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Crecer con Eficiencia Por Bartolomé Ríos

Desde la época incaica, 4 comunidades cusqueñas se unen todos los años para reconstruir un puente colgante hecho de ichu, una fibra vegetal resistente que se trenza en soguillas llamadas q’eswas. El Q’eswachaka es el único que todavía existe de entre varios puentes que formaron parte del Qhapaq Ñan, un amplio entramado de caminos que permitieron la interconexión de distintas poblaciones que conformaron el imperio precolombino. Resulta muy interesante aprender cómo, junio tras junio, estas comunidades se organizan para mantener viva su comunicación.

A mediados de la década de 1950s, el presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower impulsó una gran inversión para la construcción de un sistema interestatal de autopistas. Esta decisión es considerada una de las claves fundamentales que permitieron el aumento de la productividad y el consecuente incremento del crecimiento de ese país, al reducir significativamente los costos de transacción (movilidad de personas y factores productivos). La Comunidad Europea se formó con el mismo objetivo, así como las proactivas agendas de integración comercial internacional puestas en marcha por México y Costa Rica en los 1980s y Perú en la década pasada.

La transformación digital de los negocios y la globalización se han hecho posible, en buena medida, por la explosión del Internet. La World Wide Web (www) es una red global que interconecta a miles de millones de personas, concebida en parte gracias al aporte de Paul Baran. Científico que contribuyó a grandes avances en la tecnología de redes en la segunda mitad del siglo XX, Baran desarrolló una tipología de redes según la cual las redes distribuidas, aquellas caracterizadas por el hecho de que cada unidad o célula está directamente conectada con todas las demás, son redes que permiten incrementar significativamente la productividad. De la neurología podemos aprender un concepto similar, en el sentido de que el coeficiente intelectual depende de la cantidad de conexiones existentes entre neuronas.

Desde la China de los siglos IV a II a.C. nos llega el concepto de la estrategia. Aplicada originalmente al quehacer militar, la estrategia de la época de Sun Tzu era ejercida verticalmente. En contraste, en la actualidad, el design thinking y las metodologías ágiles scrum, entre otros marcos de diseño participativo o de “cocreación”, se cimentan en el aporte multidisciplinario y horizontal de integrantes de diversos estamentos de una organización, así como de sus principales públicos de interés. En Measure What Matters, John Doerr destaca la importancia del alineamiento de los equipos, además de lo que denomina CFRs (Conversación, Retroalimentación y Reconocimiento, por sus siglas en inglés).

Es decir, se mire por donde se mire, queda claro el progreso se relaciona de manera significativa con el tejido, con la calidad y con la densidad de las relaciones. Esto no es nuevo. Los homo sapiens nos distinguimos hace miles de años por nuestra capacidad de organización en grupos de personas más numerosos que los grupos en los que se podían organizar otras especies del género humano, lo que dio paso a la hegemonía sapiens y explicó en parte la extinción de los neanderthalensis o los floressensis.

Ante esta abundante evidencia, me pregunto: ¿Será acaso que los empresarios que logren promover un mayor y mejor tramado de relaciones sobrevivirán, mientras que los que no lo consigan se extinguirán? ¿Será acaso que las familias empresarias cuyos miembros no profundicen sus vínculos verán su futuro comprometido?