Dino CarlosCaro Coria
Compliance 3.0 Por Carlos Caro

“La Creación de Adán”, Miguel Angel (1511), Capilla Sixtina.

Sapiens, de animales a dioses (2013), y Homo Deus, breve historia del mañana (2015), los famosos libros de Yuval Noah Harari, Profesor de Historia en la Universidad de Jerusalén, sintetizan más 13.500 millones de años de evolución de la materia y la energía, incluyendo el carbono, el género Homo, el Neandertal, así como al Homo Sapiens y sus recientes revoluciones científica (500 años atrás) e industrial (hace 200 años). En pocos siglos, solo recién hemos transformado el mundo, el entorno, la geografía, incluso las especies, pero el ser humano no se ha transformado a sí mismo, tenemos casi los mismos cuerpos que el primer sapiens. Pero debido a la vertiginosa evolución de tres ingenierías, el futuro parece mostrarnos otra dirección, con la ingeniería biológica, la ingeniería ciborg y la inteligencia artificial, la selección natural será intervenida o incluso reemplazada por el diseño inteligente, seremos reemplazados o renovados a algo distinto, concluye Harari. Es el fin del homo sapiens, al menos como lo conocemos ahora, la sustitución de la inteligencia del carbono por la inteligencia de silicio, por entidades.

Según el informe “Preparing for the Future of Artificial Intelligence” de octubre de 2016, de la Executive Office of the President National Science and Technology Council Committee on Technology de la Casa Blanca, y siguiendo a Russell/Norvig (Artificial Intelligence: A Modern Approach, 3ª ed, Pearson, UK 2010, pg. 2-5), puede reconocerse hasta cuatro tipos de Inteligencia Artificial: 1) sistemas que piensan como humanos (por ejemplo, arquitecturas cognitivas y redes neuronales); 2) sistemas que actúan como seres humanos (por ejemplo, pasan el test de Turing a través del procesamiento del lenguaje natural; representación del conocimiento, razonamiento automatizado y aprendizaje); 3) sistemas que piensan de manera racional (por ejemplo, solucionadores lógicos, inferencia y optimización); y, 4) sistemas que actúan racionalmente (por ejemplo, agentes de software inteligentes y robots incorporados que logran objetivos a través de la percepción, planificación, razonamiento, aprendizaje, comunicación, toma de decisiones y actuación).

Pero la aproximación del Derecho y el Compliance a la inteligencia artificial, es aún demasiado conservadora porque suele ceñirse a una relación de medio a fin, el legal tech o el digital compliance se enfocan apenas en la optimización de procesos mediante la inteligencia artificial. Normalmente se piensa en como el machine learning y sus algoritmos pueden, como Watson (IBM) o Sophia (Hanson Robotics), aprender de la conducta humana, procesar la big data y facilitar soluciones razonables en tiempo real. El error de partida radica en considerar que existe “una” inteligencia artificial y concentrarse solo en las aplicaciones más conocidas o comerciales, es decir la inteligencia artificial restringida, soft o limitada, la de aplicaciones móviles como Siri, o la inteligencia artificial media, como la de los autos inteligentes o la ya aprobada en Estonia para sentenciar casos menores, los jueces robot del proyecto Velsberg.

De este modo se deja de poner atención al desarrollo de esa inteligencia artificial más bien profunda que, en el marco de la big data y el internet de la cosas (IoT), el Dataísmo para ser más específico, nos ubica en la ruta de la singularidad, ese estado de evolución del diseño inteligente en el que éste se reconoce a sí mismo, el ente cobra autoconciencia, tiene una representación de sí mismo, es un momento similar a “La Creación de Adán” de Miguel Angel (1511), solo que en este caso el dedo de Dios dará paso a un dedo inteligentemente diseñado, es el tránsito del algoritmo biológico al algoritmo electrónico.

Es momento de abandonar, metafóricamente hablando, las visiones analógicas del Derecho y el Compliance, y dar cabida, ocuparnos de este nuevo mundo. Más que pensar en el mejor algoritmo para descubrir los fallos de un sistema de compliance o en la mejor aplicación para la revisión de contratos por retail, es momento de concebir, delimitar y regular nuevas realidades como la personalidad digital, la identidad digital, la intimidad digital, el alfabetismo digital, la cibercriminalidad, la manipulación, o el uso y abuso de la big data, de lo que da cuenta por ejemplo la más reciente guerra comercial entre EEUU y China (Huawei) por el acceso y control de la tecnología 5G, y a la que acaban de sumarse los dos vecinos más grande de Silicon Valley, Facebook y Google, una batalla sin fronteras, sin Estados, sin ideologías, por el control del poder de la información, la representación más actual del poder de todos los tiempos.

Y es que hay un punto de partida en común que es la piedra angular para confinar los riesgos de un mundo digital sin límites, y es el dato, la data personal, corporativa, estatal, colectiva o individual, desde el recojo y registro, pasando por su transmisión y procesamiento, hasta llegar a los productos intermedios o finales que implica la construcción de inteligencia, inteligencia artificial, inteligencia diseñada. No es por ello casual que una de las tendencias más poderosas del compliance en Europa haya venido de la mano del Reglamento General de Protección de Datos,  Reglamento (UE) 2016/679 del Parlamento Europeo y del Consejo de 27.4.16, y que modestamente reconoce que “La tecnología permite que tanto las empresas privadas como las autoridades públicas utilicen datos personales en una escala sin precedentes a la hora de realizar sus actividades”. Una declaración bastante tardía, una regulación seguramente ya desbordada en tiempos en que la big data no parece sino tener vida propia y estar camino a una inteligencia artificial con singularidad y autoconciencia.

LinkedIn