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Por Caroline Gibu, Directora Ejecutiva de Ciudadanos al Día y panelista de CADE Ejecutivos 2016

 

Hace un par de días, una amiga pide referencias de empresas de mudanza; consigue una y le digo, “ojo, ya no requieres certificado de mudanza domiciliaria expedido por la comisaria para el traslado”. Otra amiga le dice “no te preocupes, todo el trámite ante la comisaria te lo hace la empresa de mudanza”. Yo insisto, “no, ya no se requiere el certificado, basta declaración jurada que incluya lista de bienes a trasladar, punto de partida y llegada”. Respuesta unánime “¿en serio?”.

El anuncio del Paquete Simplificador y la pronta publicación del Decreto Legislativo N° 1246 ha sido inesperado y en temas incluso tan cotidianos que generan incredulidad. Pero justamente son esos pequeños detalles cotidianos que van sumando y que hacen que muchos trámites en la administración pública sean engorrosos. El exceso de requisitos innecesarios y procesos poco predecibles se tragan literalmente nuestro tiempo y paciencia, y son combustible perfecto para tramitadores y corruptos.

Parece increíble también para el común de los ciudadanos, que nadie hubiese dado antes el paso tan sencillo de retirar por ejemplo la exigencia de la copia del DNI. Pero este pequeño paso es la consecuencia de varias buenas prácticas en diseño y perfeccionamiento de procesos y uso de tecnologías implementadas desde hace varios años atrás por organizaciones como RENIEC, SUNARP, MININTER, Policía Nacional y Poder Judicial, y de ello, en el Premio Buenas Prácticas en Gestión Pública de Ciudadanos al Día podemos dar fe.  Y es que, si hablamos de sumas, las buenas prácticas – en algún momento eventos aislados y propios de un innovador público – van sumando, agregando valor, generando aprendizajes, y potenciando oportunidades que con un buen liderazgo se pueden convertir en una política pública de modernización del Estado sostenible.

Seamos realistas. Estamos al inicio de un largo camino por recorrer -camino que esperamos sea cada vez más digital, más transparente y predecible para las personas-. Las instituciones públicas tienen que seguir revisando y digitalizando sus procesos, compartir información, pero, sobre todo, urge que los servidores públicos se comuniquen con los ciudadanos y piensen en ellos no como clientes exclusivos sino como clientes de una gran empresa que es el Estado: no basta reducir un trámite aquí y otro allá sino tener una visión de cadena de valor en la interacción entre el Estado – ciudadano.  Todo suma, para bien o para mal, y es el genuino liderazgo el que hará la diferencia.