BartoloméRíos
Crecer con Eficiencia Por Bartolomé Ríos

Comencé a escribir un nuevo artículo un día después del anuncio de la cuestión de confianza. Lo hice centrado en lo que considero caracterizará un año que se avecina difícil o medianamente difícil. Comencé a identificar elementos económicos, políticos y mediáticos que van a condicionar el entorno de los negocios en los próximos meses. Así, llegué a una relación de elementos que no son muy alentadores.

La inversión privada va a depender del entorno político, del ritmo de la minería y del ánimo general de los empresarios peruanos y extranjeros, que responde a su vez a la confianza mermada por los escándalos de corrupción, la gobernabilidad, las medidas económicas y las modificaciones tributarias. Por su parte, la inversión pública va a depender de la capacidad del gobierno central para echar a andar la rueda de grandes proyectos, así como de la capacidad de los debutantes gobernadores regionales y alcaldes locales para dinamizar proyectos medianos y pequeños. En estas dos dimensiones, la de proyectos grandes y la de los de menor escala, va ser difícil alcanzar altos ritmos de crecimiento en la ejecución.

El lunes me puse a pensar en esto y decidí dejar de escribir. Lo hice porque no quería comenzar un nuevo artículo con un tono pesimista. Después, estuve conversando con una persona que me comentaba que Sigmund Freud solía decir que era un realista en exceso, en respuesta a quienes le decían que era pesimista. Es curioso porque la palabra Freude en alemán significa alegría. Con los pies en la tierra, el padre del psicoanálisis probablemente recomendaría un buen baño de realidad para quienes no terminan de entender lo grave de la situación que vivimos actualmente.

En cualquier caso, lo concreto es que dejé de escribir porque al releer mis primeros párrafos de esta nueva columna no me provocó seguir haciéndolo. Al día siguiente, vengo a enterarme de una noticia que me ha dejado bastante afectado. Una persona a la que conozco desde hace décadas ha sido diagnosticada con una enfermedad grave y de pronóstico reservado. No daré detalles sobre este caso porque no me corresponde, pero sí puedo plantear algunas reflexiones a partir del efecto que esta lamentable noticia me ha causado: ¿cuáles son nuestras prioridades en la vida? ¿qué es lo que realmente buscamos? Cuando, por la fuerza del azar, uno enfrenta situaciones como las que esta persona está encarando, no puede dejar de regresar a estas preguntas.

Conscientemente, voluntariamente o no, nos pasamos la vida sin dedicar suficiente tiempo a estas reflexiones. Solemos poner mayor atención a cuestiones mundanas, a asuntos que pueden distraernos de las búsquedas más importantes. Está claro que la vida cotidiana nos presenta un conjunto de necesidades que tenemos que atender, pero también está claro que muchas veces ello nos lleva a desenfocarnos.

Pensemos un momento en nuestro rol como empresarios y en nuestro rol como ciudadanos. El día a día como empresarios nos obliga a mantenernos concentrados en lo operativo, con el consiguiente riesgo de desconectarnos de lo estratégico. El alineamiento entre ambos planos, operativo y estratégico, en muchas ocasiones no se alcanza. Particularmente, en el caso de las familias empresarias, observo con frecuencia una falta de alineamiento entre las verdaderas necesidades de generación de valor intertemporal y la falta de voluntad o capacidad de sus miembros de ponerse de acuerdo en disputas banales.

En nuestro rol como ciudadanos, vernos permanentemente bombardeados por el caos en que están sumidas muchas de nuestras autoridades políticas, empresariales, eclesiásticas y alguna que otra del deporte y de los medios de comunicación, nos llena de hastío, nos desilusiona, nos hace preguntarnos cada vez más frecuentemente qué tipo de país estamos dejando a nuestros hijos. De hecho, después de algunos años, nuevamente las encuestas señalan que un porcentaje alto de la población estaría puesto a emigrar al extranjero. El problema es que en medio de nuestra perplejidad nos quedamos muchas veces inmóviles, cuando lo que deberíamos hacer es identificar el rol que nos corresponde y actuar en consecuencia.

Mencioné que la fuerza del azar nos enfrenta a situaciones como la que le ha tocado a esta persona cercana. Confío en que sea también el azar el que se encargue de regalarnos su presencia por muchas décadas más. No es azaroso, sin embargo, lo que nosotros podemos decidir priorizar. No debemos dejar a la suerte la construcción de los caminos fundamentales de nuestra vida, sino hacernos cargo consciente y activamente.

Uno de los regalos que esta persona nos hizo hace un tiempo es la enseñanza de que no tenemos por qué vivir como corderitos por reglas preconcebidas de determinados sistemas. Saliéndose de lo que muchos considerábamos convencional y recomendable en algún momento, esta persona optó por construir sus propios moldes. Me apoyo en esta enseñanza para plantear la necesidad de desafiar, desde las acciones individuales, aquellos elementos de los sistemas que nos enfrascan. Patrones que, tras reconsiderarlos, pueden restringir mucho valor.

Muchas veces, vemos la vida a través de los lentes equivocados. Podemos enfocar nuestras decisiones de otra manera, cambiar el ángulo desde que interpretamos y construimos nuestra realidad, legar a nuestros hijos otros colores y otras historias. Por eso, hoy retomo mi artículo pero con un contraste distinto. No caeré en la inercia de repetir, pocos meses antes de que termine el año, el análisis de coyuntura y estructura política, económica y social de ocasiones anteriores.

Termino el artículo con un encuadre diferente. Para el año que viene, propongo pensar más en los temas de fondo que tenemos que transformar en vez de dejarnos llevar por los asuntos triviales que suelen acaparar la mayor parte de nuestra energía.