BartoloméRíos
Crecer con Eficiencia Por Bartolomé Ríos

Confieso que pocas veces me ha costado tanto encontrar tema para un artículo. Ha pasado de todo en diciembre y enero, tanto que no sé por dónde empezar. Como muchos, me imagino, estoy mareado y frustrado. Observo la realidad y se me antoja como un partido en el que los jugadores se han equivocado de cancha y los hinchas los siguen como corderos. No se construye estrategias de desarrollo nacional, no se ejecuta una agenda integral nutrida de programas y políticas. En contraste, somos espectadores lelos que ven, una y otra vez, una película sin otro trasfondo que el de la disputa superficial de sus protagonistas. Estamos tan sujetos al cautiverio impuesto por unos cuantos. Sin vocación de autoflagelación, pienso en todo lo que hay que cambiar en torno a la corrupción, la educación, la justicia, la partidocracia, la institucionalidad, la excesiva dependencia de los precios de los metales, la pobreza, y me pregunto si acaso estamos condenados a la mediocridad.

Me lo pregunto porque crisis tras crisis, década tras década, concluyo que no logramos superar problemas estructurales. Por supuesto que hemos avanzado en distintos frentes, pero seguimos anclados a dinámicas perversas que nos impiden evolucionar. Consciente de que ningún modelo es perfecto, podemos preguntarnos por qué países del Sudeste Asiático, Finlandia, Alemania o China sí han logrado transformar radicalmente sus realidades en pocas décadas y nosotros no. Consciente también de que esta afirmación puede generar polémica, sostengo que no hemos logrado transformar radicalmente nuestra realidad. Ello, porque a pesar de que desde los 1990s la pobreza ha disminuido, la clase media ha crecido y el ingreso per capita ha aumentado, no hemos evolucionado en frentes indispensables como la institucionalidad, la calidad educativa y la reducción de la dependencia de bienes primarios de exportación.

En mi anterior artículo, planteé la conveniencia de que lo que podríamos calificar de “especie política peruana” se extinga para dar paso a una nueva especie. No veo voluntad ni capacidad en los políticos peruanos actuales para hacer los cambios necesarios, tampoco veo señales de que la ciudadanía se organice, pacífica y democráticamente, y lidere la transformación de la legislación que regula la actuación de partidos políticos. Ante la falta de Estado y de gobierno que caracteriza a esta crisis, me temo que el escenario más probable en los próximos años es uno en el que no cambiarán mucho las cosas.

¿Somos mediocres?

Entre otros, encuentro 5 elementos que considero necesitamos fortalecer para cambiar de rumbo:

  • Valores
  • Diálogo
  • Norte
  • Liderazgo constructivo
  • Autoestima

Estoy convencido de que requerimos abordar estos elementos y de que hará falta mucho más que políticas públicas y proyectos de responsabilidad social. Hará falta un trabajo casa a casa, colegio a colegio. Solo si sembramos en las nuevas generaciones, lograremos salir de esta podredumbre.

En mis asesorías y clases, suelo plantear que los individuos pueden y deben transformar sistemas en vez de rendirse a ellos. No me refiero a las transformaciones catalizadas por algunos pocos grandes líderes de la historia, como lo fueron en el siglo XX Mahatma Ghandi, Konrad Adenauer o Martin Luther King, sino a las encabezadas por simples mortales como nosotros. Cada uno con su granito de arena, reconociendo su responsabilidad y actuando en consecuencia.

Puede sonar retórico o incluso lírico, puede desdeñarse esta recomendación desde el argumento de que suena cliché o es vacua, pero la verdad es que no se me ocurre mejor manera de mega-transformar una realidad que a través de la suma de innumerables micro-transformaciones.