MarcialOrtiz de Zevallos
Conversemos turismo Por Marcial Ortiz de Zevallos

En noviembre del 2016, el ministro de Comercio Exterior y Turismo, Eduardo Ferreyros, sostuvo que llegarían al país más de 4.3 millones de turistas extranjeros en el 2017. Todo ello en  línea (asumiendo tasas de crecimiento interanual promedio de más de 12%) con lo que había prometido Pedro Pablo Kuczynski (PPK): llegar a los siete millones de turistas extranjeros en el bicentenario. Un panorama prometedor para los que se conforman con las promesas. Un área de debate para los que estamos en el sector: ¿llegaremos?

Yo creo que difícilmente llegaremos si las cosas siguen tal como están. A pesar de que el 2017 ha sido uno de los mejores años para el Turismo Mundial del siglo XXI, según la Organización Mundial del Turismo (los arribos internacionales crecieron 7% a nivel global), el Perú parece haber entrado a un estado de hibernación y de mediocridad en el que crecerá casi lo mismo que el promedio de todos los países del mundo.

Sin embargo, yo creo también, a diferencia de muchos, y a pesar de que la meta planteada parece inalcanzable, que sí es factible siempre y cuando se trabaje arduamente en pos de ella. Basta con analizar las cifras de nuestros vecinos. Si creciéramos a su ritmo no estaríamos conversando acerca de posibilidades, sobrepasaríamos los objetivos. Sin ir muy lejos, en Chile, país que muchos suelen decir que tiene menos atractivos turísticos que el Perú, el Turismo Internacional creció 14% el año pasado con respecto del año anterior. Sí, 14%. El doble de lo que creció  el Perú que ostenta no sólo una de las Nuevas Maravillas del Mundo y una de las mejores cocinas a nivel mundial, sino que se sitúa estratégicamente en el centro de Sudamérica. Y bueno, no sólo Chile nos apabulla en cuanto a resultados. Si subimos más al norte, la bofetada pega fuerte: Colombia aumentó sus turistas extranjeros con respecto del 2016 en 28%, llegando a los 6.5 millones aproximadamente. Increíble, pero cierto. Nos van ganando la carrera por varios cuerpos y probablemente nos seguirán ganando si no se hace nada.

Pero no hacer nada no es una opción. A pesar de que están lejos, esta carrera es de largo aliento y estamos a tiempo de reaccionar. Tenemos las herramientas y es de suma importancia para la economía peruana. La “industria sin chimeneas” es probablemente uno de los sectores económicos con más bondades en una economía y no es posible que no podamos competir a la par con nuestros vecinos. Este sector, en su regular estado, aporta nada menos que cerca del 4% del PBI nacional. Si hubiésemos crecido en turismo como Colombia lo hizo el 2017 hubiéramos crecido casi un punto porcentual adicional de lo que crecimos a nivel agregado. Y para ser sinceros, el sector tampoco es que esté demandando milagros. El Perú tiene un gran potencial que no se explota. Si al cementerio del Père-Lachaise de Paris llegan casi cuatro millones de visitantes al año para ver la tumba de Oscar Wilde o Jim Morrison, ¿por qué nosotros, los peruanos, no podemos tener 7 u 8 millones de visitantes foráneos al año para ver Machu Picchu, El Señor de Sipán, Kuelap, el Manu, El Cañon del Colca, El Amazonas, para comer en uno de los mejores restaurantes del mundo, para hacer negocios, para hacer deportes de aventura, entre otros motivos que abundan en todos los rincones del Perú? Realmente yo creo que sí podemos. Sólo falta la decisión política de darle la prioridad a este sector, enfocarse en las estrategias correctas y trabajar seriamente para alcanzar las metas. No podemos desperdiciar un año más como se ha hecho con el vilipendiado 2017. Entonces, ¿llegaremos? Ojalá. Darle la espalda al turismo es darle la espalda al progreso.

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