BartoloméRíos
Crecer con Eficiencia Por Bartolomé Ríos

¿Qué nos enseñará esta crisis, qué legado nos brindará? La historia nos deja en claro que las crisis van y vienen, los chinos con su sabiduría milenaria asocian crisis a oportunidad, no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. ¿Cómo saldremos de esta? ¿Habremos aprendido y corregido nuestros patrones de comportamiento o no le sacaremos provecho?

Cuánta riqueza hemos visto en estos Juegos Panamericanos Lima 2019, qué orgullo haber conseguido 39 medallas, haber sobresalido en la organización, en la construcción de infraestructura de gran nivel, en la cálida bienvenida a miles de visitantes, qué derroche cultural el de las ceremonias de apertura y clausura. Necesitábamos a gritos una inyección de autoestima a la vena, la coyuntura política, judicial y económica nos envenena constantemente y es gracias a estos y otros logros que encontramos genuinos motivos para celebrar y sentirnos satisfechos.

Se decida o no el adelanto de elecciones generales para el 2020, el corto plazo no es prometedor. Los 3 motores de la economía peruana –la inversión privada, la inversión pública y la actividad minera— se ven perjudicados por el ruido político, por factores adversos para la minería (algunos de nuestra propia cosecha y otros relacionados a los enfrentamientos entre Washington y Pekín) y por la carencia de condiciones propicias para la construcción de infraestructura económica y social.

Estamos por comenzar la última recta del 2019, año en el que, nuevamente, ha pasado de todo. Así como el 2018 comenzó con el entusiasmo vivido por la visita del Papa Francisco, pasó por la renuncia del expresidente Kuczynski y terminó con el anuncio de Chávarry de separar a Vela y Pérez, en este año hemos pasado por prisiones preliminares y preventivas, fugas y procesos de extradición, el suicidio de otro expresidente y la continua desaceleración económica, entre otras perlas. Las proyecciones de crecimiento del PBI apuntan a que perderemos un punto porcentual adicional, todo parece indicar que no alcanzaremos ni 3% de alza.

Las crisis de los 1980s condujeron a que recordemos ese período como la década perdida. ¿Cómo recordaremos este nuevo período de crisis, habremos ganado algo o será también una oportunidad perdida? Me gustaría creer que aprenderemos, que la erosión de bienestar que estamos permitiéndonos como sociedad servirá, como mínimo, para reflexionar, asimilar y enmendar.

Hace unos años me recomendaron un libro titulado The Gift of Adversity (“El Regalo de la Adversidad”) de Norman E. Rosenthal. Esta semana han comenzado los Juegos Parapanamericanos Lima 2019 y pienso en la gran fuerza de voluntad que tienen estos deportistas para enfrentar las adversidades que la vida les ha planteado. Pienso en su determinación para superar lo que, sin duda, debe haber sido un muy duro golpe a su autoestima. Sea que nacieran con alguna dificultad o que esta apareciera más adelante, vivir con una limitación física o mental supone esfuerzos emocionales especiales que quienes tenemos el privilegio de no padecerla no nos vemos obligados a realizar.

El nuestro es un país bendecido con inagotables fuentes de riqueza. Pero no las aprovechamos como deberíamos. Me imagino que la mayoría de gente que la conoce no se sorprende cuando vuelve a escuchar la afirmación de Antonio Raimondi, según la cual “el peruano es un mendigo sentado en un banco de oro”. Pero sí deberíamos sorprendernos, deberíamos indignarnos, prohibir la resignación, deberíamos transformar nuestra realidad. Especialmente, deberíamos actuar desde la honda comprensión de que los únicos responsables y encargados de transformar nuestra realidad somos nosotros mismos.

Cuando uno estudia las adversidades que han tenido que enfrentar otras sociedades, constata el progreso que alcanzan países que ni remotamente cuentan con los recursos naturales que nosotros tenemos, entiende cuán atrasados estamos. Quién sabe si la nuestra, más que política, es una crisis de autoestima, una crisis estructural que ya advertía Raimondi en el siglo XIX y que todavía nos somete al subdesarrollo.

En medio de esta crisis y a menos de 2 años de elegir a nuevas autoridades, espero que no nos dejemos embelesar por la grandilocuencia, espero que no dejemos que la fantasía del caudillo todopoderoso nos engañe nuevamente, porque ya sabemos bien que, tras lunas de miel muy breves, sistemáticamente nos conquista el despecho por quienes han debutado en sus cargos recientemente. Mandato tras mandato, ciclo electoral tras ciclo electoral, nuestro efímero entusiasmo se desvanece y terminamos repudiando a los líderes que, cuando candidatos, habíamos amado tanto.

Por el contrario, espero que el legado de esta crisis consista en que aprendamos a reconstruirnos como lo hizo Alemania tras 2 guerras mundiales el siglo pasado, que aprendamos de los atletas que compiten en estos Juegos Parapanamericanos y de los millones que enfrentan la adversidad en silencio y sin descanso. Cuánto quisiéramos, estoy seguro, salir de esta crisis mejor que como estábamos cuando entramos a ella, progresar como sociedad y como individuos.

La autoestima y el progreso se construyen. No llegan de repente, se trabajan a diario.