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Crecer con Eficiencia Por Bartolomé Ríos

¿La realidad supera a la ficción? Se atribuye a Truman Capote haber acuñado el término conocido como non-fiction novel con su famosa obra ‘A Sangre Fría‘, que narra el brutal asesinato de una familia entera, hecho que ocurrió en la realidad. En el Perú, este año parece sacado de una de las más imaginativas mentes de la narrativa, pero no es así. Tras El Niño Costero y con Odebrecht para rato, ahora con esta huelga de maestros estamos viviendo una realidad que nos sobrepasa, nos indigna, nos frustra, una realidad exenta de protagonistas de Game of Thrones como dragones y white walkers, pero plagada de puñales, complots y sangre, sangre fría y caliente. Una realidad en la que se evidencia una lucha de caretas, de personas a las que podríamos calificar como falsos adalides de la educación. “A man has no name”, dice de vez en cuando uno de los personajes principales de la serie.

Hace unos 12 o 13 años, como parte de un trabajo de investigación sobre desarrollo económico peruano, me propuse entender un poco sobre la realidad educativa nacional. Tras enterarme con espanto de que nuestro país se encontraba a la cola de América Latina en términos de calidad educativa, comencé a reunirme con especialistas en el tema. Recuerdo que cada vez que terminaba una de estas reuniones, salía más confundido. Debo decir que todavía no lo entiendo muy bien, no he logrado “educarme” adecuadamente. Tal vez porque la complejidad que lo caracteriza va más allá de mis capacidades de comprensión; tal vez porque quienes lo manejan se empeñan en enredar los hilos para que sea muy difícil desentrañarlos.

Sea como fuere, lo que más me preocupa es que nos estamos quedando, nuevamente, en la superficie. Me parece que no estamos llegando al fondo del análisis. ¿De qué estamos hablando en realidad? ¿De cuánto deben ganar los profesores, de quién porta la tabla de salvación y se entronará en el Olimpo durante 15 minutos por haber resuelto esta crisis? ¿O estamos hablando de cómo estamos preparando a nuestros hijos, de cuánto estamos invirtiendo en su educación?

Como es el caso de muchas parejas, antes de ser padres, mi esposa y yo ya habíamos decidido asignar a la formación de nuestros hijos la máxima prioridad en nuestro presupuesto familiar. Esto es normal, muchos lo hacen y nadie lo discute. En el Perú, tenemos la calidad educativa que tenemos porque no hemos logrado ponernos de acuerdo. Ojo, esta no es una situación atribuible exclusivamente al gobierno actual, es responsabilidad de una sucesión de líderes políticos y de una sociedad permisiva. Entonces, cabe la pregunta: ¿cuál es nuestro modelo de desarrollo? No me refiero al modelo de crecimiento económico, me refiero fundamentalmente al de desarrollo de una sociedad que sigue padeciendo los efectos típicos de la volatilidad económica y la vulnerabilidad social.

Probablemente, no sea masivamente conocido el hecho de que a mediados de la década pasada se aprobó el Proyecto Educativo Nacional al 2021 (ver www.cne.gob.pe). Este proyecto, convertido en política de Estado, contiene seis objetivos estratégicos que tienen que ver con temas de calidad, docencia, gestión y ciudadanía, entre otros. Si bien hay avances interesantes en algunas localidades, estamos todavía muy lejos de lograr los resultados esperados. Es decir, no es que no contemos con directrices, con norte. Están bien definidos y fueron fruto del esfuerzo conjunto de múltiples actores de distintos estamentos. El problema no está en el norte, está en la ejecución. Más precisamente, me temo, en la falta de voluntad de ejecutar lo que ya se ha trazado.

La economía se define como la “ciencia social que estudia la asignación eficiente de recursos escasos”. En la actualidad, los recursos presupuestarios son insuficientes para atender las necesidades sociales aún insatisfechas para parte de la población. De 1970 al 2005, el resultado de las cuentas fiscales fue deficitario todos los años. Del 2006 al 2016, ha habido seis años de superávit y cinco de déficit (ver resultado económico del Sector Público no Financiero en www.bcrp.gob.pe). Está claro, como explican las autoridades actuales, que atender las irrealistas pretensiones de los huelguistas del Sutep implicaría dejar de atender necesidades básicas de otros sectores. Sencillamente, el presupuesto no alcanza. Entonces, ¿estamos condenados a no progresar significativamente en el frente educativo a menos que mejore la economía y se registre nuevos superávit fiscales? ¿Sólo así financiaremos mayores sueldos, construiremos mejores colegios, alcanzaremos el tan mentado nivel de gasto en educación equivalente al 6% del PBI?

En mi opinión, aunque el tema presupuestario es relevante, la interferencia política lo es mucho más. Si bien está clarísimo que es indispensable elevar drásticamente los niveles de calidad educativa para alcanzar nuevos niveles de desarrollo, el cortoplacismo político nos condena a quedarnos entrampados en el status quo. Ello, porque los esfuerzos en educación tardan mucho tiempo en dar frutos, mucho más tiempo que los cuatro o cinco años que dura el periodo de alcaldes, presidentes regionales, legisladores o presidentes nacionales.

El cálculo de beneficios de políticos y de sindicalistas contrasta con lineamientos de largo plazo que otros países, otras sociedades, han logrado priorizar. Es decir, sí existe casos de éxito en democracia, de actores políticos, empresariales y de la sociedad civil que han sabido anteponer la educación de un país a sus beneficios privados. No podemos seguir condenando a generaciones, no podemos seguir sometiendo a la pobreza a millones de personas, por ser incapaces de renunciar a pretensiones de poder y de figuración.

Escribo este artículo consciente de que estamos muy lejos de completar una de las principales reformas que nuestro país necesita. Este domingo, se estrenó el último capítulo de la actual temporada de Game of Thrones. Sin embargo, la huelga continúa, la falta de acuerdos apolíticos que favorezcan la sostenibilidad de mejoras en la educación se perpetúa, la ignorancia se sigue aceptando.