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Crecer con Eficiencia Por Bartolomé Ríos

Profesionalizar una empresa genera valor. Como parte de este esfuerzo, profesionalizar los directorios de las empresas genera valor. La evidencia empírica lo demuestra, la literatura lo ilustra.

En las últimas 2 décadas, muchas empresas han atravesado un periodo de bonanza que no tiene precedentes en la historia económica reciente del país. Desde los 1990s, los negocios han crecido y también lo han hecho los patrimonios de sus accionistas. Sin embargo, en años recientes, la economía se ha desacelerado y no existen indicios que nos permitan aseverar que recuperaremos altas tasas de expansión.

De hecho, si consideramos el curso del PBI desde 1950, se aprecia con claridad que existe una alta correlación entre PBI y los términos de intercambio, que registran la relación existente entre los precios de los productos que exportamos y los precios de los productos que importamos. Así, cuando los términos de intercambio han mejorado, también lo ha hecho la actividad económica, y viceversa. Es más, durante las casi 7 décadas transcurridas desde 1950, solo en 2 la economía se ha “despegado” de la tendencia de los términos de intercambio. En los 1990s y parte de la década pasada, los precios de los commodities que exportamos marcaron niveles bajos, mientras que vivimos en auge y el PBI siguió expandiéndose.

 

 

¿Cómo se explica esta diferencia? Principalmente, lo que ocurrió fue que los distintos gobiernos de esos años hicieron su tarea en lo macroeconómico, en parte de lo microeconómico y en iniciativas orientadas a incrementar los niveles de competitividad y productividad. Podríamos decir que se promovió activamente una agenda de “profesionalización” económica. No fue suerte lo que nos condujo a esa bonanza. Es cierto que los precios de los minerales retomaron una tendencia alcista durante la década pasada, pero podría plantearse que buena parte de los resultados se debió a mejoras en las políticas monetaria, fiscal, comercial, financiera, labora, entre otros frentes.

En esos años, mucho emprendimiento y empeño a nivel empresarial permitió a los actuales medianos y grandes empresarios capitalizar los beneficios del entorno. No cabe duda de que su perseverancia y su esfuerzo han sido clave para la proliferación de buenos negocios, pero también es cierto que el viento a favor sopló fuerte y por largo tiempo. Ahora, en contraste, la política controla la agenda. Los enfrentamientos entre los distintos poderes del Estado, la corrupción y la incapacidad para lograr acuerdos que mejoren el entorno de negocios a nivel doméstico se suman a los efectos de las confrontaciones entre Washington y Pekín, con lo que predominan los nubarrones.

Charles de Gaulle decía que “la política es un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de los políticos”. Parafraseándolo, podríamos afirmar que el crecimiento empresarial, el bienestar familiar, el futuro en general son asuntos demasiado serios para dejarlos en manos de los políticos. Con lo cual, si no tomamos la batuta de nuestro propio bienestar, nada garantizará que se prolongue lo que fue una clara etapa de crecimiento en las últimas 2 décadas. Nada garantizará que lo que parece o quisiéramos creer que es perdurable termine convirtiéndose en un episodio efímero de la historia del empresariado nacional.

Según el último Reporte Global de Competitividad, Perú ocupa el puesto 63 de entre 140 países en el mundo. En lo macroeconómico, junto con otros 30 países, Perú comparte el primer lugar. Hecha nuestra tarea en este frente, seguimos cosechando los frutos. El problema se evidencia cuando se analiza el eje de institucionalidad. En dicho eje, Perú ocupa el puesto 90. Es decir, primeros en lo macroeconómico, muy mal ubicados en lo institucional. Alemania, tercer puesto en el ranking global y primero en macroeconomía, junto con Perú, ocupa el lugar número 16 en lo institucional. Chile, 33 en el mundo en la medición global y también primero en lo macroeconómico, se ubica en la posición 32 en lo institucional. Tenemos mucho que avanzar en este frente si queremos seguir progresando.

