Miguel AngelGarcía
Competitividad y pymes Por Miguel Angel García

Fuente imagen: www.congreso.gob.pe

Desde la informalidad en las calles hasta la corrupción en contratos millonarios se dice que nuestro país adolece de una debilidad institucional. Las reglas se rompen y más bien se busca imponer las propias, como por ejemplo, cuando se toma la vía auxiliar en la Panamericana Sur.

Esta debilidad institucional no solo se da en el tráfico o en la economía, sino incluso en la política. Se señala, por ejemplo, que el ruido político del último año es en parte responsable de nuestro pobre crecimiento económico. Esta preocupación por nuestras instituciones viene creciendo, es por ello que incluso el CADE último se tituló “no más cuerdas separadas”, en referencia a que el aspecto institucional y político no debe ser ajeno al económico.

Sin embargo, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de institucionalidad? ¿Cuál es su conexión con la economía y competitividad de un país? ¿Qué reformas urgentes se requieren en el caso del Perú? Buscaré responder a estas preguntas en las siguientes líneas.

¿Qué es la institucionalidad?

 

Douglas North, Premio Nóbel de Economía de 1993, define a las instituciones como “las reglas de juego en una sociedad o, más formalmente, son las restricciones creadas por la humanidad para regular las interacciones entre sus miembros” (North, 1990). En ese sentido, las instituciones en un país pueden ser tanto formales como informales, es decir, una institución puede ser su constitución política, como también lo puede ser la regla implícita de no llamar por teléfono a alguien después de las 9 o 10 de la noche. En pocas palabras, las institituciones cumplen el rol de orientarnos a cómo interactuar en sociedad (Ibíd).

La institucionalidad tiene una estrecha vinculación con el desarrollo económico de un país ya que influyen sobre los costos de transacción entre los agentes económicos. Es por ello que tanto los rankings del World Economic Forum (WEF) como del Banco Mundial (Doing Business) consideran a las instituciones como un elemento fundamental de la competitividad. Por ejemplo, el WEF incluye indicadores de propiedad intelectual, protección al inversionista, independencia del poder judicial, carga regulatoria, entre otras. Cabe destacar que entre las distintas instituciones, los derechos de propiedad cumplen un rol relevante ya que contribuyen a determinar la división y especialización del trabajo (North, 1990).

Un experimento natural que muestra justamente la importancia de las instituciones, específicamente los derechos de propiedad es el caso de Sudáfrica en el siglo XIX. En un estudio realizado por Liam Brunt (2007) se observa que cuando los británicos tomaron el control de Colonia del Cabo (Sudáfrica) fortalecieron los derechos de propiedad sobre las tierras, dándole más seguridad a los propietarios. Como resultado, se invirtió más en sistemas de irrigación y otro capital fijo, lo cual a su vez incrementó la tasa de producción de la región, a tal punto que incluso llegó a cuadruplicarse. En resumen, las instituciones contribuyeron al desarrollo económico de dicho país.

La institucionalidad en el Perú

Ahora que comprendemos la importancia de las instituciones, cabe preguntarnos ¿cómo va la institucionalidad en el país? ¿Contribuyen nuestras instituciones al desarrollo económico? De acuerdo al World Economic Forum, el Perú se encuentra en el puesto 116 de 137 países en cuanto a institucionalidad, es decir estamos a la cola. Específicamente nos encontramos atrás en aspectos tales como derechos de propiedad (109), carga regulatoria (131), arreglo de disputas (129), comportamiento ético de las empresas (121), entre otros. En resumen, nuestras instituciones actualmente no contribuyen a elevar la productividad de nuestra economía.

Sin embargo, para poder reformar estas instituciones se requiere ir un paso atrás. Tal como señalan Acemoglu y Robinson (2008), quien fue mi profesor en la Universidad de Chicago, las instituciones económicas son el resultado de las instituciones políticas y cómo se distribuye el poder en una sociedad. En otras palabras, las reformas se pueden realizar solo si las instituciones políticas contribuyen a ello. El ejemplo más claro es la postergada reforma laboral: los gobiernos no han podido impulsar los cambios necesarios debido a que no han contado con el respaldo político suficiente.

También en ese mismo sentido, cuando no existen instituciones democráticas sólidas, por ejemplo, cuando existen temores de un golpe de Estado, los agentes económicos evitan tomar decisiones de inversión ya que temen que las reglas de juego, es decir las instituciones económicas, cambien. Este punto nos lleva a lo mencionado al inicio de este artículo: la institucionalidad y la política no pueden ir separadas de la economía. No más cuerdas separadas.

¿Cómo fortalecer nuestra institucionalidad política?

 

Ya que ahora entendemos la importancia de las instituciones y su fuerte vinculación con la política, cabe preguntarnos ¿cómo lograr para que nuestros políticos fortalezcan nuestra institucionalidad?

Parafraseando a Milton Friedman, Premio Nobel de Economía de 1976, ‘más importante que elegir a las personas correctas es lograr que hasta las personas incorrectas hagan lo correcto’.En otras palabras, nuestro sistema político debería tener los controles e incentivos que lleven incluso a los malos políticos a trabajar por el bien común.

Una forma de lograrlo, tal como señalan Ganoza y Stiglich (2015), es contar con partidos políticos sólidos y estables que castiguen o expulsen a aquellos miembros que por sus malos actos pongan en peligro la supervivencia del propio partido. Para ello se requiere mejorar la legislación electoral y de partidos, la cual promueva la formación de partidos de alcance nacional, con una verdadera representatitividad y sin una visión cortoplacista u oportunista. En resumen, necesitamos partidos de verdad y no solo agrupaciones políticas.

La tecnología también puede ser una aliada en esta reforma. Aplicando una ambiciosa política de datos abiertos y utilizando tecnologías de big data, machine learning, entre otras, se puede identificar hechos de corrupción. La automatización de ciertos procesos dentro del Estado también permitiría evitar prácticas ilegales dentro del aparato estatal.

Reflexión Final

 

¿Es posible reformar nuestras instituciones? De acuerdo al Profesor Robinson resulta muy difícil. Sin embargo, soy más optimista. Los peruanos hemos logrado implementar y fortalecer instituciones muy importantes tales como la independencia del Banco Central de Reserva y una disciplina fiscal que, salvo excepciones, hemos logrado mantener.

Sin embargo, hay que reconocer que estas instituciones se crearon en momentos de una profunda crisis económica y social. Tal como me comentaron funcionarios de un organismo multilateral encargados de monitorear la competitividad global, en su propia experiencia estas reformas suelen avanzar en momentos de inestabilidad y coyuntura.

Mejoremos nuestras instituciones políticas y económicas ahora, para no esperar que una fuerte crisis nos obligue a hacerlo.

– MIGUEL ANGEL GARCIA PAZ. Sígame en Twitter aquí.

Email: magarcia@ucsp.edu.pe

Bibliografía

Acemoglu, Daron y Robinson, James (2008), The Role of Institutions in Growth and Development, The International Bank for Reconstruction and Development / The World Bank, Washington DC

Brunt, Liam (2007), Which institutions matter for economic growth?, Vox CEPR’s Policy Portal. Recuperado de https://voxeu.org/article/which-institutions-matter-economic-growth

Ganoza, Carlos y Stiglich, Andrea (2015), El Perú está calato, Planeta, Lima

North, Douglas C. (1990), Institutions, Institutional Change and Economic Performance, Cambridge University Press, New York

Schwab, Klaus (Editor) (2017), The Global Competitiveness Report 2017 – 2018, World Economic Forum, Ginebra

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