BartoloméRíos
Crecer con Eficiencia Por Bartolomé Ríos

Alguien dijo alguna vez que la juventud consiste en tener más proyectos que recuerdos. Sin duda, este año nos deja muchos recuerdos, podríamos decir que algunos de ellos son sorpresivos. Francia, Siria, Brasil, brexit, Colombia, Venezuela, Trump, Cuba. La lista es larga y extraña.

Estuve en una charla en estos días y el expositor explicaba qué es la física cuántica, más brevemente que el genial video de la chica peruana que acaba de ganarse un premio. Lo que entendí de la explicación es que a veces pasan dos sucesos en lugares distintos, sin conexión aparente, que según los físicos cuánticos sí podrían estar conectados. Nos contó sobre una comunidad de monos en una isla indonesia en la que un mono, de repente, cambió su comportamiento y fue marginado. Pero al poco tiempo, otro mono lo imitó, y después otro y otro más. Cuando una cantidad determinada de monos comenzó a imitar al primero, en el extremo opuesto de la isla, otros monos no contactados con estos comenzaron también a cambiar su comportamiento en el mismo sentido. Esto se explica con la física cuántica, nos dijo. Según esta perspectiva, puede entenderse muchos sucesos similares, supuestamente inconexos, lo que se comprende mejor con un concepto llamado quantum entrainment (cuya traducción simple al español no he logrado encontrar en algunas fuentes que he consultado).

No sé si lo que ha pasado este año en estos y otros países esté de alguna manera conectado “cuánticamente”. Probablemente sí, probablemente no. Quién sabe si son meras coincidencias. Una de mis hijas me decía que este año va a ser recordado en los libros de historia, que sus nietos van a estudiar en el colegio lo que ha pasado en el 2016 porque ha pasado de todo. Tal vez sea así. En cierta forma, parece como que estuviéramos cambiando de rumbo, aunque todavía sea muy temprano para siquiera imaginarnos a qué puerto vamos a llegar.

Este año he visto muchas series memorables. ¡Me encanta ver series! The Crown, Carlos Rey Emperador, Los Borgia, Billions, Game of Thrones, House of Cards, Marco Polo, entre otras. Series en las que se entretejen historias de líderes políticos, sociales y empresariales, en las que se presenta enigmas y encrucijadas que exponen crudamente cómo se acierta y falla en la toma de decisiones, cómo se define el futuro propio y ajeno, qué ambiciones y temores, qué preguntas y frustraciones condicionan nuestro futuro y bienestar. Algunas ficticias y otras inspiradas en hechos reales, estas historias me han hecho pensar mucho este año.

He tenido el privilegio también de reunirme con muchos empresarios y conocer de primera mano sus historias, sus logros, fracasos y vicisitudes. Accionistas, directores y gerentes que me han confiado sus estrategias y sus decisiones cotidianas, sus objetivos para este año y el entrante, y sus sueños para el largo plazo. Mucho por aprender, mucho por avanzar.

Y regreso a mis propias reflexiones: ¿qué es el éxito? ¿por qué los empresarios, las personas, hacemos lo que hacemos? ¿cuáles son las verdaderas manifestaciones de valor, de eso que buscamos a lo que llamamos “valor”? Al final del camino, cuando hagamos un alto y miremos lo recorrido, ¿con qué criterios evaluaremos nuestra propia historia?

Hace unos 25 años, comencé a hacerme estas preguntas. Confieso que me costó algún tiempo encontrar las respuestas que me hacen sentido. Cada quien con sus propias preguntas y sus propias respuestas. Más allá de cuáles son las mías, lo cierto es que no siempre he podido alinear mis acciones de corto plazo con mis objetivos de largo plazo. “De vez en cuando la vida”, como comienza una canción de Joan Manuel Serrat, nos facilita la coherencia entre ambos planos, de vez en cuando la vida nos la hace difícil. Cuando se nos descarrilan las cosas, qué necesario es perseverar, retomar el norte.

Es un lugar común, no puedo evitarlo, siempre que está por terminar un año comienzo a planificar el siguiente. Nos pasa a muchos. Y me pregunto si el 2017 estará para mí hecho más de proyectos o de recuerdos. Tengo la sospecha de que construiré buenos nuevos recuerdos, eso me propongo. Y propongo a quienes me estén leyendo que pensemos cómo vamos a agregar valor, no sólo a través de nuestras empresas, sino de nuestro accionar como miembros de familia y como ciudadanos.

En el 2010, conocí a una emprendedora brasileña que lidera una de las organizaciones de voluntariado más grandes de la región, si no la más grande. En ese momento, Parceiros Voluntarios contaba con unos 300,000 voluntarios activos, 250,000 de los cuales eran adolescentes. María Elena Johannpeter construye su organización a partir de seis creencias, una de las cuales es que todo ser humano es solidario y, por lo tanto, un voluntario en potencia. En consonancia con sus creencias, promueve el concepto de Responsabilidad Social Individual, un paralelo a la Responsabilidad Social Empresarial que pone el foco en las acciones que deben caracterizarnos como personas en busca del bien para la comunidad y la sociedad.

Entonces, como quien invoca a la sabiduría cuántica para que nos lleve por el camino correcto, propongo que nos preguntemos qué recuerdos decidiremos construir el año que viene. En el plano de las empresas, pienso que una de las guías es pasar del concepto tradicional de generación de valor para accionistas o shareholders al concepto de la generación de valor para públicos de interés o stakeholders. Un cambio paradigmático que está en movimiento desde hace pocas décadas y que, espero que más temprano que tarde, termine por redefinir la forma como las empresas se relacionan con su entorno. En el plano de las personas, pienso que una de las claves es que nos propongamos salir de lo que varios, alguna que otra vez, llamamos “subdesarrollo mental”. Hemos demostrado en décadas recientes que somos capaces de salir airosos de desafíos muy severos. A partir de esa confianza, de esa certeza de nuestras verdaderas fortalezas, podemos enfocarnos en el proyecto de construir los pilares de los que serán los recuerdos de nuestros hijos.