están todas trabajándose, parchando huecos. Pero las obras realmente importantes y necesarias no se ven. ¿Qué pasa con la Vía Expresa Sur? ¿Qué pasa con la Vía Expresa de Javier Prado? ¿Con el túnel para salir de La Molina? ¿El by-pass en el Óvalo Monitor? Menciono éstos como ejemplos de obras que la ciudad reclama y necesita a gritos, pero que no se hacen; y todos los alcaldes involucrados, tanto distritales como metropolitanos, se tiran la pelota unos a otros.

Y para completar la figura habría que agregar a las obras importantes y urgentes, las obras impopulares. Aquí el mejor ejemplo es el de las Revisiones Técnicas Vehiculares, que debía garantizar el tránsito de vehículos en condiciones de seguridad y limitando la contaminación. Pero una vez reglamentado, regulado e implementado, bastó un plantón de 1,000 taxis en el Centro de Lima para convencer al alcalde de no continuar con la implementación ni la sanción. ¿Por qué sucedió esto? Porque era una medida tan impopular que la gran mayoría de los 180,000 taxis que circulan por Lima no volverían a votar por ese alcalde.

Entonces, el interés por ser reelecto (o que lo suceda algún allegado cercano), salir en la foto y no tomar medidas impopulares, deja a la ciudad y al país sin la ejecución de las obras que más necesita. Utilizo el ejemplo del transporte y vías porque el tráfico debe ser hoy uno de los principales dolores de cabeza que todos los limeños sufrimos día a día. Algunos datos:

  • La población de Lima según el censo de 2015 (porque los resultados del Censo 2017 no parecen ser confiables) era de 9,835,000, y crece a un ritmo de 1.3% al año.
  • El 2017 se vendieron más de 180,000 autos nuevos, 6.4% más que el año anterior. Y para el 2018 se espera crecer más del 4%.
  • En Lima circulan 180,000 taxis, de los cuales el 60% es informal. Eso significa 21.5 taxis por cada 1,000 habitantes. En Buenos Aires son 13; en Santiago, 4; y en México, 5.

En resumen, vivimos en una mega ciudad que no deja de crecer en población; con un parque automotor que no deja de crecer porque entran carros nuevos, pero no sale ninguno viejo; con el 60% de las pistas ocupadas por taxis. Si seguimos así vamos a colapsar pronto.

Se necesitan nuevas y mejores pistas para la cantidad de vehículos. Las ciudades más modernas están permanentemente construyendo y ampliando sus vías. Y no me refiero a parchar calles, sino a construcción o ampliación de autopistas, elevadas o subterráneas, públicas o concesionadas.

Se necesita regular la calidad de los vehículos que circulan por la ciudad, tanto por temas de seguridad como ambientales. Las revisiones técnicas son necesarias para que no anden vehículos en mal estado circulando por las calles como peligros rodantes. Y de paso se reduce el parque automotor.

Se necesitan más medios de transporte masivo modernos. Metros o trenes, elevados o subterráneos son alternativas más económicas y rápidas que autos o taxis.

Pero hay que reconocer que nada de esto es fácil, barato o rápido. Construir calles o autopistas es costoso y genera complicaciones en el tránsito mientras dura. Las revisiones técnicas generan mucho rechazo y son altamente impopulares. Implementar y construir sistemas de metros o trenes también es costoso y lento. Pero una mega ciudad como Lima no puede darse el lujo de no hacer nada de los mencionado. Si no lo hace, colapsará y la principal consecuencia de ello será el deterioro en la calidad de vida de casi diez millones de personas. No hay opción, tiene que hacerse.

Y, por lo tanto, lo que más se necesita son políticos y autoridades que no tengan miedo de iniciar esta gran transformación, por más costosa que sea, por más compleja que sea, por más impopular que sea, y aunque no vayan a salir en la foto de la inauguración. Hagamos lo importante sin tenerle miedo al largo plazo ni a las dificultades. ¡Empecemos ya!