CarlosBasombrío
Contrapeso Político Por Carlos Basombrío

Desde hace una semana, fuertemente impactados por la incontenible caída en las encuestas y preocupados por los inevitables efectos políticos de la desaceleración económica, diversos personajes del gobierno -que hasta hace poco descalificaban frontalmente a todo aquel que pudiese discrepar de sus puntos de vista- han llamado al diálogo a los distintos sectores de la oposición.

Lo ha hecho Juan Jiménez, quien ocupa el cargo del Premier, y también Pedraza, desde el ministerio del Interior. Este último, que a lo largo de su agitada y controvertida gestión no ha hecho sino decir que salvo él todo es ilusión y que ninguno de los que estuvo antes hizo nada por la seguridad, ahora que su gestión agoniza, anuncia la convocatoria a todos los que lo precedieron para recibir opinión sobre qué hacer en el sector. ¿No es ya un poco tarde, señor ministro?

Pero igual la iniciativa de crear un espacio de menos confrontación y sentarse a conversar para llegar a consensos mínimos sobre algunos temas de gran interés nacional, no sólo es importante, sino que comienza a volverse imprescindible. Ello se puede hacer respetando los roles de gobierno y oposición, unos manteniendo la necesaria fiscalización de la gestión actual y otros, el derecho a  investigar pasadas conductas indebidas.

Ahora bien, el gobierno carece de los interlocutores capaces para realizar bien esta labor, no sólo porque tenemos un gabinete tremendamente desgastado, sino porque -políticamente hablando- con Juan Jiménez no tenemos ni tuvimos nunca un Premier. Es revelador que un mísero 16% de la población lo apruebe (13 puntos porcentuales menos que la aprobación de Humala) y quizás lo es más todavía que a estas alturas de su gestión no sea conocido por casi el 30% de los peruanos.

Es que estamos en un esquema de gestión donde la figura del premierato se ha diluido, ya que la función la ejerce de facto la primera dama, quien por razones obvias no podría encargarse de ese diálogo nacional con las distintas oposiciones -las de izquierda y las de derecha, cada una a su modo hoy muy beligerante.

Para poder iniciar esta nueva etapa, y más todavía para llevar a buen puerto lo que el gobierno promueve, se necesita que quien asuma la función tenga peso político propio, que no dependa del favor del presidente para existir políticamente, que aporte algo personal, nuevo y consistente al gobierno. Evidentemente algo que no expresa Jiménez, ni tampoco los dos o tres ministros que mal ocultan su ambición de sucederlo. Ejemplos de lo que se necesita: Pérez de Cuellar con Paniagua, Roberto Dañino, Beatriz Merino y PPK con Toledo, Del Castillo con Alan García y Salomón Lerner con Humala.

Se necesitaría, pues, un relanzamiento del gobierno. Algo así como un segundo debut para enfrentar un momento que parece venir bravo a nivel político, económico y social.

¿Tendrán la sabiduría política Nadine y Ollanta para atreverse a poner gente con más experiencia que ellos y beneficiarse de lo que traigan al gobierno?

Ojalá que sí. Un gobierno políticamente aislado no es la mejor alternativa para manejar una situación económica que por primera vez en varios años se torna difícil.