BartoloméRíos
Crecer con Eficiencia Por Bartolomé Ríos

Hace años vi una película alemana titulada Corre, Lola, Corre, que narra 3 historias diferentes que comienzan exactamente con la misma escena. Tras recibir una llamada telefónica, Lola sale corriendo de un departamento y baja las escaleras. Los desenlaces de las 3 historias son diferentes porque, en cada una, ocurre algo que hace que cambie el tiempo que le toma salir del edificio. Es cuestión de segundos, pero segundos que importan.

Este lunes, hemos sido testigos de lo que pasa en cuestión de segundos, de cómo pueden cambiar los finales dependiendo de si hay puertas que se abren o se cierran, discursos que se alargan o votaciones que se acortan. Hemos visto, perplejos, cómo se evidencia nuevamente la fragilidad de nuestras instituciones, cómo pende el futuro político de un hilo, cuánto depende del capricho de unos pocos.

Como si estuviese escribiendo el guión de una película, la que hemos visto este lunes, me pregunto qué habrán sentido y pensado 4 de sus protagonistas: Martín Vizcarra, Salvador del Solar, Mercedes Aráoz y Pedro Olaechea. Cada quien con su interpretación de los hechos, cada quien con su emocionalidad, con sus recursos y sus carencias. Me pregunto cuán ilustrativo puede ser este patético thriller de la vulnerabilidad que tiene nuestro país por carecer de instituciones sólidas, por perpetuar nuestra fantasiosa vocación por caudillos.

Necesitamos instituciones a gritos. Cuán distinto sería nuestro futuro si, en vez de depender de individualidades, reforzásemos el estado de derecho, respetásemos cabalmente nuestro “contrato social” en términos de lo planteado por Jean-Jacques Rousseau en el siglo XVIII (el sometimiento voluntario de las personas a normas que organizan la convivencia social). De los distintos regímenes gubernamentales que han existido en la historia –imperios, monarquías, dictaduras, democracias–, son estas últimas las que sin duda representan mejor a la ciudadanía. Sin embargo, el funcionamiento de la democracia peruana dista mucho de alcanzar un estado institucionalmente consolidado.

Aun cuando en una primera instancia las instituciones son construidas por individuos, en su estado maduro o consolidado trascienden a los individuos. No importa mucho quién encabeza una organización madura, mucho más relevante es la consistencia en su dirección y su gestión. Más importantes son las políticas de estado de un país con una democracia consolidada que sus políticas de gobierno.

Necesitamos mejores líderes, también a gritos. Combinada con la fragilidad de las instituciones, la precariedad de nuestras autoridades políticas, elegidas por nosotros mismos, nos deja a la deriva. A quiénes vamos a elegir, quiénes van a animarse a candidatear en los próximos procesos electorales.

Ojalá que logremos remover los escombros y reconstruir nuestras bases. Ojalá que tengamos la capacidad de entender que no podemos seguir así, fragmentados, con diálogos de sordos. Las sociedades fragmentadas, como la venezolana en las últimas décadas, no progresan.