 

Necesitamos profesionalizar para institucionalizar. No cabe duda de que el desarrollo de un país requiere de instituciones robustas. Sin ellas, lo avanzado en lo económico no alcanza para sostener altos niveles de bienestar. De la misma forma, tampoco debería caber duda de que el desarrollo de las empresas requiere directorios robustos. Son los directorios profesionales los responsables de las definiciones estratégicas de las empresas, de marcar el rumbo y apoyar a la alta gerencia en la identificación de las mejores iniciativas para lograr los resultados buscados.

En esta línea, las prácticas de Buen Gobierno Corporativo (BGC) constituyen la clave de la profesionalización de los directorios. Al respecto, es abundante la evidencia empírica que señala que las prácticas de BGC incrementan el valor de las empresas, contribuyen a mejores resultados y reducen los costos de financiamiento, entre otros beneficios. Solo a manera de ilustración, en los 3 trabajos citados a continuación es posible encontrar conclusiones estadísticamente significativas, derivadas de evaluaciones de muestras de miles de empresas en distintos países.

  • “Corporate Governance and Firm Value: International Evidence”. Manuel Ammann, David Oesch, Markus M. Schmid. Octubre 2010.
  • “Corporate Governance and Firm Performance”. Lawrence D. Brown, Marcus L. Caylor. Diciembre 2007.
  • “The Effects of Corporate Governance on Firms’ Credit Ratings”. Hollis Ashbaugh-Skaife, Daniel W. Collins, Ryan LaFond. Marzo 2004.

Ahora bien, ¿en qué consiste profesionalizar directorios? Consiste en crear directorios formales en vez de artesanales, en incorporar a directores realmente independientes, en implementar diversas prácticas de Buen Gobierno Corporativo, en diseñar y ejecutar estrategias pertinentes. Profesionalizar contribuye a identificar y desarrollar ventajas competitivas, a captar y retener en mejor talento posible, a priorizar la excelencia operativa y a evaluar rigurosamente, entre otros aportes.

La Superintendencia del Mercado de Valores (SMV) y la Bolsa de Valores de Lima promueven la adopción de prácticas de BGC. En el año 2013, la SMV publicó el “Código de Buen Gobierno Corporativo para las Sociedades Peruanas”, que desarrolla 5 pilares: (i) Derechos de los Accionistas; (ii) Junta General de Accionistas; (iii) Directorio y Alta Gerencia; (iv) Riesgo y Cumplimiento, y; (v) Transparencia de la Información. A fines de junio pasado, tras un periodo de consulta de algunos meses, la SMV publicó los “Lineamientos para la Calificación de Directores Independientes”, que son de observancia obligatoria para todas las sociedades emisoras que cuenten con valores inscritos en el Registro Público del Mercado de Valores.

Entonces, la evidencia abunda y es contundente acerca de los beneficios de la profesionalización de directorios en términos de valor. Los principios, los marcos metodológicos y los lineamientos son claros y viables. En los mercados desarrollados, las prácticas de BGC son cada vez más extendidas, lo que contribuye al desarrollo de las empresas. Sin embargo, en lo que resulta ser una contradicción sorprendente, son muy pocas las empresas peruanas que realmente profesionalizan sus directorios.

Está demás decir que nos gustaría mucho que el Estado peruano fuese más profesional, que los mercados funcionaran mejor, que nuestros proveedores y clientes fueran más profesionales. A nivel familiar, priorizamos nuestros esfuerzos para garantizar que nuestros hijos alcancen el mayor nivel de preparación profesional posible. Sin embargo, cuando de la profesionalización de nuestras propias empresas se trata, muchas veces no hacemos los esfuerzos necesarios.

¿Por qué nos pasa esto? ¿Será que, a veces, no nos damos cuenta? ¿O será más bien que no queremos darnos cuenta? ¿Será que nos ganan nuestros temores, nuestras excusas, será que sucumbimos al autoengaño?

El bienestar no ocurre de repente. Se construye. Como mencioné líneas arriba, lo que pareciera ser permanente o lo que quisiéramos que fuese permanente, la bonanza de las últimas décadas y el crecimiento de nuestros negocios, podría perfectamente ser efímero a menos que nos hagamos cargo. Por eso, reitero mi énfasis en que debemos hacernos cargo de la profesionalización de los directorios de las empresas. De esta forma, contribuiremos decididamente a incrementar su valor.