ÁlvaroZapatel
Con P de Princeton Por Álvaro Zapatel

Gerrymandering. Es muy probable que el concepto le resulte extraño, estimado lector, aunque es posible que pase a ser parte de nuestro vocabulario político a raíz del “paquetazo” de reformas constitucionales planteado por el presidente Martín Vizcarra y sobre el que muy probablemente tendremos que votar en diciembre.

El concepto, acuñado hace más de 200 años en Boston, EEUU, hace referencia al apellido de quien fuera gobernador de Massachusetts, Elbridge Gerry, y a la palabra salamander o salamandra. ¿El motivo? Este gobernador fue el primero en redistritalizar una región o Estado con el objetivo de agrupar, premeditada y estratégicamente, mayorías de militantes de su partido en cada distrito con el propósito de ganar la próxima elección legislativa y obtener la mayoría de representantes y senadores en dicho Estado. La referencia a las salamandras responde a que, curiosamente, las figuras que se crean a partir de estas redistritalizaciones asemejan las de unas salamandras o lagartijas en el mapa.

(Fuente: imgur.com)

Actualmente, cada 10 años se lleva a cabo una redistritalización en EEUU con el objetivo de asegurar equidad en el acceso a representación política debido a que las poblaciones cambian, y por ende, sus preferencias políticas también. Sin embargo, este proceso, tal y como en 1812, continúa sujeto a manipulaciones políticas para favorecer a los gobiernos de turno e inclinar la balanza para el partido de gobierno. Por ejemplo, en el 2012, los demócratas de Pensilvania obtuvieron el 51% de todos los votos a nivel de todo el Estado. No obstante, por la manera en que se diseñaron los distritos, sólo obtuvieron 5 de 18 plazas congresales. Los distritos se diseñaron en función a bolsones que favorecieran a los republicanos, dejando a los demócratas dispersos en distritos y estructuralmente en desventaja electoral.

Hay muchos esfuerzos desde la academia y la tecnología para resolver este problema. Por ejemplo, el profesor de biología molecular y especialista adjunto en neurociencias en la escuela de gestión pública de la Universidad de Princeton, Sam Wang, ha diseñado un software que, a través de algoritmos, pueda predecir potenciales escenarios de inequidad en el acceso a la representación electoral y reducirlos. Este sistema permitiría que los distritos se reconfiguren mitigando escenarios de potencial inequidad y abriendo oportunidades electorales para los partidos en contienda. Aunque, este tipo de reformas depende del Congreso que, finalmente, se beneficia del sistema vigente. Evidentemente, en ese contexto se asemeja mucho a la situación peruana.

Esta método de georreferenciación, similar al GIS (Geographic Information System) Mapping Technology, podrá tener aplicaciones que se extrapolen de lo político, brindando información actualizada sobre las poblaciones y su movilidad. Ello vendrá de la mano con el mapeo de gustos y preferencias que, más allá de brindar equidad al juego político, también presentará oportunidades de negocio y comerciales. No obstante, cabe precisar que, tras el escándalo de Cambridge Analytica y Facebook, el uso de estos datos requerirá de un control mucho más sensible. No obstante, ésta debiera ser una gran oportunidad para innovar en el sector tecnológico peruano y contribuir al desarrollo de software con finalidades de servicio público pero también con mucho atractivo para el sector privado.

Volviendo al caso peruano, Vizcarra plantea configurar micro y macro distritos para las elecciones legislativas, tomando en cuenta un Congreso bicameral. La idea, auspiciosa en principio porque permitiría una dinámica más cercana entre representantes y electores, deja abierta la interrogante sobre cómo se diseñarán estos. Asimismo, no se sabe si estos se reconfigurarán a medida que pase el tiempo y los distritos, con sus poblaciones, cambien.

Preguntas como éstas son importantes y requerirán respuestas argumentadas desde el Ejecutivo y Legislativo, ya que se corre el riesgo de dejar este diseño distrital al antojo de apetitos electorales que perjudiquen a la población y por ende, a la representatividad democrática. Propuestas como el uso de algoritmos y software nos pondrían a la vanguardia en un proceso que, llevado con prudencia e inteligencia, podría ser un gran legado de esta reforma política y que incluso podría traer oportunidades comerciales. De lo contrario, corremos el peligro de que con lo único que nos quedemos sea con “Vizcarrartijas”.