BartoloméRíos
Crecer con Eficiencia Por Bartolomé Ríos

En diciembre del año pasado publiqué un artículo titulado 2016: El Niño, elecciones, dólar y Francia. Afortunadamente los impactos sobre la economía peruana derivados del fenómeno El Niño y las actividades terroristas en Europa no fueron tan severos. Aun así, a fines del 2015 estábamos por comenzar un año caracterizado por varias fuentes de incertidumbre.

Nueve meses más tarde, el escenario es bien diferente. De cara al año entrante, lo que caracteriza al entorno es un panorama bastante más claro y, por fortuna, favorable. Pasaron las elecciones; en comparación con años recientes, estamos más adaptados al nuevo entorno de tipo de cambio, tasas de interés, precios de minerales y niveles de crecimiento del PBI; conocemos las directrices económicas del nuevo gobierno; el entorno internacional ha mejorado un poco (falta conocer qué va a pasar con las elecciones en Estados Unidos).

¿Todo viento en popa? No tanto, ¡qué bueno! Me parece mejor así, porque el exceso de condiciones favorables podría llevarnos a un exceso de confianza, al riesgo de la zona cómoda. Nos ha pasado en las décadas recientes, muchísimas historias de empresarios que conozco que han crecido y crecido enfocados en producción y ventas sin poner foco en la eficiencia de sus negocios, para después darse cuenta de que su capacidad de reacción a cambios de viento es limitada y de que cuesta mucho tiempo y trabajo recuperar márgenes. Nos ha pasado a lo largo de los últimos quinientos años, porque nos hemos acostumbrado como empresarios a la bonanza del oro, del caucho, de la anchoveta, de otros metales.

En mi opinión, una de las oportunidades más importantes de los próximos cinco años consiste en terminar de entender y asimilar que sabemos y podemos ser exitosos, pero que el éxito no debe llegar fácilmente sino que debe ser resultado de un esfuerzo estructurado y perseverante. Así las cosas, encuentro tres dimensiones en las que deberíamos enfatizar el año que viene:

  1. Estrategias diseñadas a partir de una comprensión clara de nuestras fuentes de valor y de nuestras ventajas competitivas
  2. Eficiencia con foco en procesos, talento humano y gestión financiera
  3. Organización y planificación del patrimonio empresarial y familiar

En mi anterior columna en este blog mencioné que me iba a referir nuevamente a una canción de Jorge Drexler. Dos versos de esa canción dicen: “no creo en la eternidad de las peleas ni en las recetas de la felicidad”. En el contexto de la canción se refieren a otro tema. Me parecen pertinentes para este artículo, sin embargo, porque con mucha frecuencia trabajo con gerentes corporativos y empresarios familiares que parece que creen que las cosas son más fáciles que lo que realmente son.

Refinar o cambiar drásticamente nuestras estrategias, “bajar de peso” para ser más eficientes, gestionar nuestras relaciones familiares y administrar nuestro patrimonio son, todas, tareas que requieren mucho trabajo. Y requieren mucha perseverancia, claridad en el norte, capacidad para alinear a nuestros equipos humanos, disciplina para no bajar la guardia. Por eso prefiero que el 2017 se nos presente como un buen año, pero no tan bueno, porque así será menos probable que caigamos en la trampa del éxito fácil.