MarcialOrtiz de Zevallos
Conversemos turismo Por Marcial Ortiz de Zevallos

¿Fue el primer gobierno de Alberto Fujimori, con la desregulación del transporte peruano, el precursor de Airbnb y la “informalización” del sector hotelero mundial? Qué pregunta más tonta. Obviamente no, no tienen absolutamente nada que ver. No hay nada que los una, salvo, tal vez, que ambas ideas se concibieron cerca del Pacífico, pero aun así, en contra de lo que he dicho, no puedo evitar trazar paralelos cuando pienso en los hospedajes afiliados a Airbnb y las ‘combis‘. Reflexiono un poco, tomo distancia y veo por qué. Es que tanto las ‘combis’ como estos “hospedajes” representan para mí el epítome de la informalidad teñida de ingenio y pujanza, la antítesis de la regulación. Asimismo, ambos fenómenos, aparte de ser abanderados del no intervencionismo, parecen tener efectos muy positivos que conllevan a muchos a defenderlos y endorsarlos sin hacer ningún análisis. Y no los culpo. ¿Acaso no es una bondad que se masifique un servicio y se abaraten los costos? Creo que todos pensamos que sí, pero también hay que ver los efectos negativos de largo plazo. Respecto de las ‘combis’, me abstengo de comentarios. En el caso de Airbnb, que afecta el turismo, materia de este blog, me pregunto ¿Es positiva la desregulación del sector hotelero? ¿Cuáles son los pros y contras de un Airbnb sin restricciones? ¿A fin de cuentas, es bueno Airbnb?

Veamos, primero explicaré cómo funciona esta empresa que tiene más de tres millones de hospedajes registrados en aproximadamente 200 países. En resumen, Airbnb ha creado una plataforma virtual que facilita la interacción entre la oferta y la demanda de inmuebles para el alquiler de corto plazo. De esta forma el propietario de un predio ya sea en Madrid, Miraflores o Chiclayo puede “colgarlo” en este motor de reservas y acceder a millones de potenciales clientes (turistas) que evalúan el precio, el puntaje del host o dueño, la ubicación, la limpieza, entre otros factores antes de apretar el botón “reservar”. Tal como lo haría cualquiera para reservar una habitación de hotel.

Hasta ahí, nada raro, nadie va levantar una bandera roja, salvo qué, como algunos hacemos, piensen que este mecanismo no es más que el medio que ha informalizado gran parte del sector hotelero. ¿Por qué? Pues porque el resultado de esta plataforma ha sido el establecimiento de millones de hospedajes sin regulación. Este es el primer punto que creo habría que elaborar. ¿Brindan estos anfitriones virtuales un servicio de hospedaje que nadie regula? Yo creo que sí. Es más, me arriesgaría a decir que tomar una posición distinta sería como argumentar que las ‘combis’ no son transporte público. Es que tanto el modo de arrendamiento, así como los servicios conexos que brindan son iguales a los que brindan los hoteles. Los anfitriones inclusive pueden “vender” una amplia gama de servicios adicionales que van desde la limpieza diaria, hasta traslados entre el aeropuerto y el predio, pasando por masajes y clases de “crecimiento espiritual”, obviamente, por un cobro extra. Es decir, van incrementando los ingresos mensuales a la par del riesgo que se corren los agentes con cada transacción.

Y bueno, de hecho, no lo digo yo. Las compañías de seguros que viven estimando riesgos para no perder dinero, dicen que las propiedades que se arriendan en Airbnb deben tener otro tipo de pólizas. Conversando con Marco Rivera, especialista en seguros y reaseguros, y socio de Kennedys Peru, me comentaba que pronto, tal como se hace en España desde hace poco, en las pólizas peruanas se incluirían cláusulas específicas en las que a los predios que “trabajen” usando esta plataforma se les consideraría como hospedajes.

Entonces, que quede claro. Hospedaje en Airbnb = Negocio de hospedaje desregulado (por lo menos en el Perú). Ahora, tampoco significa que la desregulación sea mala o buena per se. Que me perdonen mis amigos partidarios del laissez faire, pero la desregulación puede tener pros y contras y, cuando no se sabe hacia dónde se inclina la balanza, lo más inteligente, creo yo, es siempre analizar caso por caso.

Respecto de los pros, es fácil ver que ganan los propietarios y ganan los huéspedes. Los primeros obtienen ingresos extras y los segundos pueden acceder a precios más bajos que en los hoteles. Plata para los que no tienen y la oportunidad de conocer el mundo para los que no salían de sus casas. ¿Cómo no enamorarse de una idea así?…Bueno, es que todo lo que brilla no es oro y esta panacea también tiene sus bemoles.

Sí, bemoles con ritmo de peligro, riesgo, trasgresión de normas y evasión tributaria. Paso a describir de forma esquemática para no marearlos:

  • Seguridad del predio para el turista. ¿Les suena “Defensa Civil”? ¿Rociadores, detectores de humo, de monóxido de carbono, alarmas contra incendio, protocolos de escape, extintores especiales para cocinas, luces de emergencia, pozo a tierra, vidrios templados, retardantes de fuego y un largo etcétera? Bueno, con Airbnbvoilà”, no hay necesidad de cumplir con toda esa normativa pues nadie tiene que pedir una licencia o un permiso (por lo menos en el Perú). ¿Es que acaso dejó de ser importante minimizar el número de muertes por negligencias? Vale la pena preguntar al Indeci.
  • Tributos: A mi modo de ver las cosas, estas propiedades que “cuelgan” en Airbnb no pagan ni el Impuesto a la Renta (IR), ni al Valor Agregado y ni Municipales que deberían pagar en su condición de negocio de hospedaje. Al respecto podemos hacer un ejercicio para estimar grosso modo cuánto facturan estos predios. Según la Federación de Empresas de Turismo de Chile, en el país del sur a fines de 2015 hubieron alrededor de 2,100 “arriendos” activos en Airbnb. Asumamos que hoy en el Perú hay 2,500 hospedajes que están activos en la web. Si calculamos que cada uno tiene una tarifa promedio de S/.500 a la semana (ver cuadro adjunto – en Lima piden S/.586/semana) y tienen una ocupabilidad promedio de 65%, esto significa que están facturando cerca de S/.42 millones al año. Asimismo valdría la pena preguntarse: ¿deben cobrar IGV a los huéspedes nacionales? ¿los arbitrios e impuestos prediales deberían subirse al ser propiedades comerciales? Pongo estas discusiones en la mesa.

costo promedio lima semana

  • Zonificación: Partiendo del principio ya explicado, ¿qué hacen estos negocios de hospedaje en áreas donde no hay compatibilidad de uso? Si les parece bien, no se quejen el día que a su vecino se le ocurra poner un chifa en el segundo piso de su dúplex. La zonificación de una ciudad es uno de los principales ejes para que la sociedad en su conjunto viva en armonía. Si por arte de magia las personas comienzan a hacer caso omiso a las zonificaciones y los usos compatibles de cada predio, que Dios nos coja confesados. Y aquí salto al siguiente punto.
  • Seguridad para los copropietarios de un edificio. Tener un vecino que alquile su departamento a turistas constantemente es un riesgo para el bienestar de los demás. ¿Por qué? En primer lugar, y lo más importante, no se saben los antecedentes ni policiales ni psicológicos de las personas que alquilan. Cada día se convierte en un albur. En segundo lugar, pero sin dejar de ser importante, los huéspedes que rotan constantemente no van a tener el mismo cuidado con la convivencia en un edificio multifamiliar que tienen los residentes permanentes. Adiós reglas de convivencia. Tal vez en este punto las juntas de propietarios deban ser específicas reglamentando este fenómeno. Ya dependerá del espíritu de cada asociación.

Creo que he plasmado los principales peligros que esta nueva industria trae y las normas que trasgrede. Sin embargo, hay otros aspectos negativos que también rondan las mesas de discusión. Para empezar está el incentivo a la informalización de los hospedajes más chicos con todos los problemas adicionales que eso traería, pero mejor ni imaginarse ese escenario. Adicionalmente hay otros problemas complejos que he preferido no profundizar ya que se están trabajando internamente en las oficinas de Airbnb en San Francisco: hay muchas quejas de discriminación de los anfitriones a los huéspedes y también problemas por el peligro en que incurren los turistas al visitar casas particulares. Como ven, Airbnb puede ser un problema, una bomba de tiempo que hay que controlar antes que explote.

Sin embargo, a pesar de que podría parecer que estoy tajantemente en contra de todas las plataformas virtuales que siguen este modelo, es todo lo contrario. Estoy 100% a favor. Sus beneficios son demasiado grandes como para ser ignorados.

Sí, a pesar de estar en el sector hotelero, y haber hecho una lista de los graves riesgos que ha creado Airbnb, estoy a favor de su permanencia, pero no estoy a favor de una permanencia desregulada, sino al revés. Estoy convencido de que lo mejor es una regulación que permita el uso libre de esta plataforma, pero en un ambiente con normas. En este sentido me parece estar escuchando al oído que esto no se puede regular, que ejercer el control y supervisión es casi imposible, etc. La verdad es que eso no es cierto. Y para ejemplo, sólo hace falta un botón. Desde junio pasado, a raíz de negociaciones entre ejecutivos de Airbnb y representantes de la Ciudad de México, el fenómeno de la economía “colaborativa” recolecta y entrega el 3% del monto pagado por alquileres en la capital mexicana a la comuna de esa ciudad por concepto de Impuestos por la Prestación de Servicios de Hospedaje. De esta forma el municipio comienza a llenar sus arcas como fruto de unas sencillas conversaciones.

normas en otras ciudades

Entonces, regresando a la pregunta primigenia que motivó este análisis: ¿es bueno Airbnb? Sí, creo que es bueno si se regula. ¿Y en el Perú? Lo mismo, sólo hay que regularlo. Creo que nadie quiere que los hospedajes se manejen como normalmente se manejan las ‘combis’. Lo importante es que coordinen las entidades afectadas por cada una de las aristas del problema. Creo que el Ministerio de Turismo y Comercio Exterior (Mincetur) debería liderar una mesa donde se sienten representantes del Indeci, la Sunat, municipios, la sociedad civil, entre otros. Ellos son los que deben tomar una posición respecto de esta coyuntura. No sólo hay una oportunidad en la mesa para incrementar el turismo y las arcas fiscales, sino que hay una necesidad que, de no atenderla, puede causar muchas desgracias. Después de todo, Airbnb llegó para quedarse y haríamos mal en ignorar esto que recién comienza. Ahora la pelota está en la cancha de los que toman decisiones. Esperemos que no las tomen de la misma manera en que fueron tomadas en el tristemente célebre caso de las ‘combis’.

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