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Lucia Acurio – CEO de Grupo EDUTEC

Todos quienes andamos dedicados a las tecnologías digitales nos seguimos rompiendo la cabeza intentando descubrir en qué medida sirven para que los estudiantes enfrenten de manera más efectiva los desafíos de aprender, pero, sobre todo, la manera en que éstas pueden convertirse en un gran aliado del docente para que su práctica diaria se aleje de ser poco más que un dictado de todo aquel contenido que debe cubrir en cada clase.

Ya son cerca de tres décadas las que han transcurrido desde que entraron las primeras computadoras a las escuelas, allá cuando en el MIT a Seymour Papert se le ocurrió que los niños podrían -guiados por sus profes-, construir cosas maravillosas con ellas, usando el lenguaje logo de programación que inventó. ¡Y claro que pudieron! En países como Costa Rica, que siguió fielmente a este inventor y pionero, fueron sacando generaciones y generaciones con pensamiento computacional.

El problema es que, en alguna parte de la historia de la educación digital en la escuela, eso de “los niños son nativos digitales”, “nacen con la tecnología bajo el brazo”, o mejor aún “mi nieto de dos años es un genio de los videojuegos”, lo único que originó fue una ilusión óptica con catastróficas decisiones, al confundir el hábito de consumir tecnología con la capacidad de desarrollar competencias propiamente digitales. En conclusión: una década oscura en la que se retiró de los planes de estudio la educación digital.

El reto es distinguir entre lo que podemos hacer “con las tecnologías” y “aprender de tecnologías” es decir, aquello que tienen que incluir y aprender las nuevas generaciones.

Con éstas podemos aprender mejor y en menos tiempo las ciencias, las matemáticas o el idioma inglés. Con éstas podemos acceder al contenido en cualquier lugar y momento. Muchos usos y muchas estrategias posibles para aprender mejor de la mano de las tecnologías.

Para abordar esa otra cara, la de aprender de tecnologías, de algoritmos, de inteligencia artificial, de realidad aumentada, internet de las cosas y otras cosas más, tenemos que volar a la velocidad de las transformaciones exponenciales, para traer de vuelta eso que el maestro Papert nos enseñó: que la escuela debe ser aquel espacio que invita a la imaginación para pasar de la indagación, las preguntas, las ideas, los errores y los sueños; a las soluciones,  las propuestas innovadoras y los diseños de un mundo mejor.

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