Miguel AngelGarcía
Competitividad y pymes Por Miguel Angel García

En los días recientes hemos escuchado que el Perú ha caído cinco posiciones en el ranking de competitividad que publica anualmente el Foro Económico Mundial. Dicho documento, titulado Reporte de la Competitividad Global 2017 – 2018, señala que los factores más problemáticos para poder realizar negocios en el Perú son la corrupción, la burocracia gubernamental, la inadecuada infraestructura, el insuficiente capital humano, entre otros.

Podría ir inmediatamente a realizar un análisis de estos resultados pero considero más valioso que primero vayamos un paso atrás y reflexionemos de por qué es importante que la competitividad sea una prioridad en la agenda nacional, de tal manera que no solo hablemos de ella cuando se publican estos ranking de competitividad. Es nuestra pasividad en este campo, tanto en el sector público como privado, la que nos está trayendo estos resultados.

¿Qué es la competitividad?

Para iniciar esta reflexión sobre la competitividad, primero debemos preguntarnos a qué nos referimos con esta palabra. Existen diversas definiciones al respecto, sin embargo, una que me parece muy adecuada es la que propone justamente el Foro Económico Mundial, quien define a la competitividad como “el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país”[1].

La palabra clave de dicha definición es productividad, entendida como la cantidad producida por unidad de algún factor de producción, que puede ser trabajo o capital, es por ello, que usualmente hablamos de la productividad del trabajo, es decir, la cantidad producida por trabajador. Si la competitividad de un país mejora, la productividad aumenta, y como veremos más adelante, es fundamental en el desarrollo de un país como el Perú.

Michael Porter, profesor de la Universidad de Harvard, realiza también una definición interesante de la competitividad. Porter señala que “una nación es competitiva si esta crea las condiciones para que ocurran dos cosas simultáneamente: (1) los negocios que operan en dicho país pueden competir exitosamente en los mercados nacionales e internacionales, mientras (2) se mantienen y mejoran los salarios y calidad de vida del ciudadano promedio”[2].

Es decir un país no es competitivo si para ofrecer precios atractivos de sus productos tiene que sacrificar los salarios o la calidad de vida de sus ciudadanos. Aquellos países que atraen inversiones simplemente por el hecho de tener mano de obra barata y que no necesariamente cumplen con ciertas normas laborales básicas, no necesariamente podrían ser considerados competitivos.

Otra vez el concepto de productividad aparece en esta definición, aunque implícitamente, ya que para que un país o economía pueda cumplir estas dos condiciones debe necesariamente incrementar su productividad.

La competitividad como prioridad en la agenda nacional

Ahora que entendemos qué es la competitividad y su relación con la productividad, debemos preguntarnos por qué debe ser una prioridad para el Perú:

No cabe duda que uno de los principales objetivos nacionales con miras al bicentenario de la república es la reducción de la pobreza que aun persiste en nuestra sociedad, siendo actualmente del 20.7%. Una de las acciones que buscan reducir dicha tasa de manera sostenible es a través de la creación de puestos de trabajo.

Pero quienes crean los puestos de trabajo en una economía de mercado son las empresas, no el Estado, y solo las empresas invertirán en un país donde resulte rentable hacerlo. Los que hayan llevado clases de microeconomía recordarán que, asumiendo todo lo demás constante, las empresas contratarán más trabajadores o invertirán en capital (ej. maquinaria, instalaciones, etc.) si es que las productividades de estos factores de producción (capital y trabajo) aumentan.

Sin embargo, la productividad del trabajador no solo dependerá de su pericia en el oficio y la productividad del capital tampoco dependerá solamente de cuán sofisticada es la maquinaria adquirida, sino también de las condiciones del país en el cual se encuentra la empresa. A este grupo de condiciones, que incluye a la macroeconomía, la infraestructura, la eficiencia del Estado, la estabilidad política, entre otras, lo llamamos competitividad. De allí, su gran importancia.

Por lo tanto, si el país tiene problemas en su competitividad, por ejemplo, tiene carreteras en mal estado o resulta muy difícil conseguir licencias o permisos, a las empresas les resultará más difícil producir y ofrecer sus bienes y servicios, conllevando a que la productividad del trabajo y del capital disminuyan. Como consecuencia, las empresas contratarán menos trabajadores o invertirán menos en capital.

Un ejemplo real que ilustra bien lo que acabo de explicar es por qué algunos proyectos de parques industriales en el Perú no despegan. Pese a las facilidades tributarias que pueda dar el Estado, las empresas no se mudan a dichos parques porque simplemente las condiciones de competitividad no son favorables: vías de acceso inadecuadas, insuficiente personal capacitado en la zona, alto costo de la energía, entre otras. Estas empresas perciben que la productividad del trabajo y el capital serían bajas debido a esas precarias condiciones, por lo que deciden no mudarse allí.

Es por ello que tanto el sector público como privado deben trabajar conjuntamente para mejorar este conjunto de condiciones al cual denominamos competitividad. Su relación con la productividad es fundamental y, tal como ha señalado el Premio Nobel, Paul Krugman, es la productividad la determinante en el desarrollo económico de los países. En palabras de Krugman: “La productividad no es todo, pero en el largo plazo, es casi todo. La habilidad de un país para mejorar su estándar de vida a lo largo del tiempo depende casi completamente de su habilidad de incrementar su producto por trabajador”[3].

Reflexión final

Sin duda, existen otros ángulos desde los cuales se puede evaluar la importancia de la competitividad, como también se pueden incorporar más elementos que vuelvan más complejo el análisis. Sin embargo, considero que este ejercicio cumple su objetivo de hacernos reflexionar sobre la urgencia de ponernos a trabajar en esta área.

En ese sentido, resulta natural preguntarnos por qué al parecer el gobierno no le ha dado a la competitividad la prioridad que le corresponde. Incluso el propio expresidente del Consejo de Ministros, Fernando Zavala, señaló, poco antes de dejar el cargo, que la agenda de competitividad no fue prioritaria durante el primer año de gobierno. De la misma forma, el sector privado tampoco habría hecho su parte, ya que la principal causa de la caída de la competitividad han sido los escándalos de corrupción cometidos por ciertas empresas.

Toda crisis implica una oportunidad, por lo que este descenso en el ranking debe ser visto como un punto de partida para establecer prioridades y pensar en las reformas necesarias. En los próximos posts de este blog, procederé ya a analizar las áreas en las cuales más hemos retrocedido según el reporte y a explorar las políticas y acciones correctivas que se podrían realizar al respecto.

[1] Foro Económico Mundial (2016), ¿Qué es la competitividad? Recuperado de https://www.weforum.org/agenda/2016/09/what-is-competitiveness/

[2] Porter, M. E., Rivkin, J. W., Desai, M. A., Raman, M. (2016), “Problemas no resueltos y una nación dividida”, Harvard Business School, pág. 8

[3] Krugman, Paul (1994), “La era de las expectativas limitadas”