BartoloméRíos
Crecer con Eficiencia Por Bartolomé Ríos

¿Cómo van a crecer las empresas en los próximos trimestres o años? ¿De qué dependerá que alcancen niveles de expansión y rentabilidad aceptables o incluso deseables? Está claro que el contexto no ayuda y que el desafío que los empresarios cargan sobre sus hombros es muy superior al de hace pocos años.

Históricamente, la economía peruana se ha beneficiado de pocos motores de crecimiento. Las exportaciones de bienes primarios o commodities por lo general han constituido el principal motor. Caucho, guano, anchoveta y especialmente metales han impulsado periodos de bonanza, como en los 60 o en la década pasada. Alternativamente, dos motores de crecimiento de la economía peruana en las últimas décadas han sido: (i) iniciativas gubernamentales acertadas, como las reformas de la primera mitad de los 90 o los tratados de libre comercio, y; (ii) inversión pública y privada.

Un análisis sencillo de la coyuntura, desde el punto de vista de estos motores, nos lleva a la conclusión de que las iniciativas gubernamentales y la inversión no están dinamizando la economía a los niveles esperados. Así las cosas, nos quedamos con los metales, cuyos precios vienen subiendo tras haber caído significativamente. De hecho, los términos de intercambio, que miden la relación entre los precios de las exportaciones y de las importaciones de un país, han venido mejorando desde fines del 2015. Todavía no alcanzan los picos del 2011, pero no están mal.

Me pregunto, sin embargo, en qué medida el ruido político que no deja de aturdirnos contrarrestará el mejor contexto de precios internacionales de metales. Hace algunos años, solíamos decir que la política y la economía estaban divorciadas, de hecho, esta afirmación se volvió una suerte de lugar común en la época en que Pedro Pablo Kuczynski (PPK) era ministro de Alejandro Toledo. Hoy, el ánimo de inversionistas y consumidores está afectado, se respira en la calle y las encuestas lo indican, por lo que podríamos argumentar que no habría tal divorcio.

¿Qué puede mejorar en este contexto en los próximos 12 a 24 meses? Ojalá me equivoque, pero dudo que la inversión pública alcanzará niveles de crecimiento que impulsen el crecimiento. En el plano de la especulación política, me pregunto qué capacidad de reforma tiene el gobierno actual, dada su vulnerabilidad y la pequeña representación congresal con que cuenta, y me imagino que diversos grupos de oposición optarán por no apoyar reformas de un gobierno débil. Por su parte, los inversionistas privados peruanos y extranjeros estarán en compás de espera.

Dicho lo anterior, podríamos sostener que la economía no va a alcanzar su potencial de crecimiento en los próximos años, a menos que haya cambios sustanciales en la escena política o que los precios de los metales suban aún más. En este contexto, en lo que va del año he estado haciendo ejercicios con algunos empresarios que están enfocados en tres ejes:

  1. Mejora de la relación ventas-producción-inventarios. En la medida en que mejore la estimación de la demanda, aumenten las exportaciones para reducir la dependencia del mercado doméstico y se optimice los niveles de producción y de inventarios, mejora la composición y el nivel de la rentabilidad.
  2. Reducción de grasa en exceso. Tras algunos años “a dieta”, diversas empresas están en mejor forma. Desde la lógica del 80/20, la recomendación es bajar esos últimos kilos que, aun cuando no contribuirán tanto a la eficiencia, siempre ayudan.
  3. Puesta en valor de los activos que contribuirán más a la evolución de la empresa en los próximos cinco a diez años. Este tema, fundamental, es el que desarrollo en mayor detalle en los siguientes párrafos.

Comienzo la explicación con un paralelo. Dado el incremento en el valor de la tierra desde el 2004, resulta que la principal fuente de crecimiento patrimonial de muchas empresas, de muchas familias empresarias, ha sido el inmueble en el que operan. Un análisis simple del balance de estas empresas arroja que este activo, que representa gran parte del patrimonio, rinde muy poco (tiene un costo de oportunidad muy alto). Algunos empresarios ya cristalizaron ese incremento de valor al vender sus predios de Ate o el Callao para mudarse a Lurín o Chilca. Por su parte, la desaceleración de la economía de años recientes tiene un correlato en precios de terrenos, lo que lleva a otros empresarios a preferir esperar a que mejore el panorama antes de vender. Sea como fuere, lo curioso es que, aun cuando la agenda de crecimiento de las empresas durante los años de bonanza ha estado enfocada en otras áreas, como producción y ventas, es la plusvalía de la tierra la que más ha contribuido. La tierra, que no es su core business.

Así, les pregunto a los empresarios con los que interactúo cotidianamente cuál va a ser el activo de mayor contribución al patrimonio en los próximos años. ¿Será la tierra nuevamente? ¿Será la marca, el know-how, la red de distribución, el conocimiento de los mercados, la tecnología, el producto, el talento?

Aun cuando es clave para la estrategia de las empresas, no solemos hacer este análisis con la frecuencia y profundidad necesarias. El resultado es que, en muchos casos, el crecimiento termina dependiendo mucho de factores que los empresarios no controlan. Tal como ocurre con el crecimiento del país, es como si nuestra decisión consciente o inconsciente fuese encargar nuestro bienestar a otros. Mejoran los precios de los metales, mejora el contexto, nos va mejor. Típico de las economías que padecen de la llamada maldición de los recursos naturales, tema sobre el que ya hablé en una columna anterior.

Por esta razón, identificar y poner en valor los activos de mayor potencial de las empresas debe constituir una de las principales prioridades del año en curso. El bienestar propio no se hipoteca. Se construye.

Ya se nos fue la octava parte del 2018 y sigue predominando el desconcierto. En el plano político, o cambia el tablero actual o se mantendrá una suerte de estado vegetativo de las expectativas hasta que comience y termine un nuevo periodo electoral. El escenario que me resulta más probable es que no habrá buen viento de cola por mucho tiempo. Me alegraría mucho estar equivocado, pero no veo grandes señales de cambio del entorno. Por ello, con mayor razón aun, la evolución de las empresas dependerá fundamentalmente de la capacidad de sus directores y gerentes de poner en valor sus activos más importantes.