BartoloméRíos
Crecer con Eficiencia Por Bartolomé Ríos

Hace poco cumplí un año más y ya me acerco peligrosamente al medio siglo. Me ha pasado de todo, como es de esperarse. He pasado buenas y muy buenas etapas, vivencias inolvidables, alguna que otra dificultad, me he reído a carcajadas y he pasado situaciones que me han causado mucha tristeza. He visto a personas nacer, a otras morir y, en un sentido figurado, he visto gente renacer. Medio siglo es un montón y, a la vez, no es nada. Desde que mis padres “me trajeron” a Lima, nuestro país ha vivido en democracia, en dictadura, en bonanza y en crisis, y siempre, de alguna u otra forma, superamos los desafíos que enfrentamos y un tiempo después se nos presentan otros.

La vida es cíclica, tanto de las personas como de las organizaciones. Hoy estamos nuevamente en un momento que presenta retos: corrupción, incertidumbre en Estados Unidos, confrontaciones entre Legislativo y Ejecutivo, entre otros factores. Han pasado seis meses desde que comenzó el gobierno actual, y el ánimo de los empresarios, el que tengo oportunidad de sondear directamente y el que veo en los medios, no tiene el mismo tono optimista de hace poco. En un artículo que publiqué en este blog en octubre pasado, titulado “2017: la aparentemente contradictoria ventaja de que se venga un año bueno, pero no tan bueno“, ya se presentía que el año sería tibio.

Entre otras perspectivas, los economistas evaluamos los ciclos desde la de los motores del crecimiento. Por lo general, al Perú le ha ido bien cuando los precios de nuestros principales productos de exportación han subido (metales, harina de pescado, etc.). Diríamos que el motor del crecimiento en esas etapas ha sido de origen externo, porque nosotros no influimos significativamente en el precio del cobre o de la plata. Pero lo interesante es que también nos ha ido bien cuando hemos hecho nuestra tarea. Reformas económicas de los 1990, apertura comercial internacional de los 2000, decidido contrapeso a la megacrisis financiera de fines de la década pasada. En estos tres ejemplos recientes de la historia económica peruana, han prevalecido norte y determinación que han sido claves para enfrentar con éxito desafíos de alto calibre.

Rescato de estos tres ejemplos que lo que nos ha permitido avanzar —el motor del crecimiento— ha sido la determinación de líderes políticos y empresariales. Motor de crecimiento de origen interno, podríamos decir.

Entonces me pregunto: ¿de quién depende que mi empresa crezca?, ¿de quién depende que mi calidad de vida mejore? Uno de los aprendizajes que me ha dejado este medio siglo es que la mejor forma de progresar es responsabilizarme por mi propio crecimiento. Es obvio, ¿no? Pero por obvio que parezca es sorprendente la cantidad de casos que conozco de empresarios que “delegan” el crecimiento de sus propios negocios al entorno externo, a las iniciativas gubernamentales, al buen viento. Planteo este tema con una intención que no pretende en absoluto ser altiva —a ver quién tira la primera piedra— sino más bien provocadora.

Estoy convencido de que lo que debemos hacer es encargarnos de nuestro propio crecimiento empresarial. No debemos esperar a que venga un gran impulso desde fuera. Entender por qué crecemos, cómo ganamos plata, cómo perdemos plata, cómo generamos y destruimos valor. Preguntas sencillas que exigen respuestas sencillas y a la vez merecen reflexiones profundas. Preguntar, responder, entender. Después determinación y norte. Nada más. Lo que los ciclos económicos nos demuestran, bonanza tras crisis tras bonanza, es que sabemos salir adelante.

Los maestros yogī nos enseñan que toda la energía que necesitamos para avanzar en la vida está dentro de nosotros. Digo esto bajo riesgo de sonar esotérico. Sabiduría antigua la de estos maestros, que podemos aplicar perfectamente a la dirección y gestión de nuestros negocios. Haciendo un paralelo, el progreso de nuestras organizaciones depende de saber identificar y manejar nuestros motores internos de crecimiento. El crecimiento de la economía peruana, la mejora en el bienestar general, un mejor 2017 dependerán de nuestra capacidad de decisión para encender nuestros motores internos, empresa por empresa.