BartoloméRíos
Crecer con Eficiencia Por Bartolomé Ríos

Me encantan las matemáticas, a pesar de lo cual en el colegio no me resultaron fáciles ni la física ni la química. Sin embargo, entiendo lo planteado por la llamada Ley de Conservación de la Masa (Ley de Lomonósov-Lavoisier), que postula que antes y después de una transformación, la cantidad de materia se mantiene igual. Es decir, que la materia no se crea ni se destruye, sino que se transforma.

Sea que muera de una enfermedad terminal o un accidente, lo último que hace una persona es respirar. Sea que tenga problemas de ventas, costos o talento, lo último que pasa en una empresa es que se le acaba la plata. Hoy, mientras estamos pegados a la pantalla siguiendo el debate previo a la votación de vacancia presidencial, me pregunto si acaso nuestra sociedad se está muriendo. Está claro que los gobiernos terminan, sea por renuncia, vacancia, golpe de estado o por concluir su periodo. Pero, ¿pueden morir las sociedades?

Intrigado tras ver a varias personas leyéndolo, compré hace unas semanas un libro muy interesante: “Sapiens. De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad“. En este libro, Yuval Noah Harari explora las razones que llevaron a nuestra especie, Homo Sapiens, a sobrevivir a otras especies que se extinguieron hace miles de años, como la floresiensis o la neandertal. Con un estilo narrativo fresco y buena documentación, Harari desarrolla las llamadas revolución cognitiva, revolución agrícola y revolución científica.

Como suele decirse, en el largo plazo todos estaremos muertos. Los neandertales, se estima, vivieron unos 470,000 años. Está claro, entonces, que hasta las más resistentes sociedades desaparecerán en algún momento. Sin embargo, desde una perspectiva “un poco más corta” podríamos decir que hay sociedades que se resisten. Polonia, país cuyos orígenes se rastrean a hace aproximadamente un milenio, ha pasado por muchas transformaciones. Sigue en pie, con Auschwitz y Juan Pablo II en su haber, claramente distinta de lo que fue antes de ser invadida por Hitler o de cuando su capital era Cracovia. Varsovia, tras ser destruida en más de 90%, ha logrado reponerse a la durísima prueba del nazismo.

¿Qué está pasando con nuestra sociedad? No creo que vaya a “morir” o desaparecer, por lo menos no creo que eso ocurra pronto. Sí creo, sin embargo, que nuestra sociedad no está evolucionando, en absoluto pienso que esté atravesando una revolución positiva. Creo, por el contrario, que está enfrentando una muy peligrosa involución ética.

En su obra “En torno a la Ética y el Valor” (1930), el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein sostiene lo siguiente: “Ahora bien, en lugar de decir ‘la ética es la investigación de lo que es bueno’, podría haber dicho que la ética es la investigación de lo que es valioso o de lo que es realmente importante, o podría haber dicho que la ética es la investigación del sentido de la vida o de lo que hace la vida digna de ser vivida, o del modo correcto de vivirla. Creo que si ustedes miran todas estas frases lograrán una idea aproximada de aquello de lo que se ocupa la ética”.

Cuando pienso en todo lo que estamos viviendo, conforme nos enteramos de lo que ocurre con determinados políticos, empresarios, periodistas, ciudadanos de uno u otro barrio, me pregunto si nuestra sociedad vive correctamente, si estamos construyendo las bases para una vida digna de ser vivida. Y me imagino cómo serían las cosas para los sapiens que vivieron antes de la revolución agrícola, los llamados cazadores-recolectores que tenían que matar para vivir, y regreso al presente y lo que vivimos se me hace un “todos contra todos”. Nos estamos haciendo mucho daño. Muy acertada July Naters, la recordada directora de Pataclaun, cuando en una entrevista publicada por la revista Somos hará unos 20 años dijo que habíamos pasado del “peace and love” de los 1960 a una suerte de “sálvese quien pueda”.

Sigo viendo el debate en el Congreso, faltan algunas horas para la votación que definirá si PPK continuará o será vacado. Es muy grave lo que estamos viviendo, no solamente porque estamos ad portas de un período de inestabilidad política y económica, pase lo que pase, siga o no PPK en Palacio de Gobierno, sino especialmente porque no hay señales de cambio. A menos que la población se haga cargo de reformar las normas que regulan la actuación de los políticos, vía referendum, seguiremos siendo cautivos de una especie que no tiene incentivos para reformarse a sí misma.

Tras décadas de hacer seguimiento al homo politikus peruvianus, me queda clarísimo que debe extinguirse para dar paso a una nueva especie política. Tiene que transformarse, materia y masa, y transformarse de inmediato. De otra forma, nuestra sociedad, tal como el cadáver del maravilloso poema “Masa” de Vallejo, ¡ay!, seguirá muriendo